Oda a los maratonistas

El keniano Eliud Kipchoge ganó ayer el maratón de los Olímpicos de Río 2016. / EFE
El keniano Eliud Kipchoge ganó ayer el maratón de los Olímpicos de Río 2016. / EFE

Sería injusto terminar el cubrimiento de Río 2016 sin honrar el deporte que simboliza la búsqueda de los límites de la resistencia física y mental del ser humano, la motivación central de los Juegos Olímpicos: la maratón. Sea realidad o ficción, porque no hay prueba científica de ello, no hay mejor episodio de la historia que refleje lo heroico del atletismo que la hazaña de Filípides (algunos textos hablan de Tersipo), el soldado ateniense que simboliza esta prueba de 42 kilómetros desde el año 490 antes de Cristo.

Cuentan las leyendas que trotaba entre Atenas y Esparta, a lo largo de 166 kilómetros, para llevar noticias. Dicen que el soldado, con agua y unas pocas viandas, recorrió a pie 240 kilómetros durante dos días para pedir ayuda a los espartanos cuando los persas invadieron la ciudad griega de Maratón. Y se inmortalizó luego al correr los 42 km desde el frente de batalla en Maratón hasta Atenas para anunciar que los griegos habían vencido. Enseguida murió, no por el agotamiento, sino por las heridas de combate que traía.

Todos hemos visto alguna vez atletas en la calle o, por un momento nos hemos creído la fantasía de llegar a serlo. Generalmente ocurre en el colegio o en la universidad, pero muy pronto uno se da cuenta de que se trata de la disciplina deportiva más extrema que hay y que a nivel competitivo, no recreativo, está reservada para superhombres.

Por eso quiero destacar la valentía de Diego Colorado, el colombiano que a los 42 años de edad clasificó a su primera maratón olímpica, y la de su compañero Andrés Ruiz. Las mujeres también nos representaron. Angie Orjuela fue 43, a trece minutos de la vencedora, la keniata Jemima Sumgong. Érika Abril fue 73 entre 133. Kellys Arias se retiró por lesión. El mismo aplauso y respeto merecen Jorge Armando Ruiz, puesto 17 en los 50 kilómetros marcha; Manuel Esteban Soto, noveno en los 20 km marcha, y Sandra Arenas, 32 en los 20 km marcha.

Por la dignidad deportiva y el respeto a los derechos humanos participó, con el uniforme del equipo olímpico de Refugiados, el africano Yonas Kinde, quien dijo a la Acnur que desde niño aprendió a correr no por medallas sino para sobrevivir.

El triunfo de los africanos no es novedad. Es simple selección natural. Nacieron para correr y son atletas únicos como Filípides, inmortalizado en una escultura en Maratón, Grecia. Basta recordar a Abebe Bikila, el etíope dos veces ganador de la maratón olímpica y que prefería hacerla descalzo.

La novelista y atleta recreativa Joyce Carol Oates define así el arte de correr: “Si existe alguna actividad más feliz, más estimulante, no tengo idea cuál podría ser. Al correr, la mente vuela con el cuerpo… La mente entra en un estado meditativo y de liberación al ritmo de nuestros pies y el balanceo de nuestros brazos”. Bien invita el poema de Robert Browning: “¡Corre, Filípides, una carrera más! ¡Tendrás tu recompensa!”.

*Enviado especial a Río de Janeiro.

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