El flamante campeón del British Open

Miguel Ángel Rodríguez llegó a la élite del squash gracias a su talento y pasión

El bogotano es uno de los candidatos al premio de Deportista del Año de El Espectador y Movistar 2018.

Este año, Miguel Ángel ganó el British Open, el Wimbledon del squash. / PSA

Miguel Ángel Rodríguez tiene 32 años y hace algo más de 10 que es uno de los mejores deportistas de Colombia. En las últimas temporadas ha alcanzado la madurez y la fortaleza mental para consolidarse también en la élite del squash mundial.

Es el número 6 del escalafón profesional y actual campeón del British Open, uno de los torneos más importantes del calendario anual, el equivalente al Wimbledon en el tenis.

Su vida siempre ha roto con la rutina, incluso antes de nacer, cuando a Constanza Forero, su madre, le dijeron que su bebé tenía el cordón umbilical alrededor del cuello, es decir, era un embarazo de alto riesgo, para ella, para su hijo, para toda la familia.

También cuando a Constanza le dio apendicitis a los siete meses de gestación y tuvo que pasar por el quirófano. La inflamación de ese órgano en forma de tubo terminó en parto prematuro y con ella asustada al no verse la enorme barriga luego de la intervención.

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“El niño se vino antes de tiempo, doña Constanza”, le dijo un médico sereno que intentó transmitir esa calma a la paciente acostada en la camilla. La acumulación de sucesos, que podrían haber terminado en algo más que un infortunio, siguió cuando Miguel Ángel tenía ocho años y, en uno de esos viajes que hacía con sus papás de Bogotá a Cali, el carro se fue por un abismo y terminó en un río, volcado, como un cucarrón tratando de recuperar su posición original.

Miguel Ángel no recuerda bien si fue en el trayecto de ida o en el de regreso, tampoco si fue el cansancio lo que hizo que su padre, Ángel, no tomara la curva y siguiera derecho en un desvío mal señalizado.

Era de noche, estaba lloviendo y el auto patinó en un asfalto resbaloso. Y solo hasta las seis de la mañana del día siguiente un grupo de lugareños los rescató con una cuerda, subiendo por el risco a su papá con la frente ensangrentada y a su mamá con una costilla rota. A él, por fortuna, no le pasó nada.

Ese hecho puede que sea el origen de su miedo a las alturas o, tal vez, como él mismo dice, el haber sido un piloto con un final trágico en una vida pasada. También lo más cerca que ha estado de la muerte, pues cuando ocurrió el atentado del Club El Nogal, el llanto de su sobrina y el afán de su hermana lo hicieron salir media hora antes de que explotara la bomba que dejó 36 muertos y más de 200 heridos. El 7 de febrero de 2003 las canchas de squash estaban llenas y por eso no pudo jugar con el actor Jorge Enrique Abello; tampoco se duchó como siempre lo hacía. Ese día todo se combinó para que evitara los 200 kilogramos de C-4 que pusieron las Farc, para que no hiciera parte de la calamidad.

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“Mucha gente me llamó porque pensaba que estaba allá”, diría luego Miguel Ángel con un tono de alivio, también de preocupación, por las personas cercanas que no lograron sobrevivir.

En la élite mundial

En el circuito de la PSA, Miguel Ángel es conocido como “Bala de Cañón”, por la agilidad que tiene en la cancha, por su modo único de buscar la pelota, de lanzarse contra el maderamen sin importarle su integridad física, por desafiar la manera ortodoxa de jugar squash.

De 1,70 metros de estatura y 69 kilogramos de peso, este bogotano, hincha de Atlético Nacional, jamás descuida su rutina de entrenamientos. Come cinco veces al día, hace dos horas de preparación física y tres en la cancha. En la tarde ve partidos y trabaja en correcciones tácticas antes de su hora de gimnasio cuando entra la noche.

Es un hombre perfeccionista, al que le gustan el reguetón y la salsa, que siempre entra con el pie derecho a cualquier cancha en el mundo y que se define a sí mismo con la palabra pasión.

Es común, desde que empezó a competir en el circuito élite, ver fotos suyas suspendido en el aire, en plena elongación, o videos en los que, con reflejos felinos, gira en su mismo eje para golpear la pelota por el otro costado, o abrir tanto sus piernas para impactar la pelota que más parece un gimnasta olímpico que un jugador de squash.

Rodríguez es uno de los mejores del mundo en su disciplina, a la que llegó por personificar el sueño de su padre, el pionero del squash en Colombia, y para demostrar que en actividades que parecen elitistas, el talento y el esfuerzo ayudan a abrir el camino.

Miguel Ángel será uno de los galardonados en la ceremonia de exaltación del Deportista del Año de El Espectador y Movistar 2018, que se realizará el lunes 3 de diciembre en Connecta.

En la versión número 58 de nuestro concurso otorgaremos premios en las categorías Mayores y Juvenil, Mejor Técnico, Mejor Equipo y Dirigente, así como Revelación, Vida y Obra, y el más importante para El Espectador, el Juego Limpio Guillermo Cano.

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Redacción deportes

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