Mariana Pajón se parece mucho a mí

Claro, yo no tengo dos medallas olímpica, ni sus títulos mundiales, no me conoce tanta gente, no tengo sus piernas y mucho menos su paciencia. No, entonces corrijo: cada día quiero parecerme más a ella.

La bicicrosista Mariana Pajón fue la segunda Deportista del Año de El Espectador y Movistar. Foto: El Espectador

En septiembre de 2013 fue la primera vez que hablé con Mariana. Como estaba trabajando, intenté disimular un poco la gran admiración que sentía por ella. Sin embargo, solo hay que estar algunos segundos a su lado para conocer su grandeza humana y sentirse con la confianza de querer abrazarla, agradecerle y decirle todas las cosas positivas posibles. Desde ese día, y por fortuna y regalos de la vida, he seguido estando cerca de ella.

Uno de los momentos más especiales lo vivimos en el Mundial de BMX que se corrió en Medellín, la ciudad donde nació Mariana, y en la pista que lleva su nombre.

El primer día de competencia fue la contrarreloj individual, una prueba que se realiza antes de la carrera para reconocer al pedalista más rápido. Son menos de 50 segundos en la pista y en ese momento mi único trabajo era estar en la línea de meta esperando a Mariana. Claro, no les digo mentiras, pensé que ella tendría el mejor tiempo, eso creíamos la mayoría y se demostró cuando el cronómetro paró y salió en la pantalla que había quedado tercera, toda la pista se quedó unos segundos en silencio. Yo le vi una expresión a Mariana que nunca le había visto. El médico pidió una bebida hidratante para darle, ella no estaba bien físicamente y aun así había corrido con toda su energía, pero también era algo emocional, la presión era altísima.

Mientras seguía rodando e intentando tener la mejor actitud posible, le pregunté qué necesitaba, qué quería que hiciera. Algunos metros después la estaban esperando decenas de periodistas y fotógrafos, luego era la premiación; no importaba cómo estaba ella, en el programa todo debía continuar. Y entonces me dijo: “María, necesito otras piernas”. Yo, sorprendida y aguantándome las lágrimas, le respondí lo que miles de colombianos seguro pensarían en ese momento: “Mari, ¿qué son esas bobadas? Todos queremos tener tus piernas, eres la mejor del mundo, eso todos lo sabemos”.

Era la primera vez que la oía decir algo negativo, lo que fuera. Y entendí lo que a muchos a veces se nos olvida: ella es humana, con poderes y talentos especiales; con medallas, trofeos y millones de seguidores en todo el mundo, pero humana. Tan sensible y vanidosa como cualquier mujer; tan consentida como cualquier hija, hermana de dos hombres y novia de un romántico francés. Tímida en ocasiones, un poquito seria en otras, pero humana al fin y al cabo, y eso la hace más poderosa.

Lo que pasó al otro día ya lo conocemos. En la pista Mariana Pajón Londoño, volvió a hacer paralizar el corazón de los colombianos y se coronó campeona mundial en la competencia anual más importante del BMX. Por primera vez la vi llorar luego de ganar una competencia, puso a sonar el himno de Colombia y con la bandera tricolor se subió a lo más alto del podio acompañada de sus familiares y amigos. Como el día anterior, yo también la estaba esperando en la meta con la misma ilusión y admiración. Esta vez la abracé y me dijo: “¡Lo logramos!”. Ella lo había logrado. A pesar de la presión, de lo que había pasado el día anterior y de no estar en su ciento por ciento, volvió a ser campeona mundial y esta vez fue en su casa. 82 días después, logró su segunda medalla de oro en unos Juegos Olímpicos.

Sus logros deportivos los conocemos, en redes sociales y en los principales medios de comunicación es común leer noticias sobre ella. Alguna vez, hablando con varios periodistas, unos afirmaban que por lo común que se había vuelto, ya no era noticia cuando Mariana ganaba algo, y aunque no esté de acuerdo porque conozco el sacrificio y la preparación que hay detrás de cada carrera, es una realidad, todos nos acostumbramos a verla ganar.

A pesar de que a ella no le guste como suena y quiera darles igual importancia a todos los del país, Mariana Pajón es la deportista más importante de la historia de Colombia, la más ganadora, la única que tiene dos medallas de oro en unos Juegos, la que ha ganado todo lo que ha corrido, la que en un mismo año fue campeona mundial y olímpica, pero sobre todo, la que Colombia quiere y admira, eso también se lo ha ganado.

No es estrategia, ni mercadeo, ni ganas de quedar bien. Mariana es amable, carismática, sonriente, querida, amiguera y sencilla porque así creció, así es ella, es su esencia, es como su familia la educó. En eso nos parecemos, tenemos familias grandes y amorosas, abuelas encantadoras, dos hermanos talentosos, disciplinados y cómplices del éxito (en mi caso, hermanas) y unos papás que siempre han estado presentes y dispuestos a sacrificarse y acompañar nuestros sueños.

Mariana es una de las personas más familiares que conozco, por eso estoy segura de que además de sus grandes logros deportivos, este año también será inolvidable por la propuesta de matrimonio que su novio, el francés Vincent Pelluard, le hizo en París el 10 de octubre, día del cumpleaños de Mariana. Como un cuento de hadas de la actualidad, al lado de la Torre Eiffel, en la capital del amor, la reina mundial del BMX le dijo que sí a su apuesto, tierno y amoroso caballero.

Necesitaría todo el periódico y casi un libro para poder contarles más historias de Mariana y su encantadora familia, pero sobre todo para hablar de sus grandes logros deportivos y sus especiales cualidades humanas.

El 2016 la consagró como la mejor deportista de la historia olímpica de Colombia, le dijo sí al amor de su vida y también a los cientos de seguidores que cada día la buscan para que les dé un autógrafo o les regale su sonrisa para una foto. El 2017 viene cargado de más sueños, carreras, amor y buena energía. Mariana espera correr las rondas europeas, incluyendo el Campeonato Nacional de Francia; también las copas Mundo, el Mundial que se correrá en Estados Unidos y las competencias que haya en Colombia, entre esas, el Campeonato Nacional y los Juegos Bolivarianos. Mientras tanto, su familia, amigos y admiradores, seguiremos pedaleando a su lado.

Como colombiana, mujer, periodista, amiga y seguidora, muchas gracias Mariana por tantas enseñanzas y por tantas alegrías, por ser un ejemplo para muchos niños y jóvenes que, como yo, cada día nos queremos parecer más a ti.

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