Jossimar Calvo, el valor de las buenas decisiones

En 2018 perdió a su madre, su pilar, su soporte, pero la vida le dio la oportunidad de ser padre y disfrutar del amor de la pequeña Valeria.

Jossimar Calvo, gimnasta colombiano campeón en los Juegos Sudamericanos y los Centroamericanos y del Caribe. Nelson Sierra

El nombre de Jossimar Calvo ha quedado grabado en la memoria de los colombianos como el del mejor de nuestros gimnastas en todos los tiempos. En la mía está grabado como el más tenaz que ha visto este país.

El cucuteño tuvo un 2018 épico, lleno de triunfos personales y profesionales, pero también sufrió uno de los golpes más duros de su vida: la muerte de su madre, su pilar, su apoyo y motivación para llegar a ser el deportista de alto rendimiento que ha dejado nuestra bandera en alto. Sin embargo, cerró su capítulo como hijo para empezar a escribir el libro de su vida como padre de familia.

Por mi parte, mi primer acercamiento con la gimnasia fue en la casa de mi abuelo materno, quien al verme tan inquieta e hiperactiva jugaba conmigo a recordar sus épocas de gimnasta. Me enseñaba a sostenerme en pie sobre sus rodillas usando solo mi equilibrio, sobre sus manos estiradas como si quisiera que tocara el cielo. Me decía que eso hacían las porristas en torneos. Otras veces sobre las plantas de sus pies, hasta que la risa era tal, que debía atraparme en el aire. De niña temía más a sus cosquillas como “castigo” por fallar que a un golpe contra el piso. En fin, la gimnasia ha sido un deporte que siempre he considerado asombroso.

Recuerdo cuando veía las fotos de mi abuelo en competencias, otras con medallas y me preguntaba qué se necesitaba para lograrlo.

En cambio, para Cauchito, como le decía su madre a Jossimar, solo le hizo falta tomar la decisión de darle otro rumbo a su vida. Desde niño quiso ser gimnasta. Se propuso ser el mejor y no dejar de intentarlo hasta conseguirlo. Ahora decidió ser padre joven, algo digno de destacar en un país en el que priman las familias monoparentales, él y su esposa planearon a su hija Valeria, quien se les adelantó y resultó ser una bendición, como dice él, “un plan de Dios perfecto”.

Ahora no es solo un deportista que lucha por ser el mejor del mundo, sino también un padre y esposo que en ese rol también quiere ser el mejor. “Todo empezó cuando tomé la decisión de tener una vida en pareja, compartir mi vida con Gina, y a mis 24 años ser papá era parte de mis planes por muchas razones: primera, porque quiero que la niña crezca y me vea compitiendo, sepa lo que hace su padre, y quiero estar vivo para acompañarla durante su desarrollo como persona, pasar el mayor tiempo posible con ella”, asegura.

Para él ser papá es una experiencia maravillosa que le ha permitido vivir, pensar y sentir diferente. “Ella llegó y eso me ayudó a soportar la pérdida de mi madre. Se fue una vida y llegó la de mi hija”.

Ahora su anhelo no es solo destacarse en su disciplina sino también que Valeria sepa lo que hace y se sienta orgullosa de ser su hija. Su familia es ahora un complemento fundamental, es su apoyo, su fuerza y el amor que necesita para cumplir con todos sus propósitos.

Esposa e hija, las mujeres de su vida, han comprendido y resistido su ausencia debido a los compromisos que le exige el deporte. Esto le ha impedido a Jossimar celebrar algunos meses del nacimiento de su bebé. Sin duda ha lamentado el poco tiempo que ha tenido para compartir con sus seres más queridos, aunque ha disfrutado cada día desde el 10 de septiembre de 2017 (fecha en la que supo que sería padre). Recuerda esa fecha tanto como la primera vez que vio la sonrisa de Valeria.

Siente el tiempo como un castigo, pues todo ha pasado demasiado rápido. Para él los momentos junto a sus amores no han sido suficientes. Tal vez nunca lo serán.

Deportivamente Jossimar Calvo ha tenido que reinventarse continuamente. “La gimnasia es un deporte de mucho trabajo, muy cambiante. En mi caso siento que estoy en un buen momento. Sé que puedo mejorar, tengo las condiciones, el talento y la salud, que es lo más importante para seguir trabajando fuerte. Me siento orgulloso y feliz de lo que hago, quiero llenar de esa felicidad y orgullo a mi país, a mi región. Voy a seguir trabajando fuerte hasta conseguir llegar al podio mundial u olímpico”.

En cuanto a su futuro, se ve compitiendo, seguirá esforzándose y trabajando para ser el mejor hasta conseguirlo, sin importar el tiempo que eso le implique. Espera que su hija lo pueda ver en acción. En definitiva, conocer la vida de Jossimar me ha dejado claro que lo único que se necesita para ser gimnasta, o cualquier otra cosa en la vida, es decisión.

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Liliana Gómez Montoya - @lilianagomon

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