Óscar Muñoz va por más en Río 2016

El deportista, quien sueña con tener un gimnasio, llega a los Juegos Olímpicos con una medalla olímpica en su récord y como uno de los 16 mejores taekwondogas del mundo en su categoría.

Laly Malagón

Con golpes en el pecho de su competidor, el taewkondoga colombiano Óscar Muñoz vivía con intensidad los últimos minutos del round. La victoria estaba cerca, pero una patada del tailandés Pen-Ek Karaket, que creían que había tocado su cabeza, puso en vilo el triunfo. Muñoz y su entrenador reclamaron, con la repetición de lo captado por las cámaras, en cuestión de segundos, lograron demostrar que la patada del asiático solo había llegado hasta el hombro. Fue así como con un marcador de 6-4, Óscar entonaba la tarde del 8 de agosto de 2012 el himno nacional con una medalla de bronce en su pecho, el Excel Arena de Londres era testigo del momento en el que se consagraba como el medallista más joven que haya tenido Colombia en unos Juegos Olímpicos.

Con 19 de años era parte del selecto grupo de deportistas que le dio al país una histórica participación en las justas deportivas (una medalla de oro, tres de plata y cuatro de bronce). Días después, en medio de una caravana y euforia nacional, eran recibidos por el presidente Juan Manuel Santos en la Casa de Nariño, quien además les concedió la ‘Cruz de Boyacá’.

Cuatro años después, sentado en un muro frente a la Plaza de Banderas de Valledupar, recuerda como al aterrizar en el Aeropuerto Alfonso López Pumarejo asimilaba que su vida había cambiado. Una multitud en la puerta, decenas de periodistas, ‘Poncho’ Zuleta y el ‘Cocha’ Molina eran algunas de las personalidades que lo recibían. Los acordeones, las cajas y las guacharacas sonaban como si se tratara del Festival de la Leyenda Vallenata, cientos de motos y carros recorrían junto a él, a bordo de un camión de bomberos, las calles de la ciudad.

Una histeria colectiva que revive a pocos días de Río 2016. Con cinturón negro en la cintura, vistiendo la chaqueta y pantalón blanco que caracterizan a su disciplina, Óscar lanza patadas en el aire y sus gritos se escuchan con fuerza en el Coliseo Cubierto en la ‘Capital Mundial del Vallenato’, donde se respira taekwondo; hasta ahí han llegado también los campeones nacionales de Miguel Ángel Trejos y Luis Aguilar, para apoyarlo como sparrings en sus entrenamientos. A diferencia de otros deportistas que tienen que trasladarse a otros países o ciudades, prefiere hacer parte de su preparación en su tierra.

“Mientras esté en alto rendimiento, siga dando resultados, vale la pena quedarse acá en Colombia, ojalá el Gobierno apoye el deporte cada vez más porque ahí podemos encontrar una salida a nuestros conflictos” cuenta el deportista, quien a su vez expresa que aunque está en la ciudad, no comparte mucho con su familia porque está dedicado a la concentración y que alejarse de ellos es uno de los sacrificios que tiene que hacer cuando viaja por el mundo representando al país.

Es hijo de Humberto Pompilio y Wany Oviedo, tiene dos hermanos, dos hermanas y varios sobrinos, actualmente sus familiares lo apoyan atendiendo varios de sus proyectos, entre ellos un gimnasio. Nació en El Difícil (Magdalena) pero desde los tres años vive en Valledupar. Estudiando en el colegio Francisco María Sánchez, a los nueve años empezó a practicar taekwondo de la mano de la entrenadora Irma Gómez y a los doce daba sus primeros golpes “profesionales” con Álvaro Vidal, -a quién la Federación Colombiana de Taewkondo no le quería dar un cupo para que acompañe a Óscar en Río- y quien hasta nuestros días sigue siendo su entrenador.

Es domingo en la mañana y con la prudencia que lo caracteriza, se sienta en la última fila de una capacitación que congrega a deportistas y entrenadores de la región. Ahora tiene 23 años y sus colegas le manifiestan respeto y admiración, lo mencionan como un caso de éxito del departamento y a su vez exigen mayor apoyo por parte del gobierno al deporte.

Mientras nos dirigimos al hotel en el que se hospeda, asegura que uno de los retos que tiene es cumplir con una rigurosa dieta para mantener los 58 kilogramos de peso que exige su categoría. “Me llena mucho de orgullo poder volver a los Olímpicos y he estado trabajando fuerte para volver a dejar en alto mi deporte y el nombre de Colombia” agrega.

Comenta que al volver de los Juegos Olímpicos de Río, está convencido en ingresar a estudiar una carrera profesional en Deportes, para así poder cumplir uno de sus sueños, que es ver a nuevas generaciones practicar taewkondo. En eso trabaja desde ya, por lo que ha creado el ‘Club London’ en el que cada vez que puede comparte su experiencia con sus pupilos, niños y jóvenes que lo ven como un ejemplo. Cree en el deporte como un instrumento de paz y espera poder conseguir más apoyo del gobierno y de la empresa privada para sacar adelante este proceso.

“El deporte es la paz, mi deporte que es un deporte de contacto, porque tú te agarras con el otro a darle y si es posible noquearlo, sin la intención de hacerle daño, pero si ganarle y hacer la mejor técnica posible, al final terminamos dándonos la mano y abrazándonos, es una alegría. La competencia es en el momento, luego el furor pasa” manifiesta.

Vallenatos suenan por toda Valledupar, de norte a sur y de este a oeste. Sin embargo las trompetas y los bombos de varias bandas marciales irrumpen a pocas cuadras de donde Óscar se encuentra. Se trata de un desfile que se dirige al estadio Armando Maestre, él viste su uniforme de presentación del Comité Olímpico Colombiano porque está invitado a la inauguración de los Juegos Comunitarios. Luego de caminar por la zona, llegamos al escenario deportivo. Un grupo de niñas patinadoras y otro de niños futbolistas le piden fotografías, minutos después varios periodistas lo abordan y lo entrevistan. Caen unas gotas de lluvia sobre la capital del César, pero eso no es impedimento para que más de 4.000 personas se ubiquen en las graderías.

“Una bulla Valledupar, recibamos a nuestro medallista olímpico Óscar Muñoz” gritó con un micrófono en la mano el animador. Entonces el público se puso de pie para recibirlo, tras las palabras de autoridades locales como el alcalde, concejales y representantes a la Cámara, Óscar recibió, en forma de despedida, una antorcha con la que corrió por parte de la cancha del estadio de fútbol, subió por unas escaleras hasta llegar al centro de las gradas donde se encendió el llama que le daba inicio a los  Juegos Comunitarios –que no incluyó al taekwondo como una de sus disciplinas-.

Una llama que representa no sólo la esperanza de los miles de niños, jóvenes y adultos que participan en esos Juegos Comunitarios, sino también la de un deportista local de talla internacional que apenas comienza a escribir su historia; porque con 23 años, cuenta con cientos de triunfos nacionales e internacionales, llegando a los Juegos Olímpicos de Río 2016 con una medalla olímpica en su récord y como uno de los 16 mejores taekwondogas del mundo en su categoría.

*Estudiante de la Universidad del Norte

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