Mónica Arango, toda la vida bailando bajo el agua

La antioqueña es una apasionada por el nado sincronizado, deporte que practica desde que tenía siete años. Junto a Jossimar Calvo, Sara López y Camilo Cardona son los más destacados de la delegación colombiana en los Juegos Bolivarianos Santa Marta 2017.

Mónica Arango carga sobre su espalda a su amiga y compañera, Estefanía Álvarez. Las antioqueñas son figuras en los Juegos Bolivarianos. / EFE

Parada en el borde de una piscina en Medellín, Mónica Arango quedó paralizada. Sus ojos se abrieron y brillaron como nunca lo habían hecho. No pasaba de los siete años cuando vio por primera vez un grupo de jóvenes entrelazando movimientos ligeros con los pies al ritmo de la música. Era un espectáculo completo. La piel se le erizó, el corazón se aceleró. Emoción a flor de piel. No pasaron más de cinco segundos para sentirse atraída por completo por la actividad que estaban realizando debajo del agua; quería estar ahí metida siguiendo esos pasos coordinados.

Ya había cumplido dos años practicando natación. Sus papás, Gabriel Arango y Mónica Estrada, la matricularon con el objetivo de que aprendiera a nadar. Que se defendiera cuando estuviera sola en una piscina o en el mar. De igual manera lo habían hecho con sus dos hermanas mayores, Diana y Andrea. Pero ese día, en el Centro de Iniciación y Formación para la Competencia de Alto Rendimiento, Cifar, descubrió que existía el nado sincronizado y nada pudo sacárselo de la cabeza. Una instructora se le acercó y le pidió que eligiera entre dos actividades: nado o clavados. Eligió el primero sin pensarlo. Su respuesta salió como un reflejo.

“El nado artístico me parece un deporte supercompleto”, dice Mónica con una brillante sonrisa en su rostro. “Me parece que es como tener gracia y a la vez una preparación física muy fuerte, estar jugando con el agua. Es un deporte muy bonito que requiere un esfuerzo importante”, agrega. La estrategia que utilizó para soltarse debajo del agua fue divertida. Con siete años, la profesora le lanzaba piedras pequeñas a la piscina y tenía que ir por ellas; así trabajó su capacidad pulmonar. Otro ejercicio era llevar de un lugar a otro los balones, para mejorar las brazadas. De ese modo inició su proceso.

En Pereira disputó su primer campeonato a nivel nacional. Fue un festival infantil, en el que demostró que tenía potencial. Aunque a todas las participantes les dieron medalla, recibió comentarios positivos. “Me decían que iba a ser muy buena. Es un torneo que recuerdo un montón. Creo que ahí di el primer paso para convertirme en lo que soy hoy”, resalta. Eso le sirvió para seguir con su plan de entrenamientos en el Cifar junto con la entrenadora Ilec Barcia, quien fue la primera en desarrollar su potencial.

Siempre contó con el apoyo de sus papás, quienes la animaron en todo momento. Cuando tenía prácticas a las 4:00 a.m. se levantaban y la llevaban. El único problema que tuvo con ellos fue que había sábados en los que la recogían tarde. Así que debía esperarlos. En esas largas jornadas conoció a Estefanía Álvarez y se hicieron amigas. “Nos quedábamos hablando porque a ella no la recogían y a mí tampoco. Nos dejaban ahí como muriéndonos (risas). Conversamos un montón, chismoseábamos, sobre todo de los niños del colegio”.

Nunca hicieron parte del mismo equipo, porque Mónica estaba una categoría más adelante. Aun así la amistad fue grande. En 2012 tomaron la decisión de juntarse e iniciaron el camino hacia los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro. Fueron cuatro años difíciles, sufrieron un montón. Unos días se sentían felices y al siguiente, ¡pum!, totazo contra la pared. “Había puntajes con los que no estabas de acuerdo. Campeonatos en los que tal vez cometías un error grave y perdías una medalla. Decíamos que no lo íbamos a lograr. Incluso estuvimos mirando deportes para saber a qué nos íbamos a pasar, pero seguimos luchando y esa perseverancia tuvo sus frutos”.

El momento más crítico fue el Mundial de Natación en Kazán, en 2015. Las colombianas venían haciendo un proceso muy bueno en los eventos internacionales, con puntajes que las invitaban a soñar. “En los Mundiales pareciera que los jueces miraran la lista y dijeran: listo, Colombia está ubicada aquí y ya, no te miran. Esa es la sensación que queda. Veníamos haciendo 82.00 puntos en los diferentes eventos en Europa y dijimos: vamos con toda. Cuando participamos en el Mundial nos pusieron la misma nota que en 2013, 77.90”. Un golpe al corazón de ambas, que apenas sonreían cuando conocieron el resultado.

La decepción fue grande, pero en el preolímpico lograron la gloria de clasificar a Río 2016. “Nos dieron duro cuatro años para que en esa ocasión nos fuera bien”.

Ahora las dos inician un nuevo camino con un solo objetivo: Tokio 2020. En los Juegos Bolivarianos, primer escalón de ese reto, Mónica Arango tuvo una presentación sobresaliente. Ganó cuatro medallas de oro en las siete competencias que disputó. Toda una vida preparándose bajo el agua la convirtió en una ficha clave para que Colombia domine el medallero en las justas que se están llevando a cabo en Santa Marta y avance a buen paso para lograr el segundo título bolivariano en su historia.

@J_Delahoz

[email protected]