Colombia en los Juegos Olímpicos: 84 años de una historia apasionante (2)

Las peripecias para que nuestros deportistas nos representaran en Tokio 64. Mejía y Cochise en México 68. Las primeras medallas llegan en Munich 72.

Inauguración de los Juegos Olímpicos de Tokio 1964. /Comité Olímpico Colombiano

Mendicidad Olímpica

Los Olímpicos de Tokio 64 fueron para Colombia no solo un reto deportivo sino económico. Esta vez se repitió la historia de olimpiadas anteriores –solo faltó recurrir a las lechonadas– para reunir los fondos que permitieran a nuestros 43 deportistas (38 hombres y cinco mujeres) desplazarse a la capital del sol naciente, donde 5.137 deportistas de 93 países participaron.

Caracol radio fue abanderado de una de las campañas más grandes para apoyar a una embajada deportiva. Se realizaron pruebas atléticas, festivales musicales, rifas, todos unidos por una sola causa: Colombia en los Juegos Olímpicos de Tokio.

La periodista Clemencia Medina recordó años después en un artículo, que cualquier centavo o peso ayudaba. Las grandes y pequeñas industrias hicieron sus aportes. Totogol dio $20.000, el Sindicato de Pequeños Vendedores de Mercancías Varias $144, el Club Icollantas y Trabajadores $502, empleados de la firma Sidney Ross $1.000, el Club Deportivo Estructuras Metálicas $362 y el Club Deportes Ultra Madrid $50.

A dos días del emprender el viaje subsistían serios problemas. Emilio Echeverry, miembro del COC, aseguraba de todas maneras el viaje y solicitó a Coviajes un crédito de $250.000 para la consecución de los tiquetes aéreos, respaldado con la firma del presidente de la Dimayor, pero debido a reglamentaciones internas de la empresa para conceder un préstamo era necesario un aval o garantía hipotecaria que la junta directiva de ese organismo deportivo autorizaría un día después del desplazamiento de la delegación a Japón.

Entonces, varios directivos del deporte y periodistas sacaron por su propia cuenta el crédito de los tiquetes y el viaje se concretó para el lunes a las cinco de la tarde.

“Aún faltan $40.000”, fue el titular a ocho columnas El Tiempo, el domingo 4 de octubre. Y esta cifra correspondía al sostenimiento de la representación colombiana en la sede de los juegos. Se hizo un llamamiento a la industria, el comercio y la ciudadanía en general. El resultado de la campaña, hasta ese día, adelantada por Caracol era de $49.027.04, de los cuales $26.775.04 correspondía al dinero recaudado en la urna que por varios días permaneció en la entrada de Nuevo Mundo.

La Voz Café reunió, por su parte, $4.000, durante 20 horas de trabajo y promoción. El auxilio que otorgó el Gobierno Nacional fue de $250.000, mediante un proyecto de ley en el Congreso, cifra destinada para cubrir el crédito obtenido con las empresas aéreas.

El lunes 5 de octubre, para las cinco de la tarde estaba programada la salida de la embajada colombiana, integrada por 27 personas. El vuelo de Varing solo logró despegar a las seis de la tarde, ya que cerca de 1.500 aficionados colmaron las instalaciones del aeropuerto Eldorado, y congestionaron los puentes y pasillos. Mientras se preparaba todo el acto protocolario para despedir a la delegación, el tesorero del Comité olímpico Colombiano, Guillermo González, reunía como un mendigo, por cuanto almacén pudo, los últimos centavos para completar los $40.000.

Pero la hazaña después del regreso, no terminaba. El dinero del gobierno aún no era entregado y no había manera de cubrir el crédito de los pasajes. Las personas que se hicieron cargo de él fueron notificadas de embargo y el entonces presidente de la República, Guillermo León Valencia, directamente se encargó de que los $250.000 fueran entregados para saldar la deuda.

Para el viaje a Tokio, la Liga de Santander patrocinó a Álvaro Mejía. A Neira, vendedor de Olivetti, le dieron el tiquete con vuelta a la tierra, se fue por los Ángeles y regresó por Europa. A Grajales lo apoyó la Casa del Deporte del Valle, no había Coldeportes. Gutiérrez recibió respaldo del departamento de Bolívar y la Alcaldía de Cartagena”.

