Oda al balonmano

Estar en los Juegos Olímpicos es redescubrir todas las disciplinas de un atleta, recordar que es más que el planeta fútbol u otros más familiares para nosotros como el ciclismo o las pesas.

Pablo Simonet, jugador de la Selección de Argentina de balonmano. Foto: AFP

Lo digo porque asistí a una velada de balonmano en la Arena do futuro y quedé impactado con la manera como representa los valores deportivos. A primera hora se enfrentaron en femenino Argentina y Holanda. Siete contra siete en una cancha de dimensiones similares a las del fútbol sala. El objetivo es pasar la pelota de caucho de mano en mano, de forma directa o dejando picar el balón sólo una vez contra el piso, y avanzar hacia el arco contrario para meter la pelota en la red en dos tiempos de media hora. No hay que olvidar que lo que hoy llamamos fútbol empezó en la antigua Grecia jugándose con la mano. Trasmite emociones en todo momento por la velocidad con que se juega. Ninguna jugadora especula, el técnico no les pide esperar sino atacar, atacar en bloque y en equipo, incluso sentando en la banca a la arquera mientras se construye el avance con tal de sumar una más arriba y acrecentar la posibilidad de gol. Eso implica que la preparación física debe ser absoluta, una mezcla de técnicas de baloncesto, por la forma de defender, y de voleibol por las técnicas de ataque elevándose.

El juego es muy fuerte, hay disputas cuerpo a cuerpo, pero con un respeto absoluto por el rival. A pesar de los encontronazos ninguna jugadora se queda en el piso haciendo tiempo o fingiendo lesiones. Nadie discute con los dos árbitros, porque el ritmo es vertiginoso y una desconcentración de fracciones de segundo es letal. Una jugadora entra a atacar, hace gol y sale corriendo de vuelta a la banca porque la reemplaza una defensora y viceversa. Claro que se mantiene un eje a partir de una armadora, generalmente la más pequeña porque la mayoría está en un promedio de 1,90 de estatura, como en básquet. Las demás son fichas de quitar y poner en decisiones instantáneas que hacen que el técnico sea protagonista con su estrategia. Algunas sólo entran a cobrar penales y salen de inmediato. La rotación es mayor a cualquier deporte que haya visto, incluido el microfútbol.

Todas son útiles al objetivo común y el par de figuras que destacaban sobre otras, no tenían poses de suficiencia sino demostraban por qué merecían más minutos en el campo. La capacidad técnica y el sistema de juego permiten que haya muchos goles. Holanda derrotó a Argentina 26 a 18 en este Parque Olímpico da Barra, en un estadio repleto y dichoso, más de lo normal porque los brasileños disfrutan de cada derrota de los argentinos. Enseguida el partido Angola-Montenegro, que ganaron las africanas en el último segundo en una zambullida de gimnasta de la armadora, ratificó que este deporte es ejemplar por donde se le mire. Y no es porque tome como referencia a las mujeres que quedé impresionado, pues ver un partido masculino es igual de vibrante.

Honradez, valentía, compromiso, entrega, lealtad, humildad, estética, son algunos de los valores que el handdball mantiene vigentes en cada encuentro así los ojos del mundo estén sobre deportes cada vez más especulativos como el fútbol. Cuando uno de esos futbolistas multimillonarios, soberbios y mañosos que vemos en los noticieros todos los días se queja de qué corrió mucho, de que el partido estuvo duro, deberían ponerlo a ver un video de balonmano para que recuerde la esencia del espíritu deportivo.