Valle del Cauca, oro puro

La delegación azucarera volvió a ganar unos Juegos Nacionales luego de 23 años. La última vez había sido en 1996, en Santander. En las justas de Cartagena superó con autoridad a Antioquia y Bogotá.

La delegación del Valle del Cauca se llevó el título de los Juegos Nacionales 2019. Antioquia terminó segunda y Bogotá tercera. / Indervalle

Desde el viernes pasado se sabía, después de los resultados en actividades subacuáticas y hapkido, pero solo hasta el sábado se confirmó de manera oficial, o mejor, matemáticamente. Valle del Cauca lo logró: se quedó con el título de los vigésimo primeros Juegos Nacionales y acabó con el monopolio de Antioquia en las tres últimas ediciones.

Y lo hizo, según los mismos deportistas, por el apoyo mutuo que hubo a lo largo de dos semanas de acciones, porque mientras competían los de natación, los de baloncesto alentaban. Y mientras los de atletismo corrían, los de balonmano gritaban en las tribunas.

Y todo fue cíclico para los vallecaucanos: competir y apoyar, ganar y festejar. El departamento, que trajo más de 900 atletas, fue el mejor en 13 disciplinas mientras que los antioqueños ganaron en 17, pero eso no importó para el consolidado final, que quedó a favor de los primeros con 165 oros contra 148, es decir 17 preseas más. De hecho, Valle estuvo siempre abajo en el medallero general y en los últimos días repuntó para celebrar luego de 23 años y repetir lo hecho en las justas de 1996, la última vez que habían sido superiores, con una ventaja de 12 oros.

El levantamiento de pesas, con Jonathan Rivas y Luis Javier Mosquera a la cabeza, aportó como estaba presupuestado. También el karate do, el bádminton, el atletismo y la natación, sin dejar de lado el patinaje de carreras y la esgrima, disciplinas en las que Valle sumó la mayor cantidad de metales.

Con el programa Valle Oro Puro, la Gobernación de este departamento se encargó no solo de masificar la práctica del deporte, sino de garantizar subsidios, escenarios de entrenamientos óptimos y fogueos internacionales para los máximos exponentes de cada disciplina.

Y sumado a eso hubo un sentido de pertenencia que no se veía hace mucho, y se notó que de los años anteriores, que algunos consideraron como fracaso, se aprendió y se logró coherencia en las acciones.

“Hubo sacrificio de nuestros atletas y eso siempre se recompensa. Y esto no queda ahí, porque estoy segura de que muchos de los que compitieron en Cartagena ganarán medallas olímpicas, ya sea en Tokio 2020 o en justas venideras”, dijo Dilian Francisca Toro, gobernadora del Valle, quien acompañó a sus muchachos durante las justas.

Romper con el método en algunos casos, apegarse a este en otros, fue el camino para un representativo que nunca se rindió, que no desfalleció a pesar de ver que Antioquia se alejaba y se alejaba, y que al final se dio una dosis de serenidad y empuje para puntear en las últimas jornadas y cerrar con 424 medallas (dos más que Antioquia).

Cartagena, roja y blanca

Para llegar del estadio de atletismo al complejo acuático de Cartagena basta con caminar unos cuantos metros. El sábado, en el cierre de los Juegos Nacionales, los deportistas de Valle, que hicieron las veces de hinchas, se movieron de un lado para el otro, como una multitud uniforme, roja y compacta, que alentó a los que todavía tenían competencias. Una pancarta con el mensaje “si sos del Valle, sos campeón” estuvo toda la tarde en el deporte base y, en la noche, pasó al otro lado, a las piscinas. Y junto a ella familia, amigos, conocidos y todo aquel que se sintió atraído por el ruido y la algarabía que generan la victoria.

Y hubo salsa, y la canción “Cali pachanguero” prendió todo, al punto que los menos pudorosos bailaron en unas gradas. Y las eses se convirtieron en jotas, y el hablado fue más pausado, más vallecaucano, con la eme reemplazando a la ene en una especie de letargo en la pronunciación.

El “Salve Valle del Cauca, mi tierra” se entonó varias veces en un ejercicio de nostalgia aunque ya no hubiera podios. Incluso unos pocos se dejaron llevar por el instante melancólico y la risa se combinó con las lágrimas, y el complejo Jaime González Johnson tuvo un ambiente emotivo, el de la despedida con la tranquilidad del deber cumplido. Los vallecaucanos contagiaron a uno que otro cartagenero que aplaudió como si los éxitos fueran propios. De hecho, en pleno aeropuerto Rafael Núñez los más distraídos no entendieron lo sucedido y preguntaron el porqué de las banderas, los cánticos y arengas. “Porque ganamos, papá”, dijo John Fredy Zea, el mejor en la impulsión de la bala y uno de los que viajaron a Cali para el recibimiento de este domingo tras la hazaña de cortar con los 23 años de segundos y terceros lugares.

El homenaje al resto de la delegación fue rimbombante, con paradas en diferentes lugares antes de la capital vallecaucana llegar a las canchas Panamericanas, el centro del deporte de ese departamento, el lugar en el que se congregaron deportistas, familiares, delegados y todo aquel que tuvo que ver con este triunfo. Ya empieza la cuenta regresiva para lo que será la edición XXII de un certamen que tendrá a Armenia, Pereira y Manizales como sedes conjuntas y en la que habrá que revalidar lo hecho este año para crear la costumbre, como antes, de que el Valle sea el mejor.

¿Y los demás qué?

Antioquia, como siempre, dio la pelea. Comenzó muy bien y parecía que iba por su cuarta corona consecutiva, pero al final cedió. Sin duda evidenció los problemas dirigenciales y las polémicas de correpción que han afectado últimamente a algunas de sus instituciones deportivas.

En cuanto a Bogotá, que no se impone desde el certamen de 2004 a pesar de que cuenta con mayor presupuesto para el deporte que las demás regiones, el desempeño estuvo lejos del pronosticado. Según sus metodólogos iba por el título, pero desde la primera semana ya estaba rezagada. La inversión del local Bolívar, que culminó en el cuarto puesto con 57 oros, 43 platas y 47 bronces, se evidenció, mientras que Boyacá sigue creciendo, al igual que risaralda.

En líneas generales la organización cumplió. Los escenarios, con algunas falencias en los camerinos y las zonas para deportistas, estuvieron a tiempo y quedarán como legado. Los retrasos en algunas competencias se compensaron con el gran trabajo de los voluntarios y el fervor de la afición, que desde este domingo comenzó a disfrutar de otro espectáculo, el de los V Juegos Paranacionales, que por ahora lidera Bogotá.

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Camilo Amaya

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