Grajales se luce en Tokio

Con sus logros, Pedro Grajales marcó el atletismo de la década del 60 en Colombia. /Archivo El Espectador

Para la Olimpiada de Tokio, Colombia participó en cinco deportes: ciclismo, esgrima, natación, tiro y atletismo (con Pedro Grajales, Francisco Gutiérrez, José Gregorio Neira y Álvaro Mejía). Los tres últimos fueron eliminados en 100, 800 y 5.000 metros respectivamente).

Fue Pedro Grajales el primer atleta colombiano en superar las rondas eliminatorias en una justa olímpica. En la sexta serie eliminatoria de los 200 metros planos, el valluno finalizó en la tercera posición con registro de 21.4 segundos escoltando al trinitario Edwin Roberts (20.8) y al australiano Bob Lay (21.3).

En la siguiente ronda (cuartos de final) Grajales terminó séptimo entre ocho corredores con tiempo de 21.7 segundos, insuficiente para avanzar a la gran final en la que se impuso el canadiense Harry Car (20.3). La medalla de plata se la embolsilló su compatriota Paul Dayton (20.5) y Roberts fue tercero (20.6).

En los 400 metros planos, Grajales fue el único latinoamericano, con 47.2 segundos, en avanzar a la siguiente serie donde fue eliminado con 47.8.

Neira, mientras tanto, a sus 25 años culminó séptimo en su serie eliminatoria de los 800 metros (1:55.6), y no alcanzó la segunda ronda. Peter Snell (Nueva Zelanda) se coronó campeón (1:45.1).

En los 5.000 metros planos el antioqueño Álvaro Mejía Flórez terminó último en su ronda (14:41.4). A lo más alto del podio subió el estadounidense Bob Schul (13:48.8).

Ya en Bogotá, Grajales y Francisco Gutiérrez, en declaraciones al periodista de El Espectador José Briceño, denunciaron que los dirigentes deportivos los habían abandonado. “En los entrenamientos nos abandonaron: en cuanto a la presentación realmente nos daba pena pues los buzos eran los más ordinarios de todos. Todos los equipos tenían masajistas que los atendían antes y después de los entrenamientos”.

Ambos atletas les salieron al paso a las ácidas críticas contra Álvaro Mejía, último en su ronda de los 5.000 metros. “Contra lo que se ha dicho Mejía corrió

con todo coraje, no obstante haber tenido que hacerlo sin poder entrenar ni calentar”.

El ciclista Mario Papaya Vanegas llegó hasta cuartos de final tras ganar en sus dos primeras series en velocidad, mientras Cochise Rodríguez tuvo un debut opaco en las justas. El nadador Julio Arango, con apenas 14 años y el más joven de los colombianos, no tuvo nada que hacer en los 400 y 1.500 metros.

Mejía, una ilusión en México 68

Álvaro Mejía visto por el maestro Héctor Osuna, en enero de 1967. / Archivo El Espectador

Las esperanzas que millones de colombianos depositaron en Álvaro Mejía se fueron al traste cuando el atleta antiqueño no pudo superar las presiones de la prensa deportiva del país, que lo daba como seguro medallista en los 10.000 metros de las Olimpiadas de México 68, que acogió a 5.558 deportistas (4.775 hombres y 783 mujeres) de 112 naciones.

Mejía se ubicó en el décimo lugar (30:10.6) entre 32 competidores, actuación catalogada como decepcionante por todos aquellos que lo “hicieron” campeón antes de comenzar la carrera. Pero revisando la tabla de clasificación, se concluye que la prueba fue muy apretada. El ganador, Neftali Temu, de Kenya (29:27.4), apenas aventajó por un segundo a su inmediato perseguidor Mamo Wolde (Etiopia) y por siete a Mohamed Gammoudi (Túnez). Es decir, el santandereano quedó a 36 segundos del bronce y fue el segundo latinoamericano en llegar a la meta. El primero fue Juan Martínez (México), quien por apenas un segundo perdió el tercer lugar. Un viejo rival de Mejía, el australiano Ron Clarke, finalizó en la sexta casilla (29:44.8).

