Jossimar Calvo está como entrenador en los Juegos Nacionales

El gimnasta cucuteño no tuvo el aval médico para participar en las justas en el departamento de Bolívar, pero viajó con la delegación de Norte de Santander haciendo las veces de técnico de un equipo que ha cautivado por su buen nivel. Espera recuperarse para clasificar a Tokio 2020.

Jossimar Calvo es el entrenador del equipo de gimnasia de su departamento en las justas de Bolívar 2019. / Cortesía

Una mujer no muy alta y de piel morena apunta con su dedo índice hacia el caballete del coliseo de Combate y Gimnasia de Cartagena. Lo que le llama la atención, o más bien quien llama su atención, es un hombre pequeño, con un mechón dorado, que lleva unos audífonos de balaca y tararea la música que está escuchando. Lo curioso es que el deportista solo realiza estiramientos, habla con sus compañeros y antes de la competencia se ubica a un lado del escenario. La mujer, que quiere salir de la duda, se acerca hasta donde más puede y susurrando, después gritando, arroja una frase que alerta a los integrantes de otras delegaciones: “Jossimar, mi hija y yo vinimos a alentarte”. El cucuteño esboza una sonrisa tímida y por cortesía se aproxima para tomarse una foto sin que se la hayan pedido.

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El mejor gimnasta de los últimos años en nuestro país se emociona con la forma en que la mujer lo mira y el momento muta en un abrazo. La aficionada, que también pide un autógrafo, hace una pregunta clave: “¿Por qué no estás compitiendo?”. Jossimar inclina el rostro, quizá por pudor, y luego de unos segundos responde: “Lo intenté, pero no estoy a punto”. El diálogo termina con un “recupérate pronto”, un beso que la mujer no puede contener, que no quiere contener, y con el guiño de Calvo a la pequeña.

El gimnasta de 25 años fue operado del hombro izquierdo hace nueve meses y aunque la movilidad volvió por completo, el esfuerzo de la alta competencia puede ser una carga que su articulación todavía no está lista para soportar.

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El Espectador habló con él sobre el papel que cumple en esta edición de los Juegos Nacionales, certamen en el que es entrenador del equipo de Norte de Santander. Su tarea es guiar, motivar, algunas veces corregir, a quienes empezaron con la gimnasia simplemente por emular su camino, por querer ser como él.

¿Cuándo supo que no podía estar en los Juegos del Bicentenario?

Todos estos días entrené a doble jornada, como los demás, pero al final el médico de la delegación me dijo que era mejor cuidarse para lo que viene más adelante.

¿La clasificación a Tokio 2020?

Es una de las razones; la principal, quizá. El otro año tengo seis meses para ganarme un cupo en los Olímpicos y no sería responsable de mi parte competir en los Juegos Nacionales si mi cuerpo no está a tope. El compromiso con mi departamento es enorme, siempre lo ha sido, y por eso preferí apoyar desde otro flanco.

¿Exactamente cuál es su función?

Ayudar a diseñar rutinas para los diferentes aparatos, estar pendiente de si alguno de los muchachos necesita algo, pero, sobre todo, mantener el ánimo lo más alto posible. Y hacerles entender que la planificación y la preparación son vitales para que una rutina salga bien.

¿Qué les dice cuando eso no sucede?

Nada. Se aplaude, incluso más que cuando las cosas salen bien. Porque caerse en la gimnasia está permitido y la obligación es levantarse más fuerte. Hay que motivar y hacerles entender a los deportistas que la parte mental es casi tan fuerte como la física. Y que la cabeza es un músculo muy importante.

Habla con mucha serenidad, casi siempre se le ve muy calmado. ¿Qué le saca el mal genio?

No soy irascible y tampoco me estreso fácilmente. De pronto por eso es que doy la sensación de ser calmado. Pero eso no quiere decir que no tenga carácter, solo que las personas expresamos el temple de maneras diferentes.

¿Hay nostalgia por no poder representar a Norte de Santander? Lo digo porque usted siempre repite que competir por su departamento es muy valioso.

Ahora estoy en otra faceta que no me disgusta, pero dan ganas de subir y ayudar al equipo a sumar medallas de oro. Sin embargo, hay que hacer caso y por ahora lo que está en la mira es Tokio 2020.

¿Qué balance hace del nivel que ha visto en lo que va del campeonato?

Parejo. Hay departamentos que han evolucionado mucho, otros que siguen siendo potencia, como Antioquia y nosotros, Norte de Santander, con gimnastas muy talentosos que apenas están viviendo sus primeros Nacionales. Es un sendero largo y espero estar cerca para ayudarlos.

¿Cómo le ha ido como papá?

Muy bien. La gente habla de las trasnochadas y de tantas cosas de la paternidad que pueden sonar fastidiosas, pero lo he disfrutado. Y mucho. Incluso, con mi esposa hemos procurado que mi niña sea muy independiente. Ya tiene 18 meses y duerme en su cuarto, y no se despierta en la noche.

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Camilo Amaya - @CamiloGAmaya

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