Katinka Hosszu y Shane Tusup, sociedad dorada en los Olímpicos de Río

La nadadora húngara relanzó su carrera amparada en su marido, un entrenador excéntrico y exhibicionista

Hosszu logró el récord del mundo y el oro en 400m estilos, en 100m espalda, y en 200m estilos. Foto: EFE

Katinka Hosszu abandonó la Universidad del Sur de California en 2012 con una licenciatura en psicología, un programa de preparación fallido a las órdenes de Dave Salo, y un marido extravagante con aspiraciones de entrenador y mánager mercantil. Su pobre actuación en los Juegos de Londres, a donde llegó como gran favorita en las pruebas de estilo, la empujó a redefinir su vida. Cuatro años más tarde, a punto de cumplir los 28, se ha convertido en una espaldista de primer nivel. Los Juegos de Río, sede de su cuarta participación olímpica, la han consagrado como la nadadora más versátil. El récord del mundo y el oro en 400m estilos, en 100m espalda, y en 200m estilos, le aseguran un puesto entre las más grandes nadadoras de todos los tiempos. Ella atribuye el éxito a su peculiar relación profesional con su marido y entrenador, Shane Tusup.

Tusup es casi tan visible como su esposa en Río. Tocado con una gorra roja y adornado con cadenas con crucifijos y calaveras, el hombre asistió a la final de 200m estilos dando saltos sobre sus zapatillas de diseño fucsia, detrás de una valla publicitaria, y sin parar de gritarle a su mujer, que se esforzaba entre dos aguas por tocar la pared primero. El paroxismo de Tusup molestó a algunos de los nadadores que asistían a la carrera en una grada cercana.

Josh Prenot, mediofondista del equipo estadounidense, publicó un vídeo de Tusup en Twitter, en el que se le ve violentamente afectado por los progresos de su esposa en el agua: "Todos parecen disfrutar del 200 estilos femenino excepto este señor. ¡Cálmate, hombre!".

Nacido en California hace 28 años, licenciado en Ciencias del Deporte y ex nadador de espalda de nivel nacional en sus mejores tiempos, Tusup goza de mala fama en su país. Jessica Hardy, medallista olímpica en 2012, lo sentenció en declaraciones a The New York Times: "He visto que muchas veces Shane se comportaba de forma poco apropiada; he visto a entrenadores exhibir este tipo de comportamientos pero éste alcanza otro nivel. Da miedo".

A Jessica Hardy no le gusta. Pero a Katinka Hosszu le ha proporcionado unos resultados extraordinarios. Desde que la pareja dejó Los Ángeles para instalarse en Budapest, la proyección mediática y los resultados de la nadadora húngara no han dejado de inflarse. Cinco oros en campeonatos mundiales y más de 100 carreras al año en todo tipo de circuitos, cambiaron su perfil. Primero, técnico. Luego, psicológico.

"Él cree en mí"

"Somos raros, somos diferentes, no somos normales, somos nosotros mismos", explica la nadadora para justificar su relación con Tusup. "En los entrenamientos es una persona complicada, pero en casa es muy dulce y nos reímos mucho. Él cree en mí más de lo que yo creía en mí misma. Él fue el primero en ver que yo podía ser campeona de 100 y 200 espalda".

Apoyándose en su estilo de espalda, Hosszu reconstruyó su programa, multiplicó sus apariciones en la Copa del Mundo hasta convertirse en la primera nadadora en superar el millón de dólares en premios, y ganó el oro este miércoles. Su tiempo, 2m 6,58s, se aproximó a su récord del mundo del año pasado en los Mundiales de Kazán (2m 6,12s). La segunda ocupante del podio, la británica Sloboan Marie O'Connor, hizo 2m 6,88s siguiendo a la campeona como referencia. Maya Dirado fue bronce con 2,8 minutos.

"Pensé que con un oro olímpico me contentaría porque no tenía ninguno", dijo, tras la carrera. "Es bastante irreal. Estoy súper emocionada. Honestamente, no creo haber hecho mi mejor carrera, pero en los últimos cuatro años me he preparado para tocar la pared primero, incluso cuando no tenga mi mejor día".

Katinka Hosszu estaba feliz y un punto desafiante en la sala de conferencias. Su marido la observaba desde la última fila.

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