Somos afortunados

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El mundo del deporte se rindió este domingo a los pies de Rafael Nadal. Conseguir su Roland Garros número trece en trece finales y empatar al mejor de todos los tiempos, Roger Federer, con veinte Grand Slams en su vitrina personal, es una barbaridad. Además, ganar la final casi caminando ante el número 1 de mundo, Nole Djokovic, lo hace más meritorio.

Tuve la fortuna de ver, en la medida de lo posible, por la poca televisión deportiva de la época, al sueco Björn Borg. El rey de la tierra batida o arcilla hasta la aparición del español. El escandinavo, que se retiró muy joven, a los 26 años, coronó seis abiertos franceses, menos de la mitad de los que ya alcanzó el mallorquín.

Estar por encima también de Rod Laver, Boris Becker, Stefan Edberg, Pete Sampras, Guillermo Vilas y muchos más en la historia de la superficie y a sus 34 años seguirles marcando diferencia a los Thiem, Tsitsipas, Kyrgios, Zverev y compañía, es admirable. Además, terminar número uno el año pasado, superar tantos inconvenientes físicos desde 2014 y mantenerse entre los mejores todavía es de un extraterrestre prácticamente.

Detrás de su destacada carrera está su tío Toni, que lo supo guiar desde sus inicios en las buenas y sobre todo en las malas. Carlos Moyá ha sido clave en los últimos años para mantener los objetivos claros. Un zurdo muy completo, que reposa su tenis en la rapidez y la potencia de sus golpes. Un saque eficiente y gran capacidad de lucha. Rafa no se rinde en los partidos jamás, batalla hasta el final. Es el más dedicado entrenándose y, para acabar de sumarle cualidades, su personalidad sencilla, solidaria y respetuosa lo hace mucho más valioso.

Debutó en el circuito profesional a los quince años, ganándole al paraguayo Ramón Delgado, diez años mayor que él, y un año después se convirtió en el jugador más joven en llegar al top 100 después de Michael Chang. Ha logrado títulos en todos los terrenos y latitudes, tiene los trofeos de los cuatro grandes torneos, cinco ensaladeras de plata, medalla de oro olímpica y 35 Masters 1.000. Un verdadero monstruo del deporte blanco.

¡Qué privilegio ser espectadores de la carrera del español y de sus enfrentamientos con el suizo y el serbio! Hay 57 Grand Slams entre las tres leyendas. Y los que faltan. Va a ser difícil, por la edad, que Roger sume algunos más, pero será cuestión estadística únicamente. Lo que nos han regalado estos tres titanes en dos décadas es una absoluta locura. Después de ver un Borg-McEnroe, o un Agassi-Sampras, hemos tenido el placer de ver innumerables duelos entre los tres mosqueteros con pronóstico reservado casi siempre y espectáculo garantizado. Gracias a ellos y a la gran difusión de esta hermosa disciplina, cada día hay más niños que quieren llegar a ser como sus ídolos.

El pasado 11 de octubre pasará a la historia como un día muy especial para el deporte mundial, con los 91 grandes premios de Lewis Hamilton igualando a Michael Schumacher, el título de la NBA de los Lakers de Lebron James y el show de Rafa en el patio de su casa parisina. Somos afortunados.

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