“Salimos del anonimato”: Íngrit Valencia

La boxeadora caucana cayó en la semifinal y se quedó con la medalla de bronce en la categoría de 51 kilogramos.

Sarah Ourahmoune celebra tras vencer a la colombiana Íngrit Valencia (der.) / Efe
Sarah Ourahmoune celebra tras vencer a la colombiana Íngrit Valencia (der.) / Efe

“El boxeo en Colombia estaba muy quieto, olvidado. Y gracias a Yuberjen y a mí, a nuestras medallas, la gente volvió a estar pendiente del deporte”, señaló este jueves la pugilista caucana Íngrit Valencia, luego de caer por decisión dividida ante la francesa Sarah Ourahmoune en la semifinal de la categoría de 51 kilogramos en los Juegos Olímpico de Río 2016.

Orgullosa y sonriente se bajó del cuadrilátero y saludó a la nutrida colonia colombiana que la acompañó en el pabellón 6 de Riocentro. Después se abrazó con sus entrenadores, se limpió la cara, se acomodó una pañoleta roja en la cabeza y atendió a los medios de comunicación.

“Estoy muy contenta, agradecida con Dios por la oportunidad que me dio de venir. Quería más, porque me preparé para eso, pero la cosa acá es muy dura. Me voy tranquila porque el resultado general fue bueno. Me voy con una medalla y salí del anonimato. Esto abrirá nuevas puertas para mí”, confesó la deportista de 27 años de edad, primera boxeadora colombiana en participar en unos Juegos Olímpicos.

“Hicimos historia (superó a la centroafricana Judith Mbougnade y la tailandesa Peamwilai Laopeam) y ojalá esto sirva para fomentar el boxeo femenino en el país”, agregó.

Íngrit reconoció la superioridad de su rival, pero sabe que dio la pelea: “Ella es bastante fuerte y muy técnica, tiene más experiencia. Me sacó ventaja en el primer asalto, que es fundamental. Yo apenas pude acomodarme en el tercero. Sólo Dios sabe cómo se siente uno en una instancia así. No es fácil afrontarla”.

Nacida en Morales (Cauca), Íngrit y su familia se radicaron en Cali cuando ella apenas tenía 10 años. Llegaron a vivir en un barrio de invasión en el jarillón del río Cauca. Allí forjó su carácter a punta de golpes, hasta que se vinculó a la Liga del Valle, en donde supieron pulir su talento. En 2010 se radicó en Ibagué y ahora defiende los colores del departamento de Tolima.

“Le dedico esta medalla a Dios, primero que todo. A mis abuelitos, que estarán muy felices en el cielo. Y a mi hijo, Johan Steven, quien ha sido el más sacrificado con el boxeo”, dijo la pugilista colombiana, cuyo carisma conquistó al público brasileño.

Admitió que no ha pensado en lo que será su vida después de estos inolvidables Juegos Olímpicos: “No lo tengo claro. Habrá que sentarnos y decidir con cabeza fría, si seguimos como aficionados o nos vamos al profesionalismo. Toca ver qué ofertas económicas llegan, porque tengo claro que esta es una carrera muy corta. También quiero ponerme a estudiar. Si Dios quiere, con esta participación en Río las cosas se me van a facilitar”.

Ovacionada, Íngrit regresó a la villa de los deportistas, en donde recibió un fuerte abrazo del otro medallista del boxeo colombiano, Yuberjen Martínez. “Salimos del anonimato”, le dijo ella en tono jocoso, mientras él, que ya completó una semana como medallista, le advirtió que “ahora viene lo más difícil, las cámaras, las entrevistas, todo eso es jodido”.

Antes de irse a descansar, Valencia recordó que “nada ha sido fácil para mí, pero he demostrado que con coraje y berraquera todo se puede lograr. He sido medallista en todos los eventos en los que he participado, desde Juegos Nacionales hasta Olímpicos, pasando por Bolivarianos, Centroamericanos y Panamericanos. Este proceso no termina acá. Vamos a seguir dando buenos puños por Colombia”.

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