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Así se convirtió Colombia en potencia suramericana del voleibol femenino

De la mano de técnicos brasileños, nuestras deportistas aprendieron a jugar para ganar y no solamente por participar. Mindeporte, el Comité Olímpico y la Federación les dieron las condiciones para preocuparse exclusivamente entrenar. Todavía falta mejorar a nivel interno, porque es necesario consolidar una liga profesional.

La selección femenina de voleibol de Colombia.
La selección femenina de voleibol de Colombia.Comité Olímpico Colombiano

Las luchas regionales, la falta de apoyo gubernamental y de la empresa privada, y la escasa preparación de los deportistas impidieron durante muchos años que el voleibol colombiano se desarrollara. A pesar de la buena condición física de nuestros jugadores, nunca se consiguió un resultado internacional de relevancia.

A nivel local los intentos por realizar una liga profesional fracasaron. Las Copas Royal y Bavaria fueron esfuerzos aislados que no se consolidaron por falta de patrocinios constantes y la Copa Especial, en Bogotá, fue un experimento positivo que duró hasta que el Distrito puso los recursos.

Así que para cualquier joven, hombre o mujer, amante del voleibol en Colombia a comienzos de este siglo, el único camino, además de representar a su departamento en los campeonatos nacionales de las diferentes categorías, era irse a jugar al exterior. Luis Eduardo Agudelo, Víctor ‘Yuto’ Díaz, Francisco Chois y  Jaime ‘El Negro’ Yepes, entre otros, fueron los entrenadores que, por amor al deporte, dedicaron sus vidas a la formación de jugadores.

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Sin saberlo, fueron ellos quienes sentaron las bases del éxito que hoy se comienza a saborear. Eran los días en los que Bogotá, Valle y Antioquia dominaban los torneos y eran mayoría en las selecciones, en las que lamentablemente prevalecían los intereses particulares y regionales sobre los del país.

Tampoco funcionó el experimento de traer técnicos cubanos, aunque se tenía conciencia de la necesidad de capacitar a los entrenadores criollos. Y fue así hasta hace casi una década, cuando Rafael Lloreda y Carlos Alberto Grisales le apostaron a un estratega brasileño para que iniciara un nuevo proyecto.

Se trataba de Mauro Marasciulo, quien había dirigido a las selecciones de su país y tenía experiencia en Juegos Olímpicos y Copas del Mundo. “Ahí empezó el cambio”, admite Rafael Lloreda, hoy presidente de la Confederación Sudamericana de Voleibol y vicepresidente de la Federación Mundial. “Se rompió con los esquemas regionales y se comenzó a trabajar en la mentalidad de los jugadores.

El primer gran resultado fue la clasificación de la selección femenina sub 20 al mundial de la categoría de 2013, en República Checa. En ese grupo, dirigido por el antioqueño Óscar Guevara, estaban jugadoras que hoy son la base del equipo mayor, como María Margarita Martínez, Camila Gómez, Yeisy Soto, Melissa Rangel y la capitana María Alejandra Marín.

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Marasciulo se fue dos años después y fue reemplazado por el argentino Eduardo Guillaume, quien había hecho un gran trabajo en la Liga de Bolívar. Y a finales de 2016 llegó otro brasileño, Antonio Rizola. Su contratación coincidió con el cambio de política en el Comité Olímpico Colombiano, que priorizaba a los deportes individuales por los de conjunto con la idea errada de optimizar los recursos.

Y Coldeportes, entonces dirigido por Clara Luz Roldán, también puso su grano de arena para financiar fogueos y preparación de selecciones de voleibol, baloncesto y rugby, entre otras. Mejoró entonces el apoyo a los deportistas desde las regiones y creció la motivación, así como los resultados.

“Convencimos a las jugadoras de que le podía ganar a cualquier equipo de la región. Y Colombia comenzó a jugar para ganar, no solamente por participar”, admite Rizola, quien destaca que desde entonces el equipo nacional se ha subido al podio en casi todos los eventos en los que ha participado.

“El plan era clasificar a los Juegos Olímpicos de París 2024, pero se adelantó por los buenos resultados y lo peleamos antes”, agrega el estratega nacional, cuyo equipo cayó el jueves ante Argentina, un plantel muy experimentado, el la final del pre olímpico que les dio el cupoa  las albicelestes a las justas de julio próximo en la capital de Japón.

Una de las claves para comenzar a pelear al más alto nivel ha sido darles a los equipos las facilidades para enfocarse exclusivamente en su trabajo. Los recursos no sobran, pero tampoco han faltado para brindarles las condiciones necesarias para prepararse bien. “El staff técnico cuenta con todas las garantías. Asesores, cuerpo médico, equipo multidisciplinario. Se traen a las jugadoras que están en el exterior (ocho, entre Estados Unidos y Europa) y se hacen mini concentraciones”, explica Lloreda, quien destaca que el promedio de edad del equipo, de 21,3 años, garantiza que hay futuro. "Llevamos mucho tiempo juntas y tenemos muy claro a qué jugamos, hemos logrado madurez y jerarquía", asegura sin modestia la capitana María Alejandra Marín.

Un proceso similar se ha realizado con la selección masculina, aunque todavía falta cambiarles la mentalidad a los jugadores. “Les falta creer más en sus capacidades, porque las condiciones físicas y técnicas las tienen”, explica Lloreda, quien acompañará al equipo al pre olímpico de Santiago de Chile, este fin de semana, ante el combinado local y los de Perú y Venezuela.

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Claro que no todo es color de rosa. Aunque las selecciones evidencien su progreso, a nivel local falta masificar el deporte y, además de darle la difusión que se merece, convertirlo en una verdadera opción de vida para sus practicantes. Existe la idea de hacer un torneo interclubes, inicialmente con cuatro participantes en cada rama, para tratar de hacer una liga profesional.  En el tema de escenarios se ha mejorado y casi todas las ciudades del país cuentan con coliseos adecuados así como implementación de primer nivel.

El pre olímpico que se realizó con éxito en el coliseo El Salitre, con las selecciones femeninas de Colombia, Argentina, Venezuela y Perú, fue una muestra de que en nuestro país el voleibol tiene una gran afición. En tres jornadas cerca de 20 mil personas llenaron las graderías. La figura del combinado tricolor, Amanda Coneo, es reconocida y admirada por grandes y chicos, algo sin precedentes en este deporte.

Más allá del resultado deportivo, quedó claro que el proceso al que se le apostó hace algunos años y que mantiene hoy el presidente de Fedevolei, César Eduardo Camargo,  ha dado frutos y ese modelo debería aplicarse en otras disciplinas. Eso sí, falta, por ejemplo, una liga profesional, como pidió María Alejandra Marín: "Estamos destrozadas, pero no vamos a bajar la cabeza, nuestro sueño olímpico continúa y vamos a ir a París 2014. Una liga seria y competitiva nos daría el fogueo que necesitamos para meternos definitivamente en la élite".

 

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Redacción deportes

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