La hazaña olímpica que inmortalizó a Nadia Comaneci

La gimnasta rumana logró por primera vez en la historia la marca perfecta de 10.0 en los Juegos de Montreal 1976.

Nadia Comaneci durante su actuación en barras paralelas en Montreal 1976. Foto: EFE

Ya han pasado 40 años, pero la huella es imborrable. Su nombre es sinónimo de perfección. En Montreal 76, una niña de 14 años sorprendió al mundo en los Juegos Olímpicos con un ejercicio perfecto, sin fisuras. El Forum de Montreal estalló en aplausos por Nadia Comaneci, una rumana que por primera vez en la historia conseguía la máxima puntuación en gimnasia: 10.0. Se cumplieron cuatro décadas de aquel momento sublime, de perfección, que le permitió subirse al podio olímpico por primera vez con una medalla de oro. (Lea también: La mala hora de la gimnasia rumana)

Comaneci se inició en la gimnasia porque le gustaba sentir el viento contra su cuerpo: le permitía sentir la libertad. En el patio de la escuela a la hora del recreo soñaba con practicar este deporte. En una época en la que la propaganda de la dictadura de Nicolae Ceausescu utilizaba los logros deportivos para elogiar la superioridad del régimen comunista. La gimnasia fue vista por las familias menos favorecidas como una de las pocas oportunidades de salir de la pobreza. Pero para Nadia no fue una imposición. Béla Károlyi fue quien la descubrió mientras buscaba niños para su Escuela Experimental de Gimnasia de Onesti. Inició a entrenar con Marta, la esposa de Béla. Pero gracias a sus movimientos perfectos y su desenvolvimiento a pesar de su corta edad motivaron a su entrenador a trabajar con ella.

Tan sólo unos meses después de iniciar sus entrenamientos, Nadia se presentó al Campeonato Federal en Rumania, donde los nervios de estar en su primera actuación la llevaron a tener una tarde difícil al tropezar tres veces durante su ejercicio de equilibrio de barras. Este momento definió su carrera. “Quiero ser una campeona”, fueron las palabras de la rumana. Desde ahí comenzó a destacarse en los campeonatos juveniles hasta que a los 12 años ganó sus primeras tres medallas de oro y una de plata en los Campeonatos de Europa en Noruega. “Yo nunca tuve grandes sueños porque si no los conseguía, me sentía decepcionada. Siempre me propuse pequeñas cosas para conquistar. Eso me encaminará hacia una dirección que me permitirá alcanzar cosas mayores en el futuro”, dijo en una entrevista con la BBC.

En 1975 se dio a conocer a nivel mundial con sus cuatro triunfos sobre la pentacampeona de Europa, la rusa la rusa Lyudmila Turishcheva, durante los campeonatos celebrados en Skien (Noruega) y a inicios de 1976 sorprendió al ser la primera mujer en realizar el doble mortal de espaldas en la salida de su ejercicio de asimétricas, algo nunca antes visto. Pero su mente ese año estaba puesta en un solo objetivo: Los Juegos Olímpicos de Montreal. Llegó el día más importante. El 18 de julio de 1976 combinó todo su potencial en una rutina de 20 segundos para obtener la calificación perfecta; sin embargo, la máquina no estaba preparada para recibir una calificación de dos dígitos, por lo que dio como resultado un 1.00.

Pero ese puntaje no fue el único puntaje máximo que recibió. En seis ocasiones (tres por equipos, dos en el concurso individual y otra en la final de barra) maravilló a los jueces con sus movimientos gráciles. La más importante, la del concurso general, donde ganó el oro para demostrar que era la más completa. Esta presea la repitió en las disciplinas de asimétricas y de barra de equilibrio. Sólo pudo ser plata en el concurso por equipos porque pese a su gran actuación las soviéticas fueron mejores que sus compañeras en el ejercicio de suelo.

A lo largo de su carrera ganó un total de nueve medallas olímpicas, cinco de oro, en las citas de Montreal-1976 y Moscú-1980, recuerda cuatro décadas después unos momentos que permanecen intactos en su memoria. “Puedo sentir nítidamente el momento en que iba caminando por el pabellón y el ruido que había. Puedo sentir todo eso. Recuerdo quién hacía el ejercicio de suelo mientras yo estaba en las barras. Hoy recuerdo todos esos momentos”, dice la exgimnasta con anhelo. Comaneci actualmente dirige una escuela de gimnasia en Oklahoma (Estados Unidos) junto a su marido, el entrenador y campeón estadounidense Bart Conner, donde aún mantiene el gusto por el deporte. "Practico cuando nadie está en el gimnasio", confesó hace días a Laureus.com.

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