Sven Magnus Carlsen, el rey del ajedrez

El noruego Sven Magnus Carlsen, de apenas 26 años de edad, logró su tercer título mundial del deporte ciencia.

El noruego Sven Magnus Carlsen ha dominado el ajedrez mundial durante la última década. En su país es el máximo ídolo deportivo. / AFP
El noruego Sven Magnus Carlsen ha dominado el ajedrez mundial durante la última década. En su país es el máximo ídolo deportivo. / AFP

Sven Magnus Carlsen nació el 30 de noviembre de 1990 en Tonsberg, Noruega. Fue su padre, Henrik, un ingeniero apasionado por el ajedrez, quien le enseñó a jugar a los cinco años, cuando ya había dado muestras de su capacidad mnemotécnica memorizando los nombres y la población de los 430 municipios de su país.

Sven Magnus Carlsen nació el 30 de noviembre de 1990 en Tonsberg, Noruega.

Fue su padre, Henrik, un ingeniero apasionado por el ajedrez, quien le enseñó a jugar a los cinco años, cuando ya había dado muestras de su capacidad mnemotécnica memorizando los nombres y la población de los 430 municipios de su país.

Pero el niño Carlsen no mostró especial interés o aptitud para el ajedrez hasta que un par de años después, cuando vio a su padre jugar con su hermana mayor, Ellen, se despertó su animal competitivo y empezó a volcarse en el juego y a estudiarlo por su cuenta.

Su evolución fue meteórica y en 2003 la familia se tomó un año sabático para viajar por Europa central y acompañarlo en los principales torneos.

Fue al año siguiente cuando se estableció en la élite mundial y con 13 años y 4 meses se convirtió en el segundo Gran Maestro más joven de la historia hasta entonces.

En un torneo de partidas rápidas en Reikiavik (Islandia) fue capaz de derrotar a Anatoly Karpov y empatar con Gary Kasparov en una partida en la que minutos antes del comienzo se le veía esperando a su rival mientras leía una historieta del Pato Donald.

Su trayectoria ha estado marcada por la excelencia: con 15 años, era uno de los cien mejores del mundo; con 17, entraba en el top 10, y desde enero de 2010 ha sido el número uno, salvo en un par de cortos intervalos.

Tras batir a principios de 2013 el récord de puntuación ELO (método matemático basado en estadísticas para calcular la habilidad relativa de los jugadores) de Kasparov, con 2.849 unidades, Carlsen derrotó meses después en el torneo de candidatos de Londres al ruso Vladimir Kramnik, excampeón mundial y su ídolo, en un final agónico que lo dejó exhausto al tener problemas con el reloj.

Ese mismo año el noruego logró su primer título mundial al superar al indio Viswanathan Anand (6,5-3,5), en la final de Chennai (India), tras ganar tres partidas y empatar siete más de las 12 pactadas.

En 2014 revalidó la corona ante Anand (6,5-4,5) en Sochi (Rusia).

Y hace apenas unos días, justo cuando cumplió 26 años, logró su tercer campeonato. Con Kariakin necesitó llegar al desempate, pues las primeras 12 partidas a ritmo clásico (dos horas para los primeros 40 movimientos de cada jugador), en el Fulton Market de South Street Seaport de Nueva York, terminaron igualadas a seis puntos.

Con dos victorias en la definición por partidas rápidas, seguidas en directo por cerca de 10 millones de internautas, según la Federación Internacional de Ajedrez, Carlsten demostró genialidad y mantuvo su supremacía en el deporte ciencia.

Eso sí, el campeón noruego es muy consciente de que estuvo a punto de perder el título mundial y que la causa principal es psicológica. Sus tremendos berrinches cuando las cosas no le salen bien, que en Nueva York le costaron una multa de US$40.000, y los fracasos en el remate de posiciones ganadoras lo obligaron a irse al desempate.

El rey del ajedrez aún no ha asumido que la prensa es un vínculo esencial con millones de aficionados de todo el mundo y con los patrocinadores cuyos nombres luce en la chaqueta, aunque es un verdadero ídolo en su país y ha traído al ajedrez el carisma de una estrella del pop, prestando su imagen desenfadada y juvenil a marcas de ropa. Sus ingresos publicitarios se calculan en US$2 millones anuales y la revista Cosmopolitan lo incluyó en la lista de hombres más sexis y entre las cien personas más influyentes del mundo.

Casi pierde la corona…

Sí. Tras no ser capaz de ganar posiciones muy ventajosas en las partidas tres y cuatro, lo pasé mal en la quinta, y tras la derrota en la octava, cuando quedamos 4,5 a 3,3, estaba devastado. Sufrí mucho para no perder la novena. Aunