Brayan Carreño, el joven que danza sobre ocho ruedas

Lleva en sus pies el “swing” de la salsa de Cali, la elegancia del vals, los pasos exactos del tango y la coordinación de un experto patinador. Este año se convirtió en un joven de oro que superó las caídas y conquistó el mundial de su deporte.

Brayan Carreño, patinador artístico colombiano.Nelson Sierra - El Espectador

Unos patines viejos y a punto de podrirse que estuvieron guardados por más de un año en un rincón del armario al que nadie accedía fueron las primeras zapatillas de baile de Brayan Carreño, el caleño de 17 años que se coronó campeón en la Copa Mundo de Patinaje Artístico.

Poco importó que no estuvieran en las mejores condiciones, él quería patinar.

Aprender a pararse, poder sostenerse, marchar, ir de una lado a otro en la pista sin caerse o temblar, y recorrerla en el menor tiempo posible, fueron las primeras pruebas a enfrentar. Una caída, moretones en las piernas, pararse, caerse, pararse de nuevo y coger ritmo. Unos movimientos especiales, con aires de salsa, la exactitud del tango y la elegancia del vals. Tres meses y ya estaba en un campeonato nacional. Ganó. “Fue como un flechazo al corazón”.

La salsa no hace parte del repertorio obligado de un patinador artístico, pero él la incluye en sus rutinas porque está en su sangre, en la cultura de su tierra y en el swing de sus pies desde que tenía cuatro años, cuando su mamá lo metió a clases para evitar que estuviera solo en la casa o exponiéndose en el barrio.

Su primera experiencia internacional fue un Mundial: España 2014. Tenía 13 años y competía contra patinadores de más de 18. Nadie sabía quién era Brayan Carreño y ese muchacho moreno, de estatura media, delgado y con cabello negro, obtuvo el sexto puesto. “No sentí presión en la competencia, porque no tenía ningún título que defender. Era sólo cuestión de patinar”. Ese día se cayó bailando vals. No, no la embarró, fue como despertar para comenzar a danzar como si hubiera preparado la misma rutina por años.

Puede pasar ocho horas al día sobre las ocho ruedas de sus patines y tiene poco tiempo para descansar. Practica cada modalidad –vals, tango y libre, en la que danza salsa, bachata o el ritmo que sus piernas le indiquen– durante al menos hora y media y vuelve a repetir al día siguiente en compañía de su entrenador, el argentino Enrique Damata. “El patinaje es un deporte demasiado exigente, hay que estar todo el tiempo sobre ruedas”.

Carreño y Damata empezaron a ser compañeros de marcha en el Valle del Cauca, en 2012, cuando Brayan tenía 10 años. Al año siguiente el entrenador fue delegado para dirigir el equipo nacional y pudieron continuar su proceso. Tenían una meta: que Brayan fuera campeón del mundo en 2018, pero se adelantó y el 4 de septiembre de este año subió al podio, venciendo a quien había obtenido el mejor lugar en 2016. “Es muy talentoso. Construimos una meta y una disciplina que él siempre tiene en su mente”, asegura Enrique Damata.

No fue fácil. La perseverancia ha sido su principal cualidad. Mientras se preparaba para una competencia, tenía que ir al colegio, hacer tareas, preparar exámenes y faltar tantas y tantas veces a clase por una concentración, un viaje o un campeonato. No pudo presentar las pruebas Icfes porque estaba compitiendo en China y, después de haber faltado por semanas a la escuela debido a un viaje, cuando regresó al país hubo un paro de maestros que hizo que el mes y medio que estuvo en Cali entrenando, su colegio no abriera. Después de mucho esfuerzo logró ser el campeón mundial de patinaje artístico en la modalidad de solo danza individual y graduarse del colegio en el mismo año.

Para Brayan Carreño quedan muchas marchas por emprender, danzas para explorar y jurados que impresionar con sus actuaciones sobre las ruedas de sus patines. Tiene 17 años e incontables pistas por conquistar.

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