Cuba-Estados Unidos, reconciliación diplomática pero rivalidad deportiva

Puede que celebren el regreso de las relaciones diplomáticas entre sus Gobiernos, pero para cubanos y estadounidenses sería un desvarío bajarle intensidad a la rivalidad deportiva entre ambas naciones.

EFE

"En el deporte seguimos igual que siempre. Los atletas seguirán en las mismas condiciones, no tienen nada que ver los asuntos de la política y el deporte", advirtió el jefe de la misión de Cuba en los Juegos Panamericanos nada más llegar a Toronto, mientras su colega estadounidense, Alan Ashley, sugirió no mezclar los temas.

Y es que por ser dos de las potencias deportivas del continente, a los cubanos les motiva derrotar a los estadounidenses y si lo logran celebran el doble, mientras los norteamericanos gozan más si eliminan a Cuba en algún deporte en el que la isla es bueno, como boxeo, atletismo o béisbol.

Justo en esa última disciplina Estados Unidos le pegó a Cuba el golpe más doloroso de todos los Panamericanos al sacudirse una desventaja de 1-5 y eliminar 7-6 a los caribeños en la fase de semifinales.

En baloncesto de mujeres, las norteamericanas echaron sal a la herida al superar 65-64 a Cuba en semifinales con una anotación de último instante que sacó a las cubanas de la lucha por la medalla de oro que no ganan desde San Juan 1979.

Cuba se desquitó con algunos de sus mejores deportistas como el abanderado de la delegación, el peso completo de lucha grecorromana Mijaín López, ganador por superioridad ante el norteamericano Robby Smith en la final, y el medallista mundial de ese deporte, Reineris Salas, ganador en 86 kilos frente al estadounidense Jake Hernert.

Aunque por mucho tiempo hubo quienes intentaron en ambos lados pasar el rencor político a los deportes, lo cierto es que aún en los años duros, muchos cubanos y estadounidenses se negaron a entrar por el aro y defendieron la amistad entre ellos.

El campeón olímpico de salto de altura Javier Sotomayor mantuvo siempre buen trato con sus rivales Charles Austin y Hollis Conway, mientras el velocista Andrés Simón, campeón mundial de 60 metros, era amigo del medallista olímpico Dennis Mitchell.

En el mundillo del voleibol, la gran jugadora estadounidense Caren Kemner, subcampeona olímpica de Barcelona 1992, sentía devoción por el entrenador cubano Eugenio George, a quien siempre pedía consejos. Y hay otros casos en otros deportes.

El combate más cruento entre cubanos y estadounidenses no se celebró. Los boxeadores de peso completo Teófilo Stevenson y Mohamed Alí jamás llegaron a enfrentarse, pero en 1996 aceptaron subirse a un ring y protagonizar en La Habana una pantomima de lo que pudo ser.

Fueron amigos hasta la muerte de Stevenson, que Alí lloró en un mensaje por redes sociales.

Hoy, que la noticia del restablecimiento de relaciones diplomáticas ocupa los titulares, en los Juegos Panamericanos los deportistas de ambos países no se dan por enterados.

Y si bien en Toronto tienen como prioridad la medalla de oro, a un cubano le sigue dejando un sabor dulce vencer a un estadounidense y al revés sucede lo mismo.