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hace 35 mins

Aquel 5 de agosto

En esa fecha, en 1992 y 2012, dos antioqueñas lograron para Colombia las dos únicas preseas olímpicas en atletismo. Ahora, Caterine Ibargüen es la favorita para colgarse el primer oro, en salto triple, para nuestro país. Memoria.

Dos momentos históricos para el atletismo colombiano protagonizados por las antioqueñas Ximena Restrepo y Caterine Ibargüen en los Juegos Olímpicos. / Comité Olímpico Colombiano - AFP

Dos antioqueñas, con 20 años de diferencia, un 5 de agosto, le han dado al atletismo colombiano las únicas dos medallas en Juegos Olímpicos. Dos momentos inolvidables protagonizados por Ximena Restrepo y Caterine Ibargüen, la favorita en Río 2016 para colgarse la primera medalla de oro para nuestro país en este deporte.

Sesenta años años debimos esperar los colombianos para que uno de nuestros atletas se subiera a un podio olímpico. Hasta 1988, a lo largo de 12 ediciones de los Juegos Olímpicos (el atletismo no representó al país en Roma 60 y los Juegos Olímpicos de Helsinki 52 Colombia no asistió), 37 de ellos compitieron sin lograr su máximo anhelo de colgarse una medalla.

La historia arrancó en 1932, cuando el boyacense Jorge Perry Villate se inscribió por nuestro país en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1932. El domingo 7 de agosto de aquel lejano año, en la pista del Memorial Coliseum, este hombre participó junto a otros 27 corredores en el maratón, prueba que abandonó a los pocos minutos por un desmayo. Los pasos de este osado pionero olímpico fueron seguidos durante seis décadas por 31 hombres y cinco mujeres, cuyas tristezas y alegrías quedaron consignadas en periódicos ya amarillentos.

De ese selecto grupo, Ximena Restrepo Gaviria logró lo que sus antecesores no obtuvieron pese a sus grandes esfuerzos: la hazaña de conquistar para el atletismo colombiano la primera presea olímpica. Fue el miércoles 5 de agosto de 1992, en Barcelona (España), cuando la corredora paisa llegó a la final de los 400 metros planos y nos hizo vibrar de emoción durante casi 50 segundos de infarto. Fue la primera vez que la televisión colombiana interrumpió un partido de fútbol para transmitir una carrera de atletismo.

Para llegar allí, la rubia de 23 años y las restantes siete finalistas debieron dejar atrás a 33 rivales y superar tres rondas eliminatorias. En la primera, Ximena fue la segunda de su serie con el séptimo mejor tiempo entre 41 participantes (52.34 segundos); en cuartos de final se adueñó del mejor registro (50.63), lideró la fila india de las 32 clasificadas y por estrecho margen fue escoltada por la rusa Olga Bryzhina (50.68). Y en la ronda semifinal la colombiana y la rusa hicieron el 2-3 en su serie, con el mismo tiempo (49.76 segundos), el segundo mejor registro entre las 16 supervivientes, solo superado por la francesa Marie-José Perec (49.48).

En la semifinal, Restrepo bajó de los 50 segundos, algo que nunca había hecho. Ese alto nivel en su rendimiento la ubicó entre las aspirantes al podio. En los tacos de salida del estadio olímpico de Montjui, en Barcelona, a las tres de la tarde del 5 de agosto de 1992 (hora de Colombia), se ubicaron las ocho atletas de siete países que llegaron a la final de los 400 metros planos. Ximena tenía como antecedentes inmediatos su doble subcampeonato en 200 (23.16) y 400 metros (50.14) de los Juegos Panamericanos de La Habana 91, el título iberoamericano (51.66) obtenido en Sevilla 92 y un sexto lugar en el Mundial de Tokio, ese mismo año, en 400m (50.79).

La antioqueña corrió en el sexto carril, muy incómodo si se tiene en cuenta que desde allí apenas tuvo en la mira a dos adversarias: Philips Smith (Gran Bretaña) y Olga Nazarova (Estados Unificados), bronce en Seúl–88 (49.90), sus únicos puntos de referencia. Con 23 años, Ximena era la más joven del grupo, junto con la jamaicana Sandi Angela Richards.

De acuerdo con los antecedentes las rivales más fuertes esa tarde eran la favorita al oro, la  francesa Marie-José Pérec (24 años), quien venía precedida de su título mundial en Tokio 91 (con registro de 49.13, su mejor marca personal hasta antes de la final olímpica) y la rusa Olga Bryzhina, campeona olímpica en esa distancia cuatro años antes en Seúl (48.65). En la semifinal, ambas hicieron 49.48 y 49.76, respectivamente. En esa misma ronda, Ximena (49.76) empató con la rusa. Las tres se hicieron a los mejores registros en esa prueba por lo que en la final los reflectores apuntaban hacia ellas. En la segunda serie de la semifinal, la ganadora Jill Richardson-Briscoe (Canadá), con 50.02, no tenía cómo pelearle al trío de punta, todas por debajo de los 50 segundos.

