"Ahora hay menos dopaje que en mi época": presidente de la IAAF

Sebastián Coe cree que debería obligarse a los mejores atletas a enfrentarse entre ellos más a menudo.

Sebastián Coe, presidente de la IAAF. Foto: AFP

Pocas semanas después de que Sebastian Coe (Londres, 60 años) accediera en agosto de 2015 a la presidencia de la IAAF, el organismo que dirige el atletismo mundial, y su propio deporte, entraron en la peor crisis que se le recuerda: la corrupción del anterior presidente, Lamine Diack, el encubrimiento del dopaje ruso, el descenso del interés por el atletismo, su menor presencia olímpica. Coe ha respondido con un programa de reformas para modernizar, hacer más transparente y más joven la IAAF, para hacer que el atletismo sea en el mundo al menos tan importante como en sus tiempos de atleta.

¿Era consciente como atleta del tremendo impacto en la sociedad de lo que hacía, del atletismo en general?

Respuesta. No estoy seguro de que la gente del deporte, cuando son competidores destacados, cuando están en el fragor de la competición, sea siempre consciente de lo que hay a su alrededor. De lo que era consciente era de que en esa época mi deporte, en mi país, era más importante que el fútbol, nos beneficiábamos en esa época, y creo que en todo el mundo, cuando el deporte mundial tenía dificultades y el fútbol había perdido parte de su brillo por el hooliganismo, los problemas del juego. Y el atletismo apareció cuando la gente quería volver a la base de todo el deporte. Y, sí, era consciente de que era importante.

¿Y ya se imaginaba como futuro dirigente deportivo?

Siempre me ha interesado el proceso político. Supongo que por eso me convertí en diputado, y supongo que por eso me convertí en ministro del Gobierno durante algunos meses. Lo que era solo una especie de interés se convirtió en algo más concreto cuando Samaranch, su paisano, me invitó al Congreso Olímpico en 1981. Invitó a 38 deportistas. Estaba yo, y estaban Thomas Bach, Kip Keino, Pal Schmitt, el esgrimista que fue presidente de Hungría, y Vladislav Tretiak, el portero ruso de hockey sobre hielo. Como el inglés era mi idioma materno me pidieron que hiciese la presentación en nombre de los atletas. Era el primer atleta que hablaba en el Congreso Olímpico. Y luego Samaranch me pidió que presidiese la comisión de atletas, la primera comisión de atletas. Les estoy muy agradecido a dos personas en mi vida. Una es mi padre, que dirigió mi carrera en el atletismo, y la otra es Juan Antonio Samaranch, que me dio la oportunidad de entender correctamente la naturaleza de la dirección deportiva y los procesos en el deporte.

Tres décadas después de su esplendor atlético se encuentra dirigiendo el atletismo mundial en una época en la que su brillo casi ha desaparecido…

Sería ridículo decir que nuestro deporte no ha vivido un año difícil. La crisis, en realidad, sin que nosotros lo supiésemos, empezó hace dos o tres años probablemente. Creo que el deporte tiene un futuro brillante. No niego que será difícil recuperar la confianza. La gente que más quiero que recupere la confianza no son los jefes de Estado o de Gobierno o la gente de la ONU, y ni siquiera los patrocinadores o los medios de comunicación, sino los atletas limpios. Soy inamovible en este tema. El grupo de atletas limpios tiene que saber que tienen un presidente que luchará. Ha sido instintivo para mí. He ganado dos campeonatos olímpicos, he batido 12 récords mundiales y lo hice trabajando durante muchos años con entrenadores íntegros. Para conseguir confianza, tenemos que mostrar que estamos preparados para cambiar, para parecernos al mundo en el que viven los jóvenes.

¿Habla de regresar a una cierta edad de la inocencia, a su edad de atleta?

Yo no idealizaría mi época. Sé que no encaja bien con la narrativa actual, pero puedo decírselo porque competí en esa época. Este deporte es más seguro de lo que lo era en esa época porque ahora hablamos de antidopaje y de controles positivos. Estamos hablando de ellos porque la tecnología y los sistemas antidopaje que tenemos los están identificando. Hace 30 años había muy pocos controles. Era una lucha de todos contra todos. Créame, esto es mucho más seguro.

