Los desvelos de Diego Amaya

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El insomnio se apodera de él y decide aprovecharlo para visualizar victorias. La más importante la alcanzó en enero de este año, cuando se convirtió en el primer colombiano en ganar una medalla olímpica en patinaje.

Hay personas cuyo insomnio es producto de los anhelos, de los sueños y de las aspiraciones. De la búsqueda de la gloria. Sus ojos no se cierran por estar pensando en cómo alcanzar las metas que los harán protagonistas de la historia deportiva. Es el caso de Diego Amaya, el primer colombiano en colgarse una medalla olímpica en patinaje, en enero de este año, en la prueba Mass Star de los Juegos Olímpicos de Invierno de la Juventud, en Lausana, Suiza.

(Cochise Rodríguez: 50 años después de una gesta memorable)

“Lo conocí apenas esta semana, hemos compartido habitación. Es un ganador de aquí a la Luna. Cuando quedó cuarto en los 500 y en los 1.500 metros estaba muy decepcionado, no pudo dormir, aunque todos los del equipo estábamos contentos. Es un pelado combativo, que no se asusta. Creció en Colombia en las pruebas sobre ruedas, en las que la mayoría son grupales, así que tiene experiencia y se sabe mover con rivales a los lados, tiene mucha cancha”, contó, en referencia de Amaya y su gesta, Sebastián Uprimny, el esquiador colombiano que participó en los Olímpicos de Invierno en Pyeongchang, Corea del Sur, el año pasado.

Amaya, quien con apenas 16 años dejó su huella en el deporte colombiano, comenzó sus desvelos con deseos de victoria en Bogotá, donde empezó a practicar patinaje sobre ruedas con cuatro años de edad. Vivía con sus padres y su hermano Camilo en unos edificios cercanos al parque El Salitre, en donde adquirió el hábito de entrenar a diario en el club Élite. La disciplina siempre fue su amiga.

Gracias a su entrega, Diego comenzó pronto a competir en los eventos de la Liga de Bogotá y luego en los campeonatos nacionales. Creció viendo los triunfos de la selección de Colombia en los Mundiales, de la mano de Pedro Causil, Yercy Puello, Cecilia Baena, Andrés Felipe Muñoz, Elías del Valle y compañía. Y él quería tejer su propio camino de gloria.

El destino le ayudó, pues todo cambió cuando su hermano se fue a vivir a Estados Unidos. “Camilo se fue a estudiar allá y la separación de ellos fue muy dura. Entonces le empezó a insistir a Diego para que se fuera también y probara el patinaje sobre hielo. Él se puso a mirar videos y competencias, se entusiasmó y me dijo que nos fuéramos, que quería intentarlo”, manifestó Betty Martínez, la orgullosa madre de Amaya, quien nació el 3 de junio de 2003 en la capital de la República.

“En esa época no sabíamos ni de los Olímpicos de la Juventud. Por ahí habíamos escuchado algo de la intención de Pedro Causil de participar en los Olímpicos de Invierno, pero Diego aún estaba lejos de esos planes”, agregó la madre que acompañó a su hijo en la prueba que se llevó a cabo en la pista St. Moritz.

El patinador colombiano y su hermano se adaptaron rápidamente a las pistas de hielo. Empezaron a obtener buenos resultados y no pasaron inadvertidos para el Comité Olímpico Colombiano y la Federación de Patinaje, que empezaron a acompañarlos en su proceso deportivo. Desde hace tres años, el protagonista de esta historia entrena en el Óvalo Olímpico de Salt Lake City, en Utah.

“Por fortuna el proyecto ‘del trópico al hielo’ ya no es un sueño, sino una realidad”, explicó Alberto Herrera, expresidente de Fedepatín y uno de los principales gestores del equipo colombiano de esa especialidad, por el que han pasado, entre otros, Mario Valencia, Causil, Nicolás Laborde, Valentina Espinosa, Laura Gómez, Paola Segura, Johana Viveros, Camila Guerra, Daniel Zapata, Andrés Campo y Andrés Felipe Muñoz.

La mamá del subcampeón olímpico también afirmó que “gracias a los buenos resultados de Diego lo apoyaron para ir a los eventos clasificatorios y prepararse muy bien para estos Juegos”. Que ganara una medalla, sin embargo, no era una certeza. No obstante, tampoco una sorpresa, porque desde siempre ha tenido la mentalidad de campeón y sus insomnios le ayudan a visualizar sus éxitos.

Esa, precisamente, fue la clave para ganar la medalla de plata en Lausana. “La prueba eran 10 vueltas. Pude regular fuerzas y mantenerme adelante en el final. Me había desgastado, pero tenía mucha motivación para darle un podio a Colombia”, aseguró Diego, cuya gran meta ahora serán los Olímpicos de Invierno en Pekín 2022. “Creo que puedo mejorar mucho. Esta experiencia me ayudará a crecer. En el patinaje sobre el hielo la técnica es fundamental y es un aspecto en el que voy a trabajar”.

El logro de Amaya avala los procesos que se realicen en los deportes de invierno que se practican en el país, porque confirma que hay talento y condiciones para potenciar con miras a otras medallas. Como en las demás disciplinas, no es suficiente el dinero con el que se trabaja y es fundamental el apoyo de la empresa privada, pero también como en otras actividades los deportistas colombianos demuestran que sus deseos de éxito y su talento pueden vencer a las constantes dificultades.

Para Diego, la disciplina que practica tiene muchos conceptos y detalles que la hacen interesante. Admite que no termina de aprender y que no se arrepiente de haber sacrificado su crecimiento en su país natal. Le costó adaptarse al sabor de la comida en Estados Unidos, dejar a sus amigos y alejarse de personas importantes en su existencia. Ha valido la pena y ahora va por más triunfos para dedicarles.

“A mí me gusta decir que el patinaje de velocidad es como el patinaje artístico, solo que su juez es el tiempo. Entre más eficiente y bonito patine usted en el hielo, más rápido va a ir. Entonces tiene que ser todo muy perfecto en el hielo”. En búsqueda de esa perfección ganó una medalla que lo tienen como un candidato al premio del Deportista del Año de El Espectador y Movistar 2020 en la categoría juvenil, que se entregará el viernes 7 de diciembre en una ceremonia virtual.

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