En la antesala de la final, Ximena comentó: “Para mí, la semifinal fue como mi propia final. Mi sueño era estar entre las ocho mejores del mundo y lo he conseguido. Ahora todo lo que consiga es plusvalía”. Y añadió, como vaticinado el resultado final, que “es una ventaja correr al lado de Pérec (carril 5), que debería ser la ganadora del oro. Me le tengo que poner al lado como lo hice en Cuba con Quirot y por eso gané la plata y mejoré mucho mi tiempo”.

El 4 de agosto y hasta minutos antes de la prueba definitiva, la ansiedad rondó a Ximena y a Emperatriz González, su entrenadora. “Nosotras estamos en la villa, nos vamos temprano. Vemos a la Pérec estresada, yo tengo a Ximena estresada, yo estoy también estresada. Ximena llega, se acuesta y se duerme” , recordaría tiempo después Emperatriz; mientras el esposo de la corredora paisa, el lanzador de bala chileno Gert Well, evoca que “era muy difícil hablar con ella minutos antes. De hecho, yo era el único que me le podía acercar, ella estaba muy, muy nerviosa”. 

Y llegó la hora de la gran final ese histórico 5 de agosto. Luciendo una trusa azul con el número 324, Ximena se instala en la calle 6 de la pista atlética, al lado derecho de Pérec, máxima candidata a la medalla de oro. Ximena “se queda un poco en la salida y hace un excelente parcial en los 300 metros y yo sé, por lo que había pasado en tantas competencias y sobre todo por lo que había hecho en Japón, la forma en que Ximena define en la línea de llegada. Es una carrera supremamente rápida, las cuatro mujeres del frente son unas fieras transformadas. Y en el último metro, en el último instante, Ximena hace lo que hizo en Japón: pelea su medalla con alma, corazón y vida”, contó Emperatriz ante la cámaras de Señal Deportes.

“Cuando llegué (a la meta) yo no sabía si había quedado tercera o no. Tuve que esperar a que mostraran la repetición en la pantalla y ahí ya vi que había quedado tercera y fue un alivio increíble. Diría que más que felicidad, fue un alivio y dije se acabó ya esto, qué bueno”, expresó años después la atleta con una gran emoción al recordar su hazaña.

Y fue por un estrecho margen, por una exhalación, que Ximena alcanzó la medalla de bronce con registro de 49.64 segundos, superando en la propia línea de meta a la Nazarova (49.69). La francesa Pérec ganó con 48.83, seguida por Bryzhina (49.05). En casi 48 horas, la colombiana hizo dos veces menos de 50 segundos para la distancia. Hoy, el 49.64 sigue vigente como marca suramericana.

Así, la antioqueña ingresó al privilegiado club de 22 corredoras del mundo que en los 400 metros se colgaba al menos una medalla olímpica entre 1964 (año en que por primera vez esa prueba figuró como disciplina olímpica femenina) y 1992. Hasta Londres 2012, participaron 429 mujeres de 123 países que en la rama femenina disputaron apenas 39 medallas de oro, plata y bronce en esa distancia. Es decir, sólo el 9% de las participantes subió al podio olímpico.

Por esa hazaña que marcó un hito en la historia del atletismo colombiano, y sin desconocer lo hecho por sus antecesores, nadie puede negarle a Ximena Restrepo Gaviria el reconocimiento como la mejor atleta del siglo XX en Colombia. Nacida el 10 de marzo de 1969, 1,74 metros de estatura, 62.8 kilogramos (en su época de alta competencia), primera de cuatro hijos del matrimonio de Carlos Alberto Restrepo y María Victoria Gaviria; esta pisciana se inmortalizó con su presea olímpica en Barcelona 92. La primera para Colombia y Suramérica en pruebas de pista.

Los únicos antecedentes que los países del Cono Sur conocían, son los de la argentina Noemí de Portela, segunda en salto largo en Londres 1948, y Marlene Ahrens, plata en jabalina, en Melbourne 1956. Es decir, nuestro continente debió esperar 36 años para que una mujer volviera a colgarse una medalla olímpica en atletismo.

Plata de Caterine

Juegos Olímpicos de Londres, 5 de agosto de 2012: una espigada mujer de ebano (28 años, 1,81 metros de estatura y 70 kilos de peso) se batía zancada a zancada frente a la kazaja Olga Rypakova y la ucraniana Olha Saladuha en la pista del estadio olímpico de Londres. Un trío de oro que en ese momento dominaba en las competencias internacionales.

Ese día, Colombia entera vibró con cada salida a la pista de Caterine Ibargüen, quien en el último de seis saltos logró una marca de 14,80 metros, cuando se encontraba en tercera posición, con lo que desplazó al bronce a Saladuha (14,79) y ganó para Colombia la primera medalla de plata en su historial olímpico del atletismo. Ibargüen, que por entonces presentaba como mejor marca personal 14,99 metros, conseguidos en agosto de 2011 en la altura de Bogotá, no pudo llegar esta vez tan lejos ni cumplir con su objetivo de rozar los 15 metros, a los que ya se había acercado en el año olímpico: (14,95 metros en abril, en Medellín).

 “Esta plata tiene sabor a oro porque trabajé con mucho esfuerzo para conseguir esta medalla y el fruto del esfuerzo está a la vista”, dijo Ibargüen a la agencia de noticias AFP, tras la ceremonia de premiación en el estadio Olímpico de Londres.

De este modo, la colombiana suma la plata olímpica al bronce conseguido en el Mundial de 2011. La prueba fue ganada por la kazaja Olga Rypakova (14,98), segunda en el Mundial de Daegu 2011, con lo que se repitió el podio de la cita surcoreana, con las mismas tres protagonistas, aunque con las posiciones intercambiadas. Ibargüen llegó a los Juegos Olímpicos con una mejor marca de 14,95 metros, lograda en abril en Medellín, y quedó a quince centímetros de la misma en la final de Londres. “Sé que todos esperaban que pudiese saltar 15 metros, yo también, pero me quedé corta, aunque la felicidad del podio hace que la marca deseada pase a segundo plano”, reconoció.

La triplista comenzó con un salto de 14,45, para descender a 13,99 en el segundo intento, hasta lograr 14,67 en el tercero que le metía en la lucha por las medallas. Los dos siguientes intentos de la colombiana fueron flojos (14,37 y 14,35), hasta lograr el salvador de 14,80 que le daba la plata. La medalla de bronce, que en el Mundial 2011 fue para Ibargüen en Daegu, se la colgó esta vez la ucraniana Saladuha, campeona del mundo.

Tras ese salto ya nadie le podía quitar la segunda posición ya que sólo quedaba por saltar Olga Rypakova, quien iba primera con 14,98 desde el tercer intento, marca que al final le significó la presea de oro.  Ibargüen fue buena parte del concurso en segunda posición pero Saladuha, que tenía una mejor marca de 14,53 desde el cuarto salto, alcanzó los 14,79 en su último intento, dejando la presión a la colombiana, que se jugó el todo por el todo y acabó derrotándola en el último suspiro por un centímetro. “El sueño se hizo realidad, pero en ningún momento pensé que me quedaría sin subir al podio, aun cuando debía de hacer un muy buen salto para lograrlo”, sostuvo la flamante medallista olímpica.

En cuarta posición quedó la ucraniana Hanna Knyazyeva (14,56) y en quinto la británica de origen cubano Yamile Aldama (14,48).

Y eso que la antioqueña compitió con una contractura muscular en su pierna izquierda en la que lució una muslera azul y blanca, “pero cuando llegó el día de la final, trabajamos con un grupo de médicos que hizo una gran labor y me ayudó a que la pierna estuviera un poco mejor, eso me dio confianza, porque seguí pensando en mi objetivo que era conseguir el oro, me quedé corta pero hice un buen trabajo, no dejé nada para el mañana, así que estoy feliz y llena de alegría”, explicó la atleta a los periodistas.

“Para todos nosotros constituye una motivación impresionante, porque Caterine abrió las puertas al mundo para el atletismo colombiano, puso definitivamente a Colombia en el mapa y desde hoy nos van a reconocer y a mirar diferente, gracias a ella”, dijo Lina Florez, quien participó en los 100 metros vallas y fue eliminada en primera ronda. La antioqueña, compañera de habitación en la Villa Olímpica de la flamante medallista cafetera, lamentó no verla para felicitarla y celebrar con ella “porque cuando regresó Caterine yo ya estaba dormida, concentrada para la competencia, pero no faltarán momentos para festejar”.

Colombia dio un salto histórico en Londres 2012 al lograr su mayor botín en 18 participaciones olímpicas: una medalla de oro, tres de plata y cuatro de bronce, preciados trofeos que la ubican entre los más fuertes de la región y que le permitieron superar la cosecha de Múnich 1972 de tres preseas, hasta entonces su más gloriosa actuación. El desafío inmediato es mantener el nivel en Río de Janeiro 2016.