Fue tanto el favoritismo del colombiano que la crítica mundial lo opcionaba para dirimir superioridades por la conquista de galardones; entre otros, el comentarista de World Sport, de Inglaterra, le vaticinaba el primer lugar, y Robert Pariente, de L’Equipe de París, el mejor diario deportivo del mundo, lo daba como candidato al tercer puesto. Otros especialistas de Europa consideraban a Mejía como serio enemigo de quienes aspirasen a medalla. Pese a todo, el décimo lugar se mantuvo por muchos años como la mejor actuación de un atleta colombiano en pruebas de fondo.

En su segunda y última participación olímpica, Pedro Grajales se confirmó como el mejor colombiano de pruebas de velocidad. En México, superó la

primera ronda eliminatoria en 200 y 400 metros planos, logro que ya había realizado cuatro años antes en los Juegos Olímpicos de Tokio-64.

En la primera eliminatoria de la modalidad, el vallecaucano se encasilló cuarto (21.0) y en la segunda ronda cayó al séptimo puesto con el mismo tiempo. El ganador en esta distacia fue el estadounidense Tomy Smith (19.8). Entre tanto, en la serie eliminatoria de los 400 metros Grajales terminó segundo (46.7) y le respiró en la nunca al alemán Martin Jellinghaus (46.4). Su despedida fue en cuartos de final al cruzar la raya de meta en el octavo puesto (46.5). Lee Evans tuvo el privilegio de lucir la madalla de oro sobre su pecho, con registro de 43.8 segundos.

Hernando Arrechea estuvo sobre su mejor marca e igualó con 14 segundos el registro suramericano en poder del argentino Alberto Triulzi, desde 1947. Arrechea cayó eliminado en las primeras de cambio lo mismo que Jimmy Sierra, un novato que pagó caro su viaje a unos olímpicos, pues estaba bajo de forma y quedó de último en su serie de los 100 metros (10.8). Hernán Barreneche no pudo competir en el maratón por un accidente.

En ciclismo, Cochise Rodríguez, uno de los mejores especialistas de América en persecución, fue eliminado pese a logar su mejor marca personal: 4.45.38. “Hice hasta lo imposible, pero me tocó con unos verdaderos monstruos”, declaró en su momento el pedalista paisa, quien clasificó noveno en la prueba de ruta.

Alegrías pasajeras, en cambio, produjo el relevo 4x200 metros en natación. Allí, Tomás Becerra, Federico Sicard, Ricardo González y Julio Arango lograron avanzar hasta la segunda ronda, donde fueron eliminados.

En cuanto a marcas, la hazaña de esa olimpiada fue protagonizada por el atleta estadounidense Bob Beamon, quien en salto largo hizo un record mundial de 8.90 metros, que duró vigente 23 años.

Primera medalla olímpica

El barranquillero Helmut Bellingrodt obtuvo, en Munich 72, la primera medalla olímpica en la historia del deporte colombiano.

Una temporada con el paréntesis de la Olimpiada de Munich (Alemania) fue la de 1972, que no dejó buenos dividendos para el atletismo nacional, pero sí para el deporte colombiano que en aquellos Juegos Olímpicos efectuó la mejor campaña de su historia hasta esa fecha.

El primero de septiembre de ese año, a las cinco de la mañana (hora de Colombia) el barranquillero de origen alemán Helmut Bellingrodt, un estudiante de arquitectura de 23 años, escribió con trazos de plata un capítulo histórico para el deporte colombiano, con su segundo lugar en tiro al jabalí. Una hazaña lograda 40 años después del estreno de nuestro país en esa justa, por cuenta del boyacense Jorge Perry Villate.

Para lograr su hazaña, Bellingrodt disparó 60 tiros y alcanzó 565 puntos sobre un máximo posible de 600. El soviético Lakov Zhelezniak, ganador de la medalla de oro, fue el único que lo superó con 569 puntos. A su llegada a Colombia, el 6 de septiembre, dijo a los periodistas: “Nunca sentí nervios pero sí responsabilidad. Acepto que las manos me sudaban...”.

Pero la dicha de Colombia no terminó con la hazaña de Bellingrodt. Dos boxeadores, Alfonso Pérez y Clemente Rojas, entregaron sendas medallas de bronce en contra de las expectativas, el escaso respaldo y la situación paupérrima de este deporte en el país.

