Qatar y dopaje, mezcla explosiva para el atletismo

La AMA investiga la acusación de que la IAAF ocultó centenares de positivos

Asafa Powell gana en la reunión de la Liga Diamante en Birmingham 2011. Foto: AFP

Se les puede considerar, a la vista de los hechos, los dos mayores desafíos para la integridad y el deporte en sí.

Al ciclismo, los escándalos de dopaje le han condenado casi a la marginalidad deportiva; en el fútbol, la elección de Qatar para garantizar un Mundial invernal y polémico, le ha costado una grave crisis de credibilidad a la FIFA y a su presidente, Sepp Blatter.

Ambos factores desestabilizantes, las sospechas de cómo consiguió Qatar la nominación, y la creciente dependencia de la lucha contra el dopaje, no de los positivos analíticos sino del trabajo así llamado de inteligencia y de naturaleza interpretable, se han conjuntado casi astralmente en la Federación Internacional de Atletismo (IAAF), de cuya cúpula han dimitido varios cargos y que es la primera a la que la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) investigará con frialdad y distancia con una comisión ad hoc liderada por su expresidente Dick Pound.

Todo ocurre después de que la semana pasada se sumaran denuncias del agente de una maratoniana rusa recogidas por L'Équipe, informaciones de The Guardian y Telegraph y las revelaciones de un documental del canal alemán ADR que han arrojado dudas sobre la insobornabilidad presunta y exigida de sus dirigentes.

El influjo de Qatar, que acogerá en su capital, Doha, el Mundial de atletismo de 2019, se resume en los cinco millones de dólares (casi cuatro millones de euros) que, según The Guardian, que lo publicó contando con el apoyo de un email, solicitó Papa Massata Diack, asesor de marketing de la IAAF e hijo de su presidente, Lamine Diack, a Doha cuando Qatar lanzó su candidatura para los Mundiales anteriores, los de 2017. Ni Doha ganó esa subasta (fue el Londres de Seb Coe, candidato a la sucesión de Diack en la presidencia de la IAAF), ni The Guardian tiene pruebas de que el hijo de Diack recibiera los millones. La IAAF lo ha negado en redondo al mismo tiempo que ha enviado el caso a su Comisión Ética, lo que ha provocado que Diack júnior, que tiene 50 años, haya anunciado que temporalmente dejará de buscar patrocinadores para la federación.

También han dimitido en la IAAF Valentin Balajnichev, presidente de la todopoderosa federación rusa y tesorero y miembro del ejecutivo de la internacional, y el asesor jurídico Habib Cissé, a quienes también investiga la Comisión Ética. La acusación contra ellos llega del mánager de la maratoniana rusa Lilia Shobujova, triple campeona de Chicago y ganadora en el de Londres en 2010, quien aseguró a la comisión investigadora que Balajnichev le reclamó 450.000 dólares (casi 360.000 euros) a cambio de no considerar positivo su pasaporte biológico en diciembre de 2011. Pagó la atleta, quien logró así participar en los Juegos de Londres, donde abandonó. En abril de 2014, sin embargo, la federación rusa la suspendió dos años por su pasaporte, sanción aún no reconocida ni por la IAAF ni por la AMA. Shobujova reclamó el dinero pagado, pero solo le devolvieron 300.000 dólares (239.847 euros).

Este caso es, según el documental alemán, sencillamente la punta del iceberg de la corrupción rusa, donde, según declaraciones de algunos técnicos grabadas con cámaras secretas, el dopaje afecta al 100% de su atletismo. Aunque la propia comisión antidopaje de la IAAF, que recuerda que ahora cumplen sanción 68 atletas rusos, comenzó a investigar la denuncia, posteriores informaciones sobre la presunta implicación de la propia IAAF en las prácticas corruptas han obligado a intervenir a la AMA.

Tal presunta implicación de la comisión antidopaje de la IAAF la denunció uno de sus exmiembros, quien proporcionó al Telegraph documentos que probarían que más de 200 casos de pasaportes sospechosos entre 2005 y 2008 no han sido sancionados. Esta cantidad, y su distribución geográfica, con una mayoría de casos ocultos en Rusia y en Kenia, y 12 en España, se corresponde curiosamente con los datos revelados en 2011 en un artículo científico publicado por los miembros del antidopaje del atletismo en la revista Clinical Chemistry como fundamento para la puesta en marcha el año siguiente del pasaporte en la IAAF. "Las listas filtradas es posible que sean verdaderas, aunque podrían haber sido manipuladas", dicen fuentes de dicha comisión. "Es verdad que desde 2005 a 2008 se hicieron muchas muestras de sangre y que hubo un porcentaje considerable, hasta el 14%, como se publicó en el artículo científico, de resultados anormales o sospechosos. No facilitamos entonces ni lo haremos ahora ni los países ni los nombres. Todas esas muestras fueron estudiadas y un porcentaje muy alto fueron seguidas de controles dirigidos que facilitaron varios positivos de EPO. Esas muestras no se pueden utilizar a efectos del pasaporte biológico, pero toda la información recogida sirvió para planificar los programas de control desde 2009. Eso facilitó planes más eficaces que dieron como resultado 26 atletas sancionados desde 2012 hasta hoy: más que ninguna otra federación internacional".