Ahora, cuando un atleta bate un récord no despierta admiración, como antes, sino dudas…

¿Piensa que eso era diferente que cuando batía récords? La gente seguía hablando. Dos o tres periódicos ingleses escribían habitualmente en la época en la que batía récords mundiales y cuestionaban si lo hacía de forma natural o no. Si habla con cualquier atleta de mi época que tenga la suficiente apertura como para contestarle como lo estoy haciendo yo con usted, le dirá que el sistema es ahora mucho más seguro y creo que hay, probablemente, en comparación, menos dopaje.

En su proyecto de reforma que se votará el 3 de diciembre usted propone la creación de una unidad independiente dentro de la IAAF.

R. Lo que al COI le gusta de la IAAF es que la unidad de integridad sería totalmente independiente de la organización de la IAAF, que sería algo separado. Lo que no quiere el COI es encargarse de ello, lo quiere es que todos los deportes sigan el modelo de la IAAF.

La corrupción con Diack y Rusia nació porque la IAAF traficó con los positivos, y lo hizo porque controlaba la información de dopaje…

El sistema no estaba fracturado, no estaba roto crónicamente. Lo que sucedió es que las personas equivocadas entraron en ese sistema. Ahora bien, ¿podemos arreglar eso? Sí, por supuesto. Tenemos que hacerlo. Las reformas antidopaje que tenemos que hacer, y que ya estamos realizando, están relacionadas con la gestión. La unidad de la integridad hará que los miembros de las federaciones ya no tengan la función de sancionar y que ya no participen en el proceso. Tenemos un tribunal disciplinario independiente, tenemos un comité supervisor independiente para asegurarse de lo que se le pide que haga a la unidad de la integridad y lo está haciendo. Y eliminaremos el interés nacional de este procedimiento de control. El interés nacional ha interferido negativamente en los últimos meses.

¿Cómo piensa recuperar la afición por el atletismo para volver a hacer de él uno de los grandes deportes?

Las rivalidades personales, tradicionalmente, siempre han atraído la atención del público. En mi prueba, especialmente, las rivalidades personales, han definido nuestra época. La increíble rivalidad entre Kip Keino y Jim Ryun, y la de Roger Bannister y John Landy, y en la era moderna la de John Walker y Filibert Bayi y la de Sebastian Coe y Steve Ovett y Steve Cram, y la de Hicham El Guerrouj y Nourredine Morceli. Estas son las carreras que el público recuerda. Tenemos que hacer algo más para intentar asegurarnos de que tenemos y circuitos en los que los atletas compiten entre ellos porque es lo que atrae al público.

La gran estrella, Usain Bolt, solo se enfrenta a los mejores en Mundiales y Juegos, no en los mítines de la Diamond League…

Creo que aceptamos que si los 10 mejores jugadores de tenis, los Nadal, los Djokovic, los Federer y los Murray, pueden jugar cinco o seis veces entre ellos cada temporada, creo que tenemos encontrar una forma de hacer que nuestros atletas lo hagan más a menudo. Creo que en la reestructuración de la Diamond League con menos pruebas. Si nos remontamos a mi época, cuando corríamos en Zúrich, o en Bruselas, o en Oslo, el mundo se paraba. El mundo sabía que esos mítines significaban algo, y cuando ponías la televisión sabías que Sebastian Coe, Steve Ovett, John Walker y Steve Cram estarían en la misma carrera. Y Fermín Cacho, y González y Abascal, sí, por supuesto. Es muy importante. Y también sabías que en los Campeonatos del Mundo y en los Juegos Olímpicos la misma gente correría. Había un relato mucho más coherente. Ahora está mucho más fracturado. Puede ser un poco confuso para los aficionados. Quizás estemos tratando de hacer demasiado en los mítines de un día.

¿Podría obligar a los mejores atletas a enfrentarse entre ellos?

Sí, y creo que la mayoría de la gente que se interesa por el deporte sabe que los atletas, los mejores atletas, tienen que correr entre ellos más a menudo. Es importante. Quizás haya que encontrar patrocinadores preparados para patrocinar a algunos competidores.

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