El atletismo, página aparte

El atleta Víctor Mora durante una presentación en 1985, en El Campín. / Archivo El Espectador

Con siete representantes viajó este deporte a Munich. Fue la tercera y última olimpiada para Álvaro Mejía, quien se despidió lacónicamente al clasificar 48 en el maratón (2h31:56.4), prueba en la que Hernán Barreneche (2h23:40) y Víctor Mora (2h37:34) culminaron de 28 y 52, respectivamente. El ganador, Frank Shorter (EE. UU.), quien se coronó bicampeón Panamericano en Cali-71, se impuso con 2h.12:19.8

En 200 metros, Jimmy Sierra (21.10) se consagró como el mejor latinoamericano al avanzar a la segunda ronda, en la que ocupó el quinto lugar con registro de 20.87, su mejor marca personal hasta entonces.

Domingo Tibaduiza intervino en los 10.000 metros y entre 18 corredores se ubicó en la casilla 12 con guarismo de 29.24.0, tampoco clasificó a finales.

En esta olimpiada, por primera vez actuaron por Colombia las mujeres atletas. Fueron ellas: Elsy Rivas, sexta en su serie eliminatoria de los 400 metros planos; y Juana Mosquera, quien logró superar la primera ronda en pruebas de velocidad. En 100 metros, con 11.65, se ubicó octava en la segunda ronda, mientras en los 200 fue sexta, también en segunda ronda, con 24 segundos, nueva marca nacional.

Balance negativo en Montreal

Con una actuación inferior a la de Munich 1972, cuando el deporte colombiano ganó sus primeras medallas olímpicas, terminó una decepcionante actuación en Montreal.

Un editorialista resumió así la actuación: “Había firmes esperanzas, no solo de igualar sino de mejorar. Se confiaba en una actuación sobresaliente de Helmut Bellingrodt, así como también en el buen desempeño de los atletas Víctor Mora y Domingo Tibaduiza, quienes estuvieron sometidos a un plan de preparación como nunca antes lo cumplió atleta alguno y que se llevó a cabo en Europa (la de Mora y con marcas de gran nivel internacional) y la de Tibaduiza en Estados Unidos y Unión Soviética, igualmente con registros de alta calificación. Los marchistas y maratonistas no daban margen como para esperar de ellos una clasificación de honor. Y Jesús Villegas fue incluido a última hora, más por capricho de la Federación que por méritos técnicos.”

“… al hacer examen de lo ocurrido en Montreal no se debe enjuiciar a los deportistas en particular, así algunos de los que vinieron a esta olimpiada hayan pecado de irresponsabilidad o falta de interés por el compromiso adquirido para con el deporte nacional al aceptar hacer parte de la selección. Habrá que hacer el enjuiciamiento del sistema deportivo colombiano; hacer un análisis profundo de la situación y buscar la manera de que las cosas cambien si es que en verdad se pretende que a nivel competitivo el deporte colombiano sea algo en el panorama mundial.”

“…Será necesario que se dé un vuelco a lo que ha dado en llamarse la organización del deporte colombiano, que en verdad no existe… a través del Instituto Colombiano de la Juventud y el Deporte…”.

Marcas inferiores

La actuación de Mora y Tibaduiza fue inferior a sus registros personales. Mora, que corrió lesionado del talón de Aquiles, fue undécimo en su serie eliminatoria de los 10.000 metros con tiempo de 30:26.57 -muy lejos de sus 27:55.8, guarismo que llamó la atención mundial y con el cual se ubicó como el octavo del mundo ese año-. Sobre la misma distancia, Tibaduiza terminó décimo en la otra serie con 29.28.17. El finlandés Lasse Viren (27:40.38) se colgó la medalla de oro en esta prueba.

En los 20 kilómetros marcha, donde no había mayores expectativas, Ernesto Alfaro (1h33:13.8) y Rafael Vega (1h37:27.4) terminaron 19 y 31, respectivamente. Aquí se impuso el mexicano Daniel Bautista (1h24:40.6).

Jairo Cubillos, en maratón, se ubicó en la casilla 48 (2H29:04.4) a más de 20 minutos del ganador, el alemán Waldemar Cierpinski (2h09:55). En esta prueba, Rafael Mora abandonó en el kilómetro 34.

Por actos de indisciplina en la Villa Olímpica, la Federación Colombiana de Atletismo impuso una sanción de 18 meses a los corredores Rafael Vega y Jesús Villegas, quien no participó en los 400 metros planos.