“Dejé el corazón en cada pelea”: Íngrit Valencia

La boxeadora colombiana volvió al país con el bronce que ganó en los Juegos Olímpicos de Río 2016.

Íngrit Valencia, la primera mujer colombiana en ganar una medalla olímpica en boxeo. / Óscar Péreze
Íngrit Valencia, la primera mujer colombiana en ganar una medalla olímpica en boxeo. / Óscar Péreze

Cuando Íngrit Valencia salió de Colombia rumbo a los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, metió en su maleta un par de guantes y la ropa de la delegación colombiana. Pero lo más importante que empacó fue la ilusión de entrar en la historia del deporte colombiano y convertirse en la primera mujer boxeadora en entregarle una medalla olímpica al país en esa disciplina.

Íngrit lo soñó y lo cumplió. Después de cuatro años de arduos entrenamientos, de separarse de su hijo, al que no pudo enseñar a leer como es el deseo de toda mamá, la caucana regresó al país con su objetivo cumplido: una medalla de bronce.

“Fue una experiencia inolvidable estar en los Juegos Olímpicos y poder representar al país. En cada pelea dejé el corazón y lo hacía como si fuera la última”, fueron las primera palabras de la ganadora de la medalla de bronce en su llegada a la capital de la República.

“No fui a Río de Janeiro solamente a participar. Quería subirme a lo más alto del podio. No se logró porque tenemos unas falencias por mejorar. Nos faltó roce internacional. No son excusas, tuve un gran papel”, añadió la colombiana de 27 años.

En Río 2016, la delegación colombiana hizo historia. Con tres medallas de oro, dos de plata y tres de bronce, realizó su mejor participación en las justa deportivas. De esas ocho preseas, dos las entregó el boxeo. “Soy consciente de la historia que marcamos junto a Yuberjen Martínez. Pero no solo los que ganamos medalla hicimos un gran papel, sino también todos los atletas que dejaron todo en cada una de sus competencias, así no hayan ganado. Estoy muy contenta. Espero que las mujeres del boxeo puedan seguir mi ejemplo”.

Fueron años de una preparación de alto nivel para destacarse en las justas. Por eso ahora Íngrit estará alejada un rato de los cuadriláteros. “Ahora tendré tiempo para descansar y sobre todo para estar más tiempo con mi hijo, a quien descuidé mucho por estar entrenando. Mi preparación fue mucho más dura que las peleas. Entrenar con hombres fue una tarea de mucho sacrificio. Hoy puedo decir que todo valió la pena”.

Valencia, que nació en Morales, Cauca, no se conforma con lo logrado y luchará por seguir dejando al país en lo más alto a nivel mundial: “Espero que el apoyo siga llegando para poder ir a Tokio 2020 a mejorar mi actuación. Me sobra la actitud, me sobra la disciplina, me sobra la decisión de ganar arriba de un ring”.

La vida de la boxeadora no se limita solamente a entrenar y pelear. “Mi deseo es ganar el oro olímpico, ese ha sido el sueño de mi vida en cuanto a lo deportivo. Pero también quiero que me reconozcan como una profesional, quiero estudiar licenciatura en educación física o dedicarme a la gastronomía, para brindarle un hogar a mi hijo, para que sea un hombre de bien y poder entregarle una casa propia”.