Caterine Ibargüen: Una cita con la gloria

La antioqueña Caterine Ibargüen, plata en Londres 2012, espera subirse a lo más alto del podio y ratificar que es la mejor atleta colombiana de la historia.

Así esperamos todos los colombianos que este domingo celebre la atleta Caterine Ibargüen. / EFE
Así esperamos todos los colombianos que este domingo celebre la atleta Caterine Ibargüen. / EFE

Caterine Ibargüen es una mujer de mundo. Se la pasa viajando durante todo el año y compite constantemente en Nueva York, París, Doha, Roma, Shanghai, Bruselas, Estocolmo, Rabat, Zúrich, Mónaco, Londres, Oslo y Lausana, sedes habituales de paradas de la Liga de Diamante.

Sin embargo, para ella Río de Janeiro no es un destino más. En la Ciudad Maravillosa, la antioqueña quiere darle un cierre perfecto a su exitosa carrera con una medalla de oro en la prueba que la llenó de gloria, la del salto triple.

Para conseguirlo no dejó nada al azar. Con su entrenador, el cubano Ubaldo Duany, elaboró un riguroso plan de entrenamiento con el fin de que en agosto tuviera su pico de rendimiento más alto. Y este domingo sabremos si le dio resultado o no, cuando participe en la final de la competencia que ha dominado a su antojo desde hace exactamente cuatro años.

“El oro olímpico sería la cereza en el pastel para mi carrera”, le dijo a El Espectador la atleta, nacida en Apartadó el 12 de febrero de 1984, cuyos 1,85 metros de estatura y 70 kilogramos de peso jamás pasan desapercibidos.

Para esta competencia en Brasil intentó mantener su rutina. Llegó el jueves a Río, para evitar el acoso de los medios y los días previos en la villa, que suelen ser bastante tensos. “Hablaré todo lo que quieran después de la prueba”, les dijo amablemente a los periodistas que fueron a esperarla al aeropuerto Santos Dummond, el segundo de Río, al que llegan los vuelos locales, pues estuvo la última semana entrenando en São Paulo. Con algunos aficionados, sin embargo, sí se tomó fotos e incluso a algunos les firmó autógrafos.

“Nos quedamos allá porque había un campamento con atletas que venían para Río y podíamos trabajar con mayor calma. Quiero que se concentre exclusivamente en su prueba, porque hemos trabajado muy duro para ganarla y no podemos descuidarnos ahora”, explicó Duany.

Después, ya en la villa, Caterine se encontró con sus compañeras de selección. Saludó a Lina Flórez, quien se lesionó en un entrenamiento y no pudo participar en la prueba de los 100 metros vallas. También compartió con las integrantes del equipo de nado sincronizado, Estefanía Álvarez y Mónica Arango, antes de irse a descansar.

El viernes fue con su entrenador a la pista de práctica y trabajó en su técnica de salto, como casi siempre el día antes de la competencia. Este sábado, en la clasificación, trató de desgastarse lo menos posible para la final de hoy, desde las 7:00 p.m., hora colombiana, en la prueba más importante de su carrera, la de la consagración definitiva.

Fruto de un proceso

“Caterine es una atleta que ha vivido todo el proceso deportivo que necesita una persona para llegar al alto rendimiento. Una niña que a los 12 o 13 años fue descubierta por el técnico Wílder Zapata en un programa de talentos que la Liga de Atletismo de Antioquia tenía en la zona de Urabá. Fue llevada a Medellín a los 15 años y en la prueba del salto alto, ella empezó a jugar con el atletismo. Y con la entrenadora que se le trajo para que puliera su talento, la cubana Regla Sandino, logró clasificaciones a Mundiales y Juegos Olímpicos”, explica el dirigente paisa Julio Roberto Gómez, hoy miembro de la comisión técnica de la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo (IAAF).

