Mireia Belmonte, la nadadora alérgica al cloro que ganó medalla de oro en Río

La española se convirtió en la primera deportista de ese país en colgarse una presea dorada olímpica en natación.

Mireia Belmonte logró la octava medalla para la natación española en la historia de los Juegos Olímpicos. Foto: AFP

La nadadora española Mireia Belmonte se impuso en los 200 metros mariposa con un tiempo de 2m 04,85s. Con la última gota de energía. Venció por medio segundo a la japonesa Hoshi Natsumi, que llegó tres centésimas antes que la australiana Madeline Groves, que hizo 2m 04,88s. Belmonte hizo historia. Se convirtió en la primera nadadora española en colgarse una medalla de oro olímpica. Un triunfo que premió el trabajo infatigable de una nadadora siempre dispuesta a explorar sus límites tanto físicos como mentales, a romper la zona de confort, el paso que distingue a los buenos deportistas de los campeones. (Vea nuestro especial de los Juegos Olímpicos de Río)

Pero esta española tiene una desventaja ante las otras nadadoras, es alérgica al cloro. “Noté en el calentamiento que tenía dolor en el pecho. No le quise dar importancia”, describió la medallista olímpica tras unos campeonatos en España. “Me puse a nadar, y de repente ya no sabía si iba a un lado u otro de la piscina. Me empezó a faltar la respiración. Tuve que tocar la pared. Situarme. Y seguir”, añadió. “A veces, cuando hay mucho cloro, empiezo a ahogarme”, agregó con una sonrisa insegura. Pero esto nunca fue un impedimento.

Nada porque de niña le recetaron la piscina como remedio para su escoliosis. Pese a todas esas dificultades, ha protagonizado una carrera llena de “hazañas” y la coloca en el podio de las mejores deportistas españolas de la historia. En 2010 tuvo un cambio de mentalidad. Un punto de inflexión propiciado por la irrupción en su vida del técnico francés Fred Vergnoux, alguien quien, como reconoce la propia Belmonte, es mucho más que un entrenador, es “un psicólogo, un familiar, un amigo”. El hombre que enseñó a Mireia a soñar. De la mano del entrenador galo, Mireia Belmonte pasó de ser la talentosa nadadora, que con apenas 17 años se proclamó campeona de Europa de los 200 estilos en 2008 en Eindhoven, a la competidora voraz que se colgó el oro en los 200m mariposa en los Juegos Olímpicos de Río.

Un largo trayecto plagado de retos, de sacrificios, de una búsqueda constante de los límites del cuerpo y de la mente. Un camino cargado de duro trabajo. Una lucha diaria por romper con esa zona de confort, por obligarse a dar siempre un paso más. Mireia entrenó fuerte durante los últimos cuatro años. Estudió el pasado, repasó su pesadilla una y otra vez, en busca de las causas que le hicieron perder la final de 200m mariposa de los Juegos de Londres en los últimos 30 metros. Durante cientos de jornadas compensó sus carencias en el gimnasio, en donde desarrolló la potencia muscular que le faltaba adquirir para no hundirse en esos 30 metros en los que los músculos de los hombros queman y el cuerpo comienza a paralizarse.

Una vez adquirida la fuerza la trabajó para aplicarla al agua. Cada día. En sesiones que la llevaron de las siete de la mañana a las once de la noche, de la piscina a las pesas, de las pesas a los saltos, de los saltos a la barra de dominadas, y de allí al agua otra vez atándose el cable de un guinche a la cintura para nadar contra el motor que la tiraba hacia atrás. Bajo el agua. En apnea. Llevando su organismo al límite cada vez. Para mejorar su viraje. Para poder resistir la descarga del lactato cuando necesitase hacer el esfuerzo supremo.

“Es el premio a muchos días de trabajo, al empeño por seguir adelante, pese a haber pensado en más de una ocasión que no valía la pena. Pero siempre tienes ese objetivo final por el que luchas y trabajas cada día”, señaló Belmonte tras colgarse el oro. Una fortaleza mental que le permitió no desmoronarse ante el fortísimo arranque de la australiana Madeline Groves, su máxima rival por el oro, convencida de que su táctica, esa ya clásica forma de nadar siempre de menos a más le llevaría a la victoria.

Nada ni nadie pudo impedir que la española tocara el cielo, que cumpliera su sueño de proclamarse campeona olímpica. Tres centésimas que permitieron a Mireia Belmonte a cambiar la plata que logró hace cuatro años en Londres por el oro, que le permite entrar a sus 26 años en la leyenda, a convertirse en la primera nadadora española en pisar lo más alto de un podio olímpico.

Temas relacionados