El mejor olímpico de la historia: Phelps, la leyenda continúa

Hace un año estaba detenido por conducir ebrio y este martes, en la prueba de los 200 metros mariposa, conquistó su vigésimo oro en cinco participaciones en las justas.

El estadounidense Michael Phelps durante la final de los 200 metros mariposa en Río 2016. / AFP

Minutos después de haber ganado su vigésimo tercera medalla olímpica, la decimonovena dorada, Michael Phelps se puso a llorar. Ninguno de sus podios anteriores lo emocionó tanto como el que logró la noche del domingo, en el relevo libre de 4x100 metros. (Lea también: La razón de los círculos rojos en la espalda de Michael Phelps)

“La verdad, esta medalla ni siquiera la había soñado”, reconoció en la zona mixta del Olympic Aquatics Stadium de Río de Janeiro, mientras cerca de 10.000 aficionados no paraban de corear las iniciales de su nombre, MP, el más grande deportista olímpico de la historia.

Lloró porque hace apenas año y medio estaba detenido por conducir en estado de alicoramiento. Porque pensaba que si volvía a competir lo haría para divertirse más que para triunfar. Y porque en la tribuna estaba Boomer, su hijo de tres meses, quien dormía plácidamente en brazos de su madre, Nicole, mientras su papá seguía engrandeciendo su leyenda, ante un público que fue a apoyar a los seis brasileños que nadaban esa noche y terminó haciéndole fuerza y ovacionando al estadounidense.

“Esto es una locura”, admitió Phelps en la rueda de prensa a la que asistió El Espectador. “Han sido los 100 metros más rápidos de mi vida”. Luego agregó que el corazón se le iba a salir del pecho cuando su compañero Caleb Dressel daba las últimas brazadas. “Honestamente, nunca había vivido algo así. No sé si por la algarabía que había en las tribunas o porque, tal vez muy dentro de mí, pensaba que ya no volvería a ganar a este nivel, aunque nunca me alejé realmente de las piscinas”.

En la ceremonia de premiación, Phelps intentó darles el protagonismo a sus compañeros, pero fue inútil. Los tres parecían más orgullosos de haberlo ayudado a conseguir su decimonoveno oro que de su propia victoria.

El exnadador Mark Spitz, quien logró siete medallas de oro e igual número de récords mundiales en los Olímpicos de Múnich 1972, y hoy es comentarista invitado del canal brasileño Sport TV, no ahorró elogios para su compatriota, a quien calificó de “fenómeno sobrenatural”.

“Los récords están para ser superados y él los batió todos, pero, sinceramente, creo que nadie, jamás, logrará más medallas olímpicas que Michael. Hoy los nadadores se especializan más en tres o cuatro pruebas, ya no hacen tantas como nosotros. Fui su inspiración; ahora él es la de muchos. Tal vez antes era más competitivo, venía más enfocado, ahora se le ve relajado y feliz, se nota que está disfrutando. Sus compañeros y sus rivales se lo reconocen”, agregó Spitz.

Por ser quien es, Phelps no se hospeda en la villa de atletas, sino en un exclusivo hotel en el sector de Barra Tijuca. Por eso, después de atender a los medios de comunicación, ya mucho más calmado, se despidió con un abrazo de sus compañeros, ellos sí todavía con los ojos aguados. “Ustedes se merecen lo mejor y van a seguir ganando. Volverán en cuatro años, en cambio yo no”. Son sus quintos Olímpicos (Sídney 2000, Atenas 2004, Pekín 2008, Londres 2012 y Río 2016) y sin duda los últimos, porque con 31 años de edad siente que es hora de decir adiós.

Eso sí, antes debía sumar otra medalla a su colección. El lunes en la noche disputaba la semifinal de los 200 metros mariposa, en la misma serie en la que estaba el colombiano Jonathan Gómez. Este Martes ganó los 200 metros mariposa y el jueves podrá ganar otra presea en la prueba de 100 metros, en este mismo estilo, el más difícil de la natación. No sería raro que Phelps se fuera de Brasil con 26 metales en su historial, más que 87 de los 139 países que alguna vez han logrado un podio, incluso que Colombia. (Visite nuestro especial olímpico)

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