Jhonathan Flórez, voló alto por cumplir sus sueños

“Loco el que no es capaz de hacer lo que le llena el alma”, repetía constantemente el antioqueño de 32 años, pionero del deporte extremo en el país.

El paisa Jhonathan Flórez vivió y murió por su gran pasión: volar.

Por más miedo que uno les tuviera a las alturas, después de hablar con Jhonathan Flórez era inevitable sentir ganas de volar para experimentar la sensación de libertad, paz y alegría que él describía con tanta pasión y exactitud.

“El hombre pájaro”, quien murió el viernes en un accidente en Suiza, mientras probaba un nuevo traje para sus saltos, vivió intensamente sus 32 años y le apostó a ser feliz.

“Loco el que no es capaz de hacer lo que le llena el alma”, respondía con vehemencia, incluso a sus familiares y amigos cercanos, cada vez que le hablaban del peligro de su profesión. “Si se cumple con todos los protocolos, este es un deporte muy seguro”, decía.

Tenía razón, pero lamentablemente no podía controlarlo todo. “Él tenía un traje que estaba ensayando para una competencia en China. Estaba con dos compañeros y fue el último en salir. Iba a coger una curva de la montaña, al parecer un glacial, y el traje no le dio la suficiente elevación. Él simplemente impactó. Murió instantáneamente y no sufrió”, explicó su hermana Karen, a quien le queda el consuelo de saber que Jhonathan hacía lo que amaba y era feliz.

Alegría, energía y amor era lo que contagiaba este antioqueño, nacido en Medellín, quien se enamoró del paracaidismo desde muy niño e hizo su primer salto cuando apenas tenía 13 años. “Ya como a los 20 o 21 comencé en serio”, explicaba.

En busca de su sueño se fue a Estados Unidos, en donde era instructor y realizaba actividades complementarias con disciplinas innovadoras como el XRW, Cross Relative Work, vuelo en paracaídas y en trajes con alas.

“Esta es mi vida y soy muy feliz. Si tuviera más plata no me la gastaría en carros o casas, ni siquiera en ropa, sino en volar”, decía y escribía emocionado.

Viajó por todo el mundo y disfrutó paisajes espectaculares, entre los que recordaba especialmente The Eiger, en los alpes suizos; el Troll Wall, en Noruega, y el Dent de Crolles, en Francia, lugares en los que se “purgó el alma”, pues sus saltos eran “oportunidades de sentirse libre, vivo y realizado”.

Dueño de varios récords Guinness y apoyado por Red Bull, Coldeportes e Indeportes Antioquia, Jhonathan murió “haciendo lo que amaba. Ahora está volando con sus propias alas. Es un pájaro más que se quedó en la memoria de todos. Su legado fue decir que el cielo es el límite”, dice su hermana.

“Eres un pájaro que desde el cielo cuidará siempre de nosotros”, le escribió Rigoberto Urán, mientras Mariana Pajón señaló: “Volaste alto por tus sueños y así te recordaremos. Colombia perdió a un grande, descansa amigo”.