Él, que ha acompañado a la saltadora en toda su carrera, agrega que “estuvo en Atenas 2004 y fue sufriendo un proceso de maduración física y personal que le dio resultados importantes, pero solo a nivel continental. Hasta que decidió irse a terminar su especialización en enfermería en Puerto Rico, como en 2008. Allá cambió de entrenador y arrancó un proceso maravilloso en la prueba del salto triple, con la que se metió definitivamente en la élite con la medalla de bronce en el mundial de Daegu, Corea, en 2011, y la plata en los Olímpicos de 2012, volviéndose prácticamente invencible (perdió solamente una vez en los últimos cuatro años), lo que muestra una gran regularidad en sus actuaciones en el alto nivel, con resultados que son fruto de la constancia, del profesionalismo, de la ambición, del deseo de ganar y del compromiso, lo que la ha llevado a ser, en mi concepto, la atleta más grande que ha dado Colombia en todos los tiempos”.

Es él, precisamente, quien insiste en que Ibargüen todavía puede mantenerse un par de años más como la reina del salto triple. “Ella exploró con buenas marcas la velocidad, las vallas y el salto alto y largo. Todo eso la hubiera podido ayudar a ser una multiatleta, aunque no sabemos si tan destacada y exitosa como ahora”, dice.

Aunque sigue siendo la misma chica alegre, espontánea y dicharachera que enamoraba con su sonrisa y su escultural figura a propios y extraños en los campeonatos nacionales y continentales, Caterine es hoy una figura mundial.

Compañías internacionales se la pelean para que sea su imagen, mientras ella se abre nuevos horizontes incursionando en el diseño de ropa deportiva. Su futuro pinta más como el de una empresaria, aunque ella insiste en que, cuando el tiempo se lo permita, va a ejercer la enfermería, aunque ya le han hecho ofertas para que se dedique a la dirigencia deportiva.

Pero esas son cosas que a ella todavía no le preocupan, aunque constantemente piensa en que es el momento de asegurar económicamente su Porvenir.

Rypakova, la rival

Para la prueba del salto triple en Río se clasificaron 37 deportistas. Y la gran favorita para conquistar el primer lugar es Caterine. La razón: encadenó 34 victorias consecutivas en los últimos cuatro años, que la llevaron a coronarse campeona de las ligas de Diamante de 2013, 2014 y 2015, además de los mundiales de Moscú 2013 y Pekín 2015. Su única derrota fue el 5 de junio pasado, en Birmingham, Inglaterra, cuando terminó segunda detrás de la kazaja Olga Rypakova, quien fue justamente la que le ganó el oro en Londres 2012.

“El invicto realmente no nos obsesionaba. Nuestro objetivo siempre han sido los Olímpicos, llegar acá en un nivel adecuado para vencer, no solamente a Rypakova, sino a todas las demás chicas”, explica el técnico Ubaldo Duany.

La mejor marca de 2016 en la especialidad fue un salto de 15,04 metros que logró Caterine el 6 de mayo en Doha. La venezolana Yulimar Rojas hizo 15,02 en junio, en Madrid. Lo más destacado de Rypakova fueron 14,61 en Doha, lejos de los 14,98 con que ganó hace cuatro años en los Olímpicos de Londres, en donde la colombiana apenas saltó 14,80 y fue plata, por delante de la ucraniana Olga Saladuha, que con 14,79 fue tercera.

“El objetivo de nosotros es el oro. Para eso tenemos que hacer nuestro mayor esfuerzo y saltar lo más fuerte posible. El registro no me preocupa, el metal sí”, admitió Duany, cuya pupila tiene un récord de 15,31, que logró en Mónaco en julio de 2014 y que es la quinta marca de todos los tiempos. El mejor salto de la historia lo hizo la ucraniana Inessa Kravents, en Gottenburgo, Suecia, en 1995, cuando alcanzó los 15 metros y 50 centímetros.

A tumbar ese récord podría apuntarle Caterine antes de retirarse, una idea que ha contemplado y que ha discutido con sus amigos más cercanos. Eso sí, por ahora su mente está puesta solo en Río, en colgarse el oro olímpico y ratificar su puesto entre los grandes atletas de la historia, tarea para la cual se ha preparado con la misma dedicación y alegría con la que corría por las polvorientas calles de su natal Apartadó, esa tierra que lleva en el corazón y de la que siempre habla en sus viajes alrededor del mundo.