El "idilio olímpico" de las dos Coreas no contenta a muchos en el Sur

Mientras que el mundo celebra que Seúl y Pyongyang hayan dejado atrás un periodo de tensión que alcanzó niveles históricos en 2017, más de 30.000 surcoreanos han firmado ya una petición pública en internet pidiendo al presidente surcoreano, Moon Jae-in, que cancele la formación del equipo conjunto de hockey femenino.

Corea del Sur se prepara para los Juegos Olímpicos de Invierno. EFE

El histórico anuncio de que las dos Coreas desfilarán juntas y compartirán un equipo en los Juegos Olímpicos de PyeongChang no ha contentado a muchos en el Sur, donde se critica que los acuerdos promocionan al régimen o son injustos para los atletas locales.

Mientras que el mundo celebra que Seúl y Pyongyang hayan dejado atrás un periodo de tensión que alcanzó niveles históricos en 2017, más de 30.000 surcoreanos han firmado ya una petición pública en internet pidiendo al presidente surcoreano, Moon Jae-in, que cancele la formación del equipo conjunto de hockey femenino.

Una encuesta presentada hoy por la empresa Realmeter muestra además que solo uno de cada cuatro surcoreanos apoyan el uso de la "bandera unificada" en la apertura de PyeongChang, subrayando o bien la indiferencia o la contrariedad de muchos con respecto al anuncio.

"No me sorprende lo más mínimo la falta de apoyo", cuenta a Efe Shim Jae-hoon, experto en Corea del Norte y relaciones intercoreanas.

"Aparte de la brecha entre liberales y conservadores (contrarios al acercamiento con Pyongyang) está la brecha generacional, ya que los más jóvenes no apoyan ya la idea de la unificación, como muestran distintos estudios en los últimos años", añade.

Tras un 2017 cuajado de pruebas de armas norcoreanas, cruces de amenazas entre el régimen norcoreano y Donald Trump y sanciones promovidas por Seúl y la comunidad internacional contra Pyongyang, el jueves ambos vecinos, técnicamente aún en guerra, dieron un importante paso destinado a impulsar la reconciliación.

Corea del Norte y del Sur convinieron desfilar unidas bajo la misma bandera en la inauguración de los Juegos de Invierno que acoge a partir del 9 de febrero el condado surcoreano de PyeongChang.

Acordaron también añadir jugadoras norcoreanas al equipo de hockey femenino sobre hielo del Sur para presentar a la cita una escuadra unificada, en lo que supondrá la primera vez que los dos países compiten juntos en un evento deportivo desde 1991.

Estos simbólicos gestos de hermanamiento, impensables hasta hace unos meses, no parecen haber levantado las pasiones que muchos esperarían en la franja meridional de la península.

A nivel deportivo, la seleccionadora del equipo de hockey de Corea del Sur, la canadiense Sarah Murray, dice estar "estupefacta".

Murray ha asegurado que nadie en la federación o el Ministerio de Deportes le avisó de una decisión que afecta enormemente a sus jugadoras a apenas 20 días de que arranque la competición.

Otro acuerdo que no ha sentado bien en el Sur es la del envío de esquiadores surcoreanos a la estación norcoreana de Masikryong para que entrenen, al considerar que promociona un proyecto abanderado personalmente por el líder Kim Jong-un que el régimen emplea como reclamo turístico.

Aunque sea con la idea de favorecer el acercamiento y la paz en la península, "la iniciativa de Masikryong se antoja difícilmente comprensible", opina Shim, que cree que "el Gobierno de Moon se ha tirado por la borda a la hora de tratar de complacer en muchos aspectos a Corea del Norte" para que participe en PyeongChang.

En este sentido, Kim Jung-ah, una comercial de 37 años de Seúl, considera que la participación de las animadoras norcoreanas, famosas por su belleza, supondrá "una limpieza de imagen mediática" para el régimen norcoreano.

Como han señalado otras voces críticas, con ello se publicita un perfil alejado del espíritu castrense, el culto a los Kim o la violación de derechos humanos que lo caracterizan.

Aparte del escepticismo político, desde el principio los Juegos de Invierno no consiguieron atraer a mucho público local -en torno al 40 % de las localidades están sin vender.

En Corea del Sur, muchos ven este evento deportivo como un negocio especulativo para el que se ha destinado mucho dinero público.

Un gasto que aumentará de un modo u otro con el envío a los Juegos de una delegación norcoreana compuesta por cientos de personas, entre deportistas, artistas, funcionarios o animadoras.

"El Norte ha dicho que van a mandar 230 animadoras. ¡230! Es lógico que la gente se pregunte de dónde va a salir el dinero para alojarlas, alimentarlas o garantizar su seguridad", dice Shim.