“El Mundial de futsal FIFA fue un fracaso”: Jaime Arroyave

El dirigente asegura que el futsal es el mismo fútbol de salón que él trajo a Colombia hace 50 años, “con dos o tres modificaciones. Un plagio indebido”.

En 2011, Colombia ganó el Campeonato Mundial de Fútbol de Salón. La final se disputó ante 7.000 personas en el coliseo El Salitre. / Archivo El Espectador

Esta semana se cumplieron 50 años de la llegada del fútbol de salón a Colombia. Lo trajo Jaime Arroyave Rendón, el popular Pantalonudo, uno de los más prestigiosos formadores y cazatalentos de nuestro balompié durante varias décadas.

Fue él quien luchó durante años para que este deporte fuera reconocido por Coldeportes y el Comité Olímpico Colombiano. Y encabezó la comitiva de la Federación Internacional de Fútbol de Salón (Fifusa) que durante mucho tiempo “negoció” la integración con la FIFA. “Ellos querían era absorbernos ante el auge y el crecimiento de nuestra disciplina”, explica.

Nunca hubo acuerdo entre las dos entidades y finalmente la FIFA decidió crear un nuevo deporte, el fútbol sala. “Que no es otra cosa que el nuestro, el fútbol de salón o microfútbol, con dos o tres modificaciones. Eso fue un plagio indebido de la FIFA”, agrega el exdirigente, hoy en uso de su buen retiro.

Pero retirado no significa apartado. Sigue siendo vicepresidente de la Fifusa y está al tanto de todo lo que pasa con su deporte en el país, ahora bajo el mando de uno de sus discípulos, Manuel Sánchez.

“El micro sigue vivo. Es el deporte colectivo que más glorias le ha dado al país. Hemos ganado cinco mundiales, tres de mayores (Bolivia 2000, Colombia 2011 y Bielorrusia 2015), uno femenino (Colombia 2013) y uno sub-17 (Paraguay 2016). En Colombia se juegan al año más de tres mil torneos de microfútbol, avalados por las 28 ligas que tenemos, además de los campeonatos profesionales, masculino y femenino, y los nacionales de las categorías menores”, argumenta.

Sobre el Mundial FIFA Futsal que se realiza en nuestro país, asegura que “fue un rotundo fracaso. En lo deportivo, en lo organizativo y en lo económico. A la selección de Colombia le fue mal, porque no entró ni a los ocho mejores, hizo una presentación mediocre; el público no asistió a los escenarios, no hubo difusión, y se perdió una gran inversión del Estado y de la empresa privada para darle gusto a FIFA”.

A sus 89 años de edad, Arroyave asegura tener la autoridad moral para denunciar que “la FIFA, con su poder económico de gran multinacional, siempre se ha querido aprovechar del trabajo de otros, de los que comenzamos a masificar el deporte cuando no había nada”. También aclara que “con los actuales directivos de la Federación Colombiana de Fútbol no hay lío, porque eso fue en el pasado, en los 70 y 80, pero continúan escudándose en que siguen las directrices de la FIFA”.

“Se nos han llevado jugadores. Angellot Caro, la figura de la selección en este Mundial, comenzó en Saeta, un club nuestro, de los más representativos. Incluso supimos que a tres jugadores de micro, John Pinilla, Jaime Cuervo y John Celis, les ofrecieron una buena cantidad de dinero para jugar este Mundial, pero ellos no aceptaron”, cuenta Arroyave, quien les sale al paso a quienes critican a su amado microfútbol.

“Nuestro deporte es el original. Y es tan bueno que la FIFA no lo ha acabado. Ellos tendrán plata, nosotros pasión. Acá en Colombia el Gobierno nos ha apoyado a través de Coldeportes, así como empresas como Claro, Hero y Molten. El micro es el que se juega en todos los parques del país, en las calles, es el deporte que más se practica en el país. Y seguirá fuerte porque quienes lo manejan tienen interés en que siga vigente, en que crezca, en cambio en la Federación de Fútbol le ponen poca atención al futsal, así como al fútbol femenino y al fútbol playa”, sentencia Jaime Arroyave, quien a pesar de todos los dolores de cabeza que le ha generado esa disputa, se siente muy satisfecho por la labor que ha cumplido durante medio siglo y concluye diciendo: “La situación que hemos vivido durante años no es culpa de los jugadores, ni de los entrenadores, que muchas veces son las víctimas, sino de una empresa como FIFA, que disfrazó un deporte para apropiarse de otro, porque vio ahí un gran negocio. Nosotros, que pensamos en el juego y no en la plata, hemos sorteado dificultades y vamos creciendo. Ellos, con todo el dinero del mundo, no han podido consolidarse. La prueba, contundente, es lo que ha pasado en este Mundial de Colombia 2016, en donde el público, que es lo más importante en el deporte, ha brillado por su ausencia”.

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