“Hice todo lo posible. Sé que mi familia está disfrutando de esto": Yuri Alvear

Vendió empanadas y bonos de solidaridad durante su niñez en Jamundí, Valle. Superó la pobreza con el judo, como casi todos nuestros deportistas en sus respectivas disciplinas.

Tras el bronce en Londres 2012, Yuri Alvear consiguió su segunda medalla olímpica. / AFP

Su madre Miriam Orejuela Vidal trabajó lavando y planchando en casas. Luego en un restaurante. Su padre Arnody Alvear Villegas era constructor. Dejaban en un hogar de madres comunitarias, hasta la noche, a la pequeña Yuri. A ella, tiempo después, la persiguieron también los oficios de supervivencia: vendía boletos de solidaridad y ofrecía empanadas por todo el barrio Belalcázar de su natal Jamundí, Valle del Cauca. La razón: no tenía un peso para sus competencias de judo.

Yuri Alvear, quien nació en la madrugada del 29 de marzo de 1986 en el Hospital Universitario de Cali, escuchó por primera vez la palabra “judo” cuando tenía 14 años. Cursaba noveno grado en el Liceo Técnico Comercial de esa ciudad y el profesor de educación física, Ruperto Guauña, a quien lleva siempre en su corazón, se inventó un programa complementario: aquellos que practicaran esa disciplina en las horas libres, no presentaban exámenes ni trabajos en su materia.

Yuri, que había pasado por el voleibol, el basquetbol, el atletismo y hasta el waterpolo, probó y se quedó en él. Más que eso, el judo la metió de cabeza en la historia de Colombia. “Estoy muy agradecida con dios por la medalla. No es fácil tener buenos resultados en este deporte. Quise ir por la de oro pero no lo pude lograr”, decía tras adjudicarse la medalla de plata en los 70 kilogramos este miércoles en Río 2016, tras perder con la japonesa Haruka Tachimoto.

Durante la premiación y la atención a la prensa no pudo evitar que cayeran lágrimas. En ese entretanto recordó la película de su vida, los dos o tres entrenamientos al día que realizaba en el coliseo de su ciudad, las peripecias por conseguir dinero para viajar a las competencias. No olvidará las veces en que sólo había recolectado para dos tiquetes y eran tres las deportistas de su colegio que competían. Ella, la de menos experiencia, se tenía que quedar.

Sólo en 2003 pudo viajar a un torneo en República Dominicana con un auspicio gubernamental y luego con ayuda de Coldeportes e Indervalle ha logrado curtirse en el exterior. “Son muchas cosas que uno tiene que dejar por el deporte, pero siempre con la mejor de las ganas. Sé que para mejorar tengo que salir del país y ha así lo he hecho.”

Tanto que en la actualidad es una de las colombianas que más roce internacional poseen, pues todo el año viaja en representación de nuestro país. En 2009, 2013 y 2014 alcanzó la medalla de oro en el Campeonato Mundial de Rotterdam y juntó con las preseas doradas que ganó, se encuentra el bronce que consiguió hace cuatro años en Londres.

“Lo siento mucho, hice todo lo posible. Sé que mi familia está disfrutando de esto, además de todas las personas que me apoyaron, estoy aquí parada por ellos. Lo intente todo. Me siento muy contenta”, fueron las palabras de la vallecaucana que más allá de habérsele escapado el oro, nuevamente dice presente en lo más alto del deporte mundial y se va de Río 2016 con la satisfacción del deber cumplido.