Los Juegos de Pyongyang, un momento esperanzador para el Olimpismo

Las dos Coreas acordaron la semana pasada que el Norte enviaría sus atletas a los Juegos Olímpicos de Pyeongchang en febrero

Bienvenida de Pyongyang a las delegaciones y visitantes que estarán en los Juegos Olímpicos de Invierno. AFP

Las dos Coreas deben decidir el sábado en Lausana la participación del Norte en los Juegos Olímpicos de invierno en el vecino del Sur, en un momento poco habitual de publicidad diplomática positiva para el Olimpismo, que gustaría sin duda al barón Pierre de Coubertin. Para el fundador de los Juegos modernos, la idea era contribuir a la paz a través del deporte. Pero una vez que la cita pase, se preguntan los analistas, ¿durará el buen ambiente con una Corea del Norte recluida y armada con bomba atómica?

Las dos Coreas acordaron la semana pasada que el Norte enviaría sus atletas a los Juegos Olímpicos de Pyeongchang en febrero, a solo 80 kilómetros al sur de la Zona Desmilitarizada (DMZ) que divide a la península desde el final de la guerra (1950-1953). El miércoles, Seúl y Pyongyang decidieron además desfilar juntas en la ceremonia de apertura, y constituir un equipo femenino común de hockey sobre hielo.

El COI debe aprobar la participación de deportistas norcoreanos que fracasaran en las calificaciones o no cumplieron los plazos decididos. Pero su patrón Thomas Bach saludó la llegada de Corea del Norte como un "gran paso hacia adelante en el espíritu olímpico". Corea del Norte está sometida a múltiples sanciones de la ONU debido a sus programas nuclear y balístico. En 2017, lanzó múltiples misiles y probó lo que presentó como una bomba de hidrógeno.

El dirigente norcoreano Kim Jong-Un y el presidente estadounidense Donald Trump intercambiaron insultos personales y amenazas belicosas, cuando incluso Seúl apelaba a los "Juegos de la Paz". Para que este calificativo tome sentido, la presencia del Norte era esencial a los ojos de los organizadores y de Seúl.

'Catalizador diplomático'

Kim Jong-Un aprovechó la ocasión de la competición deportiva para hacer caer las tensiones, obteniendo al mismo tiempo el aplazamiento de los ejercicios militares conjuntos entre Washington y Seúl, mal vistos por Pyongyang. "Los Juegos Olímpicos sirven de catalizador diplomático ya que tienen una audiencia mediática enorme", comenta Jean-Loup Chappelet, especialista del Olimpismo y profesor en la Universidad de Lausana.

Pero según el punto de vista de su colega Patrick Clastres, historiador en la misma facultad, los Juegos son un utensilio en manos de los gobernantes. "No hay ejemplos sobre la capacidad del deporte para imponer la paz", afirma a la AFP. "Son los Estados los que se sirven de la arena deportiva para enviar señales diplomáticas".

Los Juegos Olímpicos son a menudo asociados más a las disputas diplomáticas que a los triunfos. Además de los sempiternos escándalos ligados a los costos, a la corrupción y al dopaje, los Juegos se ven regularmente golpeados por los boicots políticos. Estados Unidos y varios de sus aliados, junto a China, boicotearon Moscú-1980. La URSS y la mayoría de los países del Pacto de Varsovia hicieron igual en Los Ángeles-1984.

El Este y el Oeste estaban presentes en Seúl en 1988 pero no Pyongyang ni algún otro. "La política es más potente que el discurso olímpico", constata Clastres. Eso no impide que el COI necesite "un discurso que no le presente solo como organizador de eventos deportivos" para legitimar la idea de que tiene un lugar aparte, transcendiendo el deporte, la sociedad y la política", añade.

"La institución olímpica quiere revalorizarse" y el encuentro de Lausana es "una puesta en escena parecida a las diplomacias de Estado". Ha habido en la historia otros momentos de unidad olímpica. Entre 1956 y 1964, los alemanes del Oeste y del Este, cuando el país estaba dividido, participaron juntos.

En los años 2000, cuando las relaciones entre las dos Coreas vivieron un deshielo, desfilaron juntas con una bandera neutral en las ceremonias de apertura y de clausura de diversos Juegos Olímpicos. En 1991 habían presentado un mismo equipo para un torneo de tenis de mesa, pero el paisaje estratégico se ha transformado radicalmente desde entonces.

El presidente surcoreano Moon Jae-In espera servirse del impulso olímpico para animar al Norte a dialogar sobre el desarme nuclear y la paz. Pero Pyongyang sostiene que sus armas atómicas no son negociables. El jefe de la diplomacia japonesa Taro Kono previene que tales esperanzas son "ingenuas". "Creo que el Norte quiere ganar tiempo para continuar sus programas de misiles nucleares", señala.

Yang Moo-Jin, profesor universitario de estudios norcoreanos de Seúl, predice que el brillo olímpico se extenderá desde que se inicien los ejercicios militares conjuntos tras los Juegos Paralímpicos de marzo. Los Juegos "son solo un evento deportivo temporal", juzga el diario Kookmin Ilbo. "El tiempo en que todo el mundo llora de alegría con la idea de tener un equipo conjunto ha terminado", añade.