Larisa Latýnina, la mujer más laureada de los Olímpicos

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A pesar de vivir una infancia en plena Segunda Guerra Mundial, la exatleta encontró en el “ballet” y la gimnasia la mejor manera de olvidar.

En 1978, en medio de la preparación de los Juegos Olímpicos de 1980 en Moscú (Rusia), la exgimnasta artística Larisa Latýnina recibió un correo con un artículo de un periódico de la antigua Checoslovaquia, en el que se mostraba una lista con los atletas más laureados en la historia de las justas de la era moderna (desde 1896). Ella la encabezaba. Durante casi medio siglo sostuvo ese récord de 18 medallas: nueve de oro, cinco de plata y cuatro de bronce, hasta que un tal Michael Phelps la destronó de ese gran honor en Londres 2012. Esta es la historia de una de las gimnastas más importantes de la historia: Larisa Latýnina.

Nació el 27 de diciembre de 1934 en Jersón, Ucrania (antigua Unión Soviética). En su infancia tuvo que vivir la Segunda Guerra Mundial en carne y hueso. “Recuerdo los sótanos a los que teníamos que ir corriendo a escondernos cuando había bombardeos”, rememoró la exgimnasta. Su madre la envió a un pueblo lejos de su ciudad natal con algunos familiares. “Ojalá nadie de esa edad ni de ninguna otra tenga que pasar por esos momentos tan horribles”. A pesar del conflicto que vivía el mundo entero, Larisa encontró la manera de aislarse un poco de la realidad. Desde muy pequeña entró a una academia de ballet en la que empezó a demostrar su elasticidad y su gran pasión para el baile. Luego de la guerra, la escuela había cerrado y tuvo la fortuna de descubrir la gimnasia artística. A los 12 años comenzó su trayectoria en este deporte y se dio cuenta que tenía talento y muchas  ganas de competir. Latýnina siempre quiso ser la primera en todo. Tal y como ha contado, ella intentaba correr más rápido que los niños en las calles, ser la mejor en el salón de clase y entrenar más fuerte que cualquiera.

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En 1954 disputó su primer Campeonato Mundial de Gimnasia y obtuvo la medalla de oro por equipos en representación de la Unión Soviética. Con un gran carisma, una sonrisa coqueta y el talento de los grandes atletas, empezó a abrir su camino hacía lo más alto del deporte mundial. Ya en 1956 estuvo presente en sus primeros Juegos Olímpicos, en Melbourne, Australia. Con 21 años fue una de las grandes revelaciones de la competencia al conseguir tres preseas doradas (en las modalidades de equipos, individual, suelo y caballo), una de plata (barras asimétricas) y una de bronce (aparatos por equipos).

A los Juegos de Roma 1960, Latýnina llegó sin la preparación esperada, pues unos  meses antes de que comenzara la competencia había dado a luz a su segundo hijo. Su talento y capacidad en la pista, en las diferentes disciplinas, eran tan abismales que volvió a subirse en el podio en seis ocasiones. Consiguió cuatro medallas doradas, dos de plata y una de bronce. Para 1964, en Tokio, empezaron las dudas. Fueron las terceras justas de Larisa, que con 31 años ya no estaba entre las favoritas. Poco le importó eso para que otras seis medallas lucieran en su pecho (dos de oro, dos de plata y dos de bronce). Dos años después, en 1966, Latýnina disputó su última competencia en el Campeonato Mundial de Gimnasia celebrado en Dortmund, Alemania. Tras su retiro, se convirtió en la entrenadora de gimnasia artística de la Unión Soviética y en ese cargo logró que su país obtuviera otras 10 preseas doradas. Fue parte del comité organizador de los Juegos Olímpicos de Moscú 1980 y fue reconocida en 1989 con la Orden Olímpica por su gran carrera en los Juegos. También ingresó al Salón de la Fama de la Gimnasia Internacional en 1998.

Su trabajo y gran disciplina son las cualidades que siempre han caracterizado a Larisa Latýnina, un legado  de su primer entrenador, Alexander Mishakov. “Siempre me dijo que hiciera mi mejor esfuerzo, que si algo no salía bien debíamos seguir practicando y que en la lona hiciera lo que yo sabía, que finalmente eran los jueces quienes decidían sobre las medallas”, dijo la exgimnasta. Como agradecimiento por tanta labor en favor suyo, Latýnina le regaló a Mishakov su primera presea olímpica en Melbourne.

Después de que el nadador estadounidense le arrebatara su marca y quedara en el historial con 28 medallas en total, Latýnina conoció a Phelps y, aunque no pudieron comunicarse por la barrera del idioma, le dio un abrazo, lo felicitó y le entregó una medalla en cerámica, conmemorativa por la gesta que había logrado.

A sus 85 años, Larisa Latýnina vive en un pueblo cerca a la ciudad de Semyonov, al oeste de Rusia. Allí disfruta de su retiro junto a su esposo y mantiene un gimnasio en el que entrenan más de 1.300 niños y niñas que sueñan con ser como ella. “Muchas pequeñas llegan acá con mi nombre. Me llena de orgullo que sus madres hayan pensado en el nombre Larisa por mí, para que  puedan ser unas campeonas como yo”.

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