El primer día como campeón olímpico

Óscar Figueroa tuvo este martes la jornada más agitada de su vida. Entre cámaras, micrófonos, besos, abrazos y aplausos exhibió su medalla dorada.

A todo pulmón. Así gritó el pesista colombiano Óscar Figueroa la conquista de la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Río 2016.  / EFE
A todo pulmón. Así gritó el pesista colombiano Óscar Figueroa la conquista de la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Río 2016. / EFE

A Óscar Figueroa es fácil darle cuerda. Se expresa con solvencia, tiene claras sus ideas y se siente cómodo compartiéndolas. Sin embargo, nunca había pasado tanto tiempo hablando como desde que ganó la medalla de oro olímpico, el lunes en la noche.

Lleva dos días sin dormir, respondiendo entrevistas y llamadas de felicitación, atendiendo desde personajes reconocidos del ámbito nacional hasta amigos de infancia y vecinos del barrio.

¿Cansado?, le preguntan. “No, tranquilo, dele”, dice resignado, pasmado, mientras sonríe para una foto. Nunca a un colombiano le han tomado tantas en tan poco tiempo. Tres horas después de su coronación, en uno de los corredores del pabellón 2 de Riocentro, en Río de Janeiro, al menos 50 aficionados colombianos lo esperaban para saludarlo y retratarse con él.

Hasta los voluntarios que trabajan en la organización y los miembros del ejército brasileño, encargados de la seguridad, se le acercaban con sus celulares para guardar el recuerdo.

Este martes, muy temprano, se alistó para cumplir con algunos compromisos. “El domingo tenía 5.000 seguidores en Instagram y ahorita que miré ya iba en 30.000”, cuenta.

Su primer día como campeón olímpico no fue fácil. Dio muchas entrevistas, incluso a los medios con los que ya había hablado en la noche anterior. Y a medida que repetía su discurso, lo iba puliendo. “Siempre que he expresado algo lo he hecho en pro del desarrollo del deporte colombiano, buscando el desarrollo social de los atletas. Tratando de que se hagan las cosas bien para que, como ahora, se den los resultados”, insiste una y otra vez.

Recibe una tremenda ovación al llegar a la Casa Colombia, el sitio en el que el Gobierno Nacional destinó para promocionar el país en Río. “Figueroa, Figueroa, Figueroa”, le gritan unos 200 compatriotas e incluso varios periodistas que no están acreditados para las justas y que no lo habían podido contactar. Luego se sienta, atiende un par de llamadas vía celular, una de un político y otra de un famoso deportista.

Alguien le pasa un video del momento de su coronación. Él lo mira en silencio. Se conmueve, pero esta vez no llora.

Y comienza de nuevo, aunque con la voz entrecortada: “Mis palabras son constancia, perseverancia y disciplina. Esto no es suerte, es trabajo, dedicación, entrenamiento y fe”.

A su lado ya no está Oswaldo Pinilla, su entrenador, quien tiene que encargarse de la participación de los demás pesistas colombianos. Este martes el turno fue para Mercedes Pérez y Luis Javier Mosquera.

El estratega, sin embargo, describió a Óscar Albeiro como “un hombre que defiende sus ideales, que confía en su capacidad y en la de su gente, un promotor del talento colombiano por encima de cualquier cosa”.

Ana Edurne Camacho, la presidenta de la Federación Colombiana de Levantamiento de Pesas, asegura que “él es una persona de temperamento fuerte y mentalidad persistente, crítico y aferrado a sus creencias, deportivamente muy estructurado, sabiendo siempre para dónde va. Un hombre transparente, estricto, parece militar. Con él lo blanco es blanco y punto”.

Ella lo acompañó durante casi toda la jornada y escuchó atentamente cada uno de sus planteamientos, incluso cuando se refirió a su gestión al frente de la entidad: “He conocido muy malos dirigentes, personas que hicieron que embargaran la Federación, hasta que llegó la doctora Ana, alguien con los pantalones bien puestos, que vino a respetar a los deportistas y a darles prioridad, a ordenar la casa, aunque no faltan los ataques y las acusaciones sin fundamento de los viudos del poder”.

Óscar, quien aspira a convertirse en dirigente deportivo, para lo que se prepara estudiando administración de empresas, no se separó ni un instante de su medalla. De hecho, escuchó con atención a alguien que le explicó que “fue diseñada por la Casa de la Moneda de Brasil, pesa 500 gramos y está hecha de plata 92 %, bronce (6 %) y oro de 24 quilates (2 %). Vale unos US$6.000”.

En la tarde por fin pudo reunirse un rato con su mamá y algunos de sus amigos, antes de regresar a la Villa, en donde esta noche sus compañeros de delegación le harán un homenaje.

“Me voy para Colombia el fin de semana, porque tengo que volver a estudiar, llevo mucho tiempo por fuera y debo ponerme al día en varias materias”, explicó Figueroa, quien después de graduarse quiere hacer un magíster en administración pública.

Sus allegados aseguran que en un par de años incursionará en la política, un tema que lo apasiona y para el que ha demostrado talante. Además, ahora está a otro nivel, es el único colombiano que sabe lo que se siente ser un campeón olímpico.

 

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