Gafur Rakhimov, el hombre por el que el boxeo puede ser excluido de Tokio 2020

El uzbeko de 67 años, quien fue elegido como presidente de la AIBA, es acusado por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos de aportar respaldo material a la mafia.

Gafur Rakhimov, presidente de la AIBA. AFP

Los ojos del Comité Olímpico Internacional (COI) están puestos en la Federación Internacional de Boxeo (AIBA) por la elección como presidente del uzbeko Gafur Rakhimov. El empresario de 67 años, quien llegó a comienzos de año como presidente interino de la federación, no sólo es conocido en el ámbito deportivo: el Departamento del Tesoro estadounidense le acusa de "aportar respaldo material a los ladrones en la ley", término utilizado para designar a la mafia resultante tras la desintegración de la Unión Soviética.

Rakhimov siempre ha estado ligado al boxeo. Es un deporte en el cual se refugió: comenzó como pugilista amateur con tan solo ocho años. Fueron sus primeros pinos dentro de un cuadrilatero, pero sus ganchos, sus jabs nunca vieron la luz internacionalmente. A los 17 años se enlistó en el ejército de la Unión Soviética y posteriormente comenzó sus estudios en el Instituto Económico de Leningrado. Sus pasos lo iban alejando de la actividad que siempre le quitó el sueño: el boxeo. No obstante, cuando entró a trabajar en el Ministerio de Comercio de Uzbekistán paralelamente se convirtió en entrenador.

Los momentos libres que tenía los ocupó en la Asociación Central de Deportes 'Dinamo', entrenando a los jóvenes que llegaban allí. Con el paso del tiempo, en 1993, se convirtió en vicepresidente de la Federación Uzbeka de Boxeo, cargo en el que duró cinco años. Posteriormente, ocupó el mismo puesto, entre 2001 y 2012, en el Comité Olímpico Uzbeko. En ambos casos, este hombre era considerado como el auténtico patrón en la sombra de ambos organismos. También se convirtió en vicepresidente ejecutivo de la AIBA, en 2006, y un años después fue presidente de Asociación de Boxeo de Asia y desde 2010 vicepresidente de la AIBA, organización a la que llegó a la presidencia a comienzos del año. (Lea también: El boxeo emprende su revolución para estar en Tokio 2020)

Sin embargo, el Departamento de Tesoro de Estados Unidos a finales de 2017 sacó un comunicado en el que sobresalió su nombre. "Gafur Rakhimov es descrito como un hombre que pasó de la extorsión y del robo de coches a ser uno de los criminales más importantes de Uzbekistán y un importante actor en el tráfico de heroína". Acusación que el uzbeko niega rotundamente. "Nunca he estado implicado en organizaciones criminales internacionales. Todas las acusaciones fueron fabricadas por el anterior régimen de mi país, Uzbekistán", se defendió el empresario. 

Rakhimov explicó que las presiones sobre su familia por parte del régimen de su país, liderado por Islam Karimov, le habían llevado a abandonar Uzbekistán en 2010, después de que las autoridades le incautaran una de sus empresas. Tras la muerte de Karimov, en 2016, el que fuera su primer ministro Chavkat Mirzioiev llegó al frente del país y el nombre de Rakhimov apareció brevemente en la lista de personas buscadas que publica el Ministerio del Interior de Uzbekistán. Según esa ficha, se le buscaba por "blanqueo de dinero" y "fraude a gran escala".

Pero esa nota desapareció y, en julio, pudo viajar por primera vez en ocho años a su país natal, donde visitó la sede del Comité Olímpico de Uzbekistán. Según el ahora presidente de la AIBA, los cargos que pesaban sobre él fueron levantados. Las explicaciones de Rakhimov no convencieron al COI: después de su elección como presidente interino, la instancia internacional decidió congelar las relaciones con la AIBA y cortar las ayudas financieras. A la vez, puso sobre la mesa una amenaza de hondo calado: si Rakhimov era elegido presidente de manera definitiva, el boxeo podría ser excluido de los Juegos Olímpicos de Tokio-2020.

La llegada al frente de la AIBA de Rakhimov fue posible por los graves problemas de gobernanza que asolaban la organización desde hacía tiempo. En noviembre de 2017, el taiwanés Wu Ching-kuo se vio obligado a dimitir tras haber sido suspendido por su propia federación, acusado de mala gestión financiera. Según el uzbeko, son "40 millones de dólares en deudas" los que fueron descubiertos cuando él llegó al frente de la AIBA, en enero. Unas deudas que él ha conseguido rebajar en parte gracias a nuevos contratos de patrocinio, según explicó en la apertura del congreso de Moscú.

Las pérdidas en 2018, según el informe financiero, se elevan a 19 millones de dólares (16,5 millones de euros) y por lo tanto parece complicado que haya futuro sin la ayuda económica del COI. Pero con la elección de Rakhimov, no parece fácil que las aguas vuelvan a su cauce.

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Redacción Deportes y AFP

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