A 1000 días de Río 2016, la ciudad estará a la altura del desafío

La primera Olimpíada en Suramérica plantea un gigantesco desafío logístico.

Protestas callejeras, profecías acerca de sobrecostos, proyectos de infraestructura que avanzan contrarreloj para ser entregados en fecha: Rio no es la primera ciudad que descubre que la tarea de ser anfitrión de los Juegos Olímpicos es un maratón con obstáculos.

La primera Olimpíada en Suramérica, que comenzará en Rio de Janeiro en 1.000 días a partir de este sábado, plantea un gigantesco desafío logístico.

Los organizadores aseguran que Rio estará a la altura y acogerá un impresionante torneo desde el 5 de agosto de 2016 que dejará consigo un legado --la palabra más popular en la jerga olímpica-- para la ciudad y sus habitantes.

"Entendemos la complejidad de la tarea que tenemos por delante", dijo el presidente del comité organizador de los Juegos, Carlos Nuzman. "El legado más importante es traer los Olímpicos a Brasil" en primer lugar, acotó.

Las preguntas de siempre

Rio, una calurosa metrópolis de unos seis millones de habitantes, se ha esforzado en modernizarse desde que fue seleccionada para recibir los Juegos el 2 de octubre de 2009, venciendo a Madrid, Tokio y Chicago.

Cuatro años después y en medio de las estimaciones de altos costos y de protestas callejeras contra el gasto público en los Juegos y la Copa del Mundo, que se celebra en 12 ciudades brasileñas dentro de seis meses, los organizadores del evento se encuentran siempre respondiendo la misma pregunta: ¿puede la ciudad completar este enorme programa de renovación urbana a tiempo?

¿Puede Brasil costear el precio de ambas fiestas deportivas de unos 15.000 millones de dólares cada una? ¿Y no sería mejor gastar ese dinero en salud y educación? Son las preguntas de la población, que sospecha que la ganancia en el largo plazo podría ser marginal, en el mejor de los casos.

Los organizadores insisten en que los Juegos, que darán la bienvenida a 10.500 atletas, estarán por encima de las olas de protestas contra la corrupción política y la mala administración.

Nuzman ha predicado el optimismo por meses. "Todo está encaminado y a tiempo. El presupuesto estará listo el año que viene", dijo a fines de 2012. Pero a siete semanas para terminar el 2013, el director de comunicaciones de Rio 2016, Mario Andrada, dijo el miércoles que aún no estaba listo.

El costo del legado

Legado y sostenibilidad son las palabras de destaque en este gigantesco evento que se celebrará en 30 centros deportivos repartidos en cuatro zonas olímpicas: Maracaná, con el icónico y renovado estadio; Copacabana, la playa más famosa del mundo; Barra da Tijuca, en el oeste, y Deodoro, en el norte.

Tras la revuelta social de junio pasado y las protestas de los últimos meses, es posible que durante los Juegos salgan a la calle miles de brasileños que creen que las Olimpíadas y el Mundial no tienen nada que ver con las necesidades reales de este país, donde persiste una enorme brecha entre ricos y pobres.

El distrito de Barra y su centro de entrenamiento deportivo en la que será la "Ciudad Olímpica" es uno de los ejemplos de legado que Rio desea dejar tras los JO.

Aún así, el transporte entre Barra y el centro de la ciudad está en duda. No es seguro que la extensión del metro esté lista en 2016 y el director ejecutivo de los Juegos, Gilbert Felli, ya pidió "un plan de contingencia" por si acaso.

En la última de las cuatro visitas del Comité Olímpico Internacional (COI) a Rio, su coordinadora Nawal El Moutawakel resaltó el "progreso en varias áreas" y saludó el compromiso de Rio en garantizar una "herencia deportiva a la ciudad".

Sin embargo, un mes atrás una auditoría filtrada a la prensa reveló que muchos de los preparativos estaban atrasados y gran parte del dinero asignado a los Juegos no se había invertido.

Existe el temor entre los organizadores de que se necesiten 700 millones de dólares de los cofres públicos para terminar de pagar la cuenta. Como hizo Londres-2012, Rio tendría que buscar patrocinios si quiere evitar meter la mano en los bolsillos de los brasileños.

Y el exmagnate brasileña Eike Batista, que quería contribuir a los Juegos pero cuya principal empresa, la petrolera OGX, está al borde de la bancarrota, ya no podrá ayudar a pagar la cuenta.

La situación de Batista tendrá "impacto cero" en la organización de los Juegos, sostuvo sin embargo Andrada.

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