En la mente de la bolichera Rocío Restrepo

A sus 29 años, esta bogotana vive el mejor momento de su carrera, la que ha estado llena de altibajos. Ahora su gran objetivo es el título mundial.

Rocío Restrepo es, junto a Clara Juliana Guerrero, una de las mejores bolicheras de Colombia. / Gustavo Torrijos - El Espectador

¿Seguir con el sueño de vivir del bolo o ejercer el periodismo, la carrera que estudió? Esa era la disyuntiva que tenía Rocío Restrepo. Se acababa de casar en Estados Unidos, en donde estaba radicada, no había un circuito profesional femenino de bolo y debía encontrar la manera de aportar en su nuevo hogar. Pero contó con el apoyo de su esposo, quien la convenció de seguir con el sueño de ser una de las mejores bolicheras del mundo. “Fue justamente él quien llegó con la buena noticia de que iban a reabrir el Tour femenino”, recuerda. Se metieron a internet, verificaron que eso fuera cierto y a los pocos días ya tenían el calendario de la temporada. Comenzó una nueva ilusión.

Su primera gran motivación había sido casi 12 años atrás, cuando participó en el selectivo para el equipo de Colombia. Eso fue en 2002, y ganó el cupo para ir al Mundial Juvenil en Tailandia. Al país asiático viajó con su mamá, Leticia María Lugo, aunque no había presupuesto para el viaje. “Nos pidieron a los padres de familia que costeáramos esa ida a Tailandia y que después posiblemente nos devolverían un 10 % de la inversión. Si no, que le canjeaban el viaje por un curso en Estados Unidos. Dije que así tuviera que sacrificar mis cesantías lo hacía”, cuenta Hernando, quien se arriesgó por el futuro de su hija. Incluso el panorama no fue muy claro en ese momento, pues a Rocío no le fue muy bien en ese Mundial, pero la experiencia fue fundamental para el futuro.

En 2003 sería el Mundial de mayores y, a pesar de su juventud, Rocío se ganó un cupo en el equipo. Aunque nadie daba un peso por ella, se colgó una medalla de plata, convirtiéndose en la bolichera más joven en la historia de este deporte en ganar una presea en la categoría de mayores. Casualmente, antes de esa competencia, el entrenador nacional le dijo que estuviera tranquila, que ella iba sólo a aprender. Sin embargo, su madre esperó a que el DT diera el mensaje y llamó a Rocío para decirle: “Tú aquí no vienes a aprender, vienes a ganar”. Con entusiasmo, la bogotana entró a la pista y con un marcador impecable quedó en el segundo lugar, sólo superado por la inglesa Sarah Glover. Ese, su primer gran éxito.

Su carrera en el bolo nacional fue creciendo rápidamente. Consiguió varios títulos en Colombia y llegó a un punto en el que ser parte de la selección del país era algo casual. Pero una derrota fue el punto de partida para que Rocío comenzara a vivir de una manera diferente su profesión. “Había seguido compitiendo, pero me preguntaba: ¿hasta qué punto puedo seguir viviendo del deporte?”, recuerda.

Empezó el Tour Femenino en 2015. Ese año se perdió varias paradas por estar con la selección colombiana. Sin embargo, tuvo un buen rendimiento y quedó en el Top 5. Estuvo tan cerca de la gloria, que decidió cambiar su rutina, su manera de entrenar y de prepararse mentalmente para la competencia. “Eso me dio fuerzas para seguir, aprender mis falencias y ver qué podía aportarme a mí y a la selección de Colombia. Esa derrota me ayudó a crecer no sólo como deportista, sino como persona. Empecé a trabajar mucho más fuerte de lo que lo hacía”.

El estado de Ohio, en Louisville, fue su centro de operaciones. Allí vivía con su esposo, quien siempre estuvo al tanto de su desarrollo como bolichera. Comenzó la nueva temporada y en el primer TV Show (torneo televisado) ganó. Luego, en Queens, hizo una línea perfecta (300). En Detroit necesitaba clasificar primera o segunda, y terminó ganando. Sería su mejor temporada.

Pero de estar en su pico más alto, se le olvidó de un momento a otro lanzar la bola. Se enfocó en un trabajo psicológico y a los pocos meses fue al Mundial de Catar junto a Clara Juliana Guerrero, en el que terminaron en un excelente tercer lugar. Ese año fue a los Juegos Mundiales en Polonia y jugó una de las mejores rondas de su vida. Luego volvió a quedar campeona nacional por sexta vez en 12 años. “Ha sido una etapa de maduración, de aprender a manejar la ansiedad, el dolor. Manejar la dieta, los descansos. Todos estos pequeños obstáculos que se presentaron en mi carrera me ayudaron a aprender. Ya lo superé, hay que seguir adelante. En este deporte hay muchos altibajos, pero siento tranquilidad porque todo lo que me propuse conseguir lo he hecho. Siempre he dicho que quiero ser de las mejores del mundo, la mejor, pero hay tiempo para todo”. A finales de este año irá por el título en el Mundial de Bolo, que será en Las Vegas, Estados Unidos.