Colombia en los Juegos Olímpicos: 84 años de una historia apasionante

Un recorrido entre 1932 y 2012, con los primeros pasos, las dificultades y las hazañas del deporte nacional en las justas.

El atleta boyacense Jorge Perry Villate fue el primer colombiano en participar en los Juegos Olímpicos. /Comité Olímpico Colombiano

Perry y el estreno olímpico

El atleta boyacense Jorge Perry Villate se convirtió, a sus 24 años, en precursor olímpico del deporte colombiano al representar a nuestro país en las Olimpiadas de Los Ángeles, Estados Unidos, en 1932. Por eso, su nombre pasó a la posteridad y se transformó en verdadera leyenda del atletismo colombiano.

Como en el país no existía Comité Olímpico, éste fue creado en 1936, porque el intento iniciado ocho años antes con la Asociación Deportiva Colombiana se frustró, Perry presentó solicitud directa al Comité Internacional, responsable de la olimpiada, para que le fuera aprobada su petición de ser el único representante de Colombia.

La respuesta del COI no solo fue afirmativa, sino que además le ofreció apoyo para que viajara cuatro meses antes a la sede del evento y adelantara allí la parte final de su entrenamiento.

Una reseña de El Espectador, publicada el 2 de septiembre de 1987, recuerda que el 30 de julio de 1932 Colombia hace su estreno en unos Juegos Olímpicos, los décimos de la era moderna, en el estadio de Los Ángeles, con un solitario atleta, maratonista, rubio, de 1.73 metros de talla, con ademanes tímidos e ingenuos, y de quien se sabía menos que del país que representaba”.

Pero esta primera intervención olímpica no reportó grandes logros, ya que Jorge Perry se vio obligado a abandonar por un desmayo, a los diez primeros kilómetros de una prueba que tiene 42 kilómetros 195 metros. Pese al resultado, el atleta colombiano fue condecorado, por el COI, con la medalla al mérito. El ganador de la carrera fue al argentino Juan Carlos Zabala (2:31.36), quien por apenas nueve segundos superó al británico Sam Ferris. Medalla de bronce fue el finlandés Armas Toivonen (2:32.12).

“Jorge Perry Villate era hijo de inmigrantes europeos, Alfredo Perry, inglés, y Lola Villate, española, quienes llegaron a Colombia en los albores del presente siglo y se radicaron en la población boyacense de Samacá, en donde nació él, en 1910. Sus progenitores provenían de un pueblo cercano a Londres y vinieron a nuestro país atraídos por la existencia de unas minas de carbón localizadas en un sector aledaño a Samacá, las que a la postre, y después de superar muchos inconvenientes por ser extranjeros, les sirvieron para forjar un medio de vida cómodo”.

“Después de retirarse del atletismo activo, Jorge Perry se dedicó a enseñar este deporte, hasta que en 1938, un año antes de desatarse la Segunda Guerra Mundial, se le despertó uno de los más inusitados perfiles.  Como pertenecía a los Boy Scauts, viajó a Alemania a un intercambio y se enroló en las juventudes nazis, y durante algunos meses perteneció a grupos paramilitares que defendían la causa del dictador Adolf Hitler, aunque nunca salió de un campo de entrenamiento. De vuelta a Colombia explicaría que lo que le atrajo hacia las juventudes nazis fueron su deseo de continuar con la ejercitación física y la disciplina que se imponía a los jóvenes, como condición para permanecer en los lugares de adiestramiento”.

“El final de un hombre que aparte de haber sido un solitario en la inmensidad del estadio de Los Ángeles, lo fue también en su propia vida porque permaneció célibe hasta el fin de sus días, ocurrió el 29 de diciembre de 1946, a los 36 años.  Perry había sufrido un desmayo el 21 de diciembre anterior, cuando se dirigía en motocicleta hacia la casa de sus padres en Samacá, Boyacá, y nunca logró recuperarse hasta el fatal desenlace. Falleció de pulmonía en el Hospital de San José, de Bogotá, a donde fue trasladado luego del accidente” .

Berlín 1936

La bandera olímpica ondeó en los Olímpicos en Berlín, en 1936, al lado de la bandera nazi. / Bundesarchiv

En agosto de 1936, en Berlín (Alemania), el atletismo vuelve a ser el único deporte presente por Colombia en una olimpiada. Esta vez fueron seis los participantes: el semifondista Pedro Emilio Torres, los velocistas José Domingo Sánchez, Campo Elías Gutiérrez, los fondistas Hernando Navarrete, de apenas 20 años de edad,  y Hugo Acosta (una lesión le impidió actuar), y el saltador Pedro del Vecchio (al final no participó por diferencias con el delegado Juan de Dios Salgado). Ninguno logró pasar más allá de las series eliminatorias. En las justas compitieron 1.893 deportistas de 42 países, que desfilaron el primero de agosto de 1936 ante el Führer Adolf Hitler.

En el terreno anecdótico se cuenta que Campo Elías Gutiérrez tenía tanto parecido con el estadounidense Jesse Owens – cuádruple campeón de los juegos – que los aficionados se le acercaban para pedirle autógrafos. Algunos llegaron a afirmar que era tanto el pedido para Gutiérrez, que decidió cobrar por cada rúbrica. Con el producido, según se dijo, él y sus compañeros pudieron resolver parte de la crisis económica que padecían.

Turno para la limosna

Con el envío de ese contingente a Alemania el deporte colombiano inicia una larga historia de mendicidad. De alguna forma nuestro país se integraba a la opulenta familia olímpica, aunque de hecho se supiera que cualquier medalla sería esquiva. Pero el deseo de ser grandes y el de figurar en el listado de participantes, empujó a los gomosos del deporte, lo mismo que a los seis atletas, quienes acudieron a la caridad pública con el objetivo de financiar el viaje.

El diario El Tiempo abrió una colecta con cien pesos, que se robusteció con el aporte de importantes casas comerciales. El gobierno también atendió  el SOS y parte del auxilio fue entregado en la misma villa olímpica en Alemania. Con tal pobreza franciscana, la presencia de los atletas colombianos en Berlín ya constituía una verdadera hazaña. El recorrido para llegar al escenario olímpico, fue extenuante; en flota desde Bogotá hasta Honda. De ahí por el río Magdalena hasta Cartagena, con escala en Barranquilla. Luego se embarcaron en el Caribian hasta Hamburgo, y finalmente en ferrocarril hasta Berlín.

Sobre el viaje del equipo nacional, Pedro Emilio Torres comentó años después que “fue más placer. Doce días duró y fue suavizado con fiestas parecidas a las de año nuevo, en las cuales participaban todos. Nosotros nos apartábamos de vez en cuando para practicar alrededor de las piscinas; no fue lo mismo, desde luego, y llegamos algo bajos de forma”.

Y así hubieran entrenado a todo tren, era poco lo que podían hacer ante sus adversarios. Ni siquiera, las estadísticas halladas incorporan los tiempos de los corredores colombianos que alcanzaron a pisar la pista. Lo único rescatable fue la osadía de estos hombres cuyos nombres quedaron para la posteridad por ser quienes señalaron el camino a las futuras generaciones de deportistas, que vieron en ellos un ejemplo a seguir para competir sin tantos temores en el exterior.

Aparicio y Rosas en Londres 48

El atleta caleño Jaime Aparicio junto al samario Zadoc Guardiola. / Archivo - El Espectador

Luego de la suspensión de los Juegos Olímpicos en 1940 y 1944 debido a la Segunda Guerra Mundial, es Londres, en 1948, la ciudad que registra la tercera participación olímpica de Colombia, en tres deportes: atletismo (Jaime Aparicio y Mario Rosas), natación (Luis González y Luis Child), y esgrima (Emiliano Camargo y Miguel Valderrama). El equipo era completado por dos luchadores que no pudieron participar debido a que el vehículo que los transportaba se extravió en una de las calles londinenses, percance que trajo como lógica consecuencia el no haber llegado a tiempo al pesaje.

De los seis representantes nacionales la expectativa se centró en el atleta Jaime Aparicio y el nadador Luis Tiburón González. El primero era considerado uno de los mejores vallistas del continente americano y el segundo logró a dos meses de la olimpiada el octavo tiempo orbital en los 200 metros estilo pecho. Aun con dichos antecedentes, ambos fracasaron. Mario Rosas también fue eliminado en las primeras de cambio.

En sus respectivas series, Aparicio y Rosas terminaron en el cuarto lugar con tiempos de 50.8 y 51.4 segundos, respectivamente. En esta especialidad el jamaicano Arthur Wint se llevó el oro con registro de 46.3 segundos. Entre tanto, en las eliminatorias de los 400 metros vallas Aparicio también quedó cuarto (55.1), mientras Rosas fue quinto (55.9), registros insuficientes para avanzar a la siguiente ronda. Esta prueba fue dominada por el estadounidense Roy Cochran (51.1).

Fue el esgrimista Emiliano Camargo el que sorprendió al rebasar las dos primeras rondas en la modalidad de espada. En total, consiguió siete victorias y sufrió seis derrotas, lo que le permitió clasificar a semifinales, pero una lesión en su mano derecha le impidió continuar su lucha por una medalla.

Melbourne 1956

Entrada de la antorcha durante los olímpicos en Melburne. /Comité Olímpico Colombiano

Con la presencia de 3.442 deportistas de 67 naciones, entre las que aparecía Colombia con un pequeño grupo de 29 representantes de seis disciplinas, fue inaugurada en Melbourne (Australia), el 22 de noviembre de 1956, la  Olimpiada XVI de la era moderna.

Para el viaje de nuestra delegación fue necesaria una colecta pública y la rifa de un carro, aparte de reunir apoyo de cuanto voluntario apareció para financiar la travesía. La emisora Nuevo Mundo encabezó el movimiento que tuvo a Yolanda Pulecio como reina y promotora.

Avianca, por su parte, solucionó el problema de transporte destinando un DC-4 –su mejor avión de entonces– para emprender el periplo hacia la tierra de los canguros. Arrancaron el 17 de noviembre en un vuelo que duró 60 horas y tuvo siete escalas.

Esta fue la segunda y última intervención de Jaime Aparicio en la justa. Junto a él estuvieron Guillermo Zapata, Carlos Sierra, Alfonso Muñoz y Rubén Guevara (quien no participó por enfermedad). 

Aparicio finalizó quinto en su serie eliminatoria de los 400 metros planos con tiempo manual de 49.0 segundos y automático de 49.14. Charlie Jenkins (EE.UU.) fue el ganador (46.7 cronometraje manual) (46.86 cronometraje automático).

En los 400 metros con vallas, obtuvo un mejor balance y cruzó la meta en el tercer lugar de su ronda eliminatoria con registro manual de 52.0 segundos, actuación que no le alcanzó para avanzar a las semifinales de una prueba que fue dominada por Estados Unidos, que se apoderó de los tres primeros lugares con Glen Davis (50.1), Eddie Southern (50.8) y Josh Culbreath, quien había derrotado a Aparicio en los 400 metros con vallas de los Panamericanos de México-55, se quedó con la presea de bronce (51.6).

Aparicio también participó en la posta 4 x 400, en la que conformó equipo con Carlos Sierra, Guillermo Zapata y Alfonso Muñoz. La suerte no estuvo de su lado y quedaron en el último lugar de la clasificación.

Zapata, por su parte, también quedó al fondo de la fila india en su ronda eliminatoria de los 110 metros con vallas (15.3 segundos). El oro se lo llevó Lee Calhoun, de EE.UU., (13.5 segundos, cronometraje manual y automático de 13.70).

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