Atletismo suramericano: en 100 años de Olímpicos, ocho medallas de oro

Dos títulos fueron conquistados por el brasileño Adhemar Ferreira Da Silva, el más ganador. La antioqueña Caterine Ibargüen tiene la opción de convertirse en la segunda atleta de la región en colgarse una presea dorada en esas justas. Historia.

Caterine Ibargüen, medalla de plata en Londres 2012. / EFE

Desde 1912, cuando Chile debutó por Suramérica en los Juegos Olímpicos, los atletas de la región han conquistado en esa justa 29 medallas (8 de oro, 10 de plata y 11 de bronce). Brasil va a la cabeza de este medallero con cuatro preseas doradas, seguida de Argentina, con dos títulos. En ese pequeño listado apenas figuran cinco mujeres, dos de ellas colombianas: las antioqueñas Ximena Restrepo, bronce en los 400 metros (49.64 segundos)  en Barcelona 92, y Caterine Ibargüen, plata en el salto triple (14.80 metros) en Londres 2012, y quien ahora en Río 2016 es la favorita para colgarse la presea dorada en esa especialidad. De lograrlo, será la primera de ese metal que el atletismo colombiano exhibirá en su vitrina y la novena para el sur del continente americano, que por primera vez es sede de los Juegos Olímpicos, que en su versión moderna arrancaron en 1896 en Atenas.

De las ocho medallas de oro ganadas por el atletismo suramericano en los Olímpicos, apenas una tiene el sello de mujer: la brasileña Maurren Higa Maggi, en Beijing 2008, se ubicó en lo más alto del podio al ganar en el salto alto (7.04 metros). Una larga espera de 96 años para que una suramericana alcanzara la hazaña de conquistar el olimpo. Con 40 años, ella no está presente el Río y anunció su retiro hace pocas semanas.

La chilena Marlene Ahrens tiene el honor de haber conseguido para Suramérica la primera medalla olímpica. Lo hizo el 28 de noviembre de 1956 en Melbourne, tras lanzar la jabalina a 50.38 metros, que se tradujo en un metal de plata. La medalla de oro fue ganada por la soviética Inese Jaunzen (53.86 m). Una simple casualidad terminaría cambiándole la vida a Ahrens y convirtiéndola en una de las atletas más importantes en la historia del deporte chileno.

“Yo jugaba hockey y todos los años, cuando terminaba la temporada, íbamos a la playa. Entonces me puse a lanzar piedras hacia el mar y mi marido vio que lo hacía incluso más lejos que los hombres. Observó que ahí había una lanzadora innata y me recomendó al entrenador del Club Manquehue. Así partió todo”, relató recientemente la deportista al diario La Tercera, de ese país, donde es una leyenda.

Sería un hombre, nacido el 27 de octubre de 1901 en Rosario (Argentina), el primero suramericano en hacer historia en los Juegos Olímpicos. Su nombre: Luis Ángel Brunetto. Con apenas 23 años marcó un hito al ganar la primera medalla para el atletismo de la región. Y lo hizo en salto triple en los Juegos Olímpicos de París 1924, justo cuando ese país debutó en las justas. Brunetto logró 15,425 metros. En la final perdería la medalla de oro ante el australiano Anthony Winter (15,525m).

La primera medalla de oro olímpica para Suramérica, en atletismo, fue un honor que recayó en otro argentino: Juan Carlos Zabala, ganador del maratón (2:31:36), en Los Ángeles 1932. Por un estrecho margen de 19 segundos derrotó al británico Samuel Ferris.

Tras un receso olímpico de 12 años, causado por la Segunda Guerra Mundial, y mientras el mundo aún no terminaba de levantarse  entre sus escombros, Delfo Cabrera, compatriota de Zabala, repitió para Argentina el título en maratón (2:34:51) durante los Juegos Olímpicos de Londres 1948, donde por apenas 16 segundos doblegó al británico Thomas John Henry Richards.

Adhemar Ferreira, punto aparte

Hace 15 años y siete meses que el mejor atleta suramericano de todos los tiempos, Adhemar Ferreira Da Silva (1927-2001), dejó este mundo. Pero su existencia no fue en vano. Este brasileño es hasta ahora nuestro exponente más laureado en la historia olímpica. Dueño de tres títulos panamericanos y dos olímpicos, fue el primer triplista en rebasar los 16 metros e imponer récord mundial con una marca de 16.01 metros, el 30 de septiembre de 1951.

Su genialidad y enorme talento le alcanzaron para ser reconocido hasta hoy como el único suramericano con doble oro olímpico. La gesta comenzó a labrarla en Helsinki 1952, donde escribió uno de los capítulos más apasionantes en la historia del atletismo mundial: no solo ganó medalla de oro en el salto triple, sino que en cuatro de sus seis salidas impuso nuevas marcas mundiales: la definitiva la dejó en 16.22 metros y se subió al cajón más alto del podio. El ruso Leonid shcherbakov debió resignarse con el segundo lugar y una marca discreta: 15.98. El venezolano Arnoldo Devonish se colgó la medalla de bronce con un salto de 15.52 y logró la primera presea olímpica para su país.

La mejor actuación de su vida la hizo en los Juegos Panamericanos de México 1955, donde impuso récord mundial de 16.56 m, meses antes de que con su magia volviera a arrodillar a sus rivales en Melbourne 56. Allí, marcó 16.35m, nuevo récord olímpico. La Confederación Brasileña de Atletismo recuerda que la crónica Olympic Saga, de Austalia, resumió así su actuación: “Adhemar produjo una magnífica exhibición de fuerza, ritmo, gracia, poder, control, concentración bajo presión y soberbia coordinación”.

Adhemar, junto al marchista ecuatoriano Jefferson Pérez (quien bajo la batuta del boyacense Enrique Peña alcanzó un oro y una plata), son los dos más grandes atletas  suramericanos en los Juegos olímpicos. Muy cerca de ellos está Caterine Ibargüen, quien tiene la opción de igualar a Pérez en su campaña olímpica. ¡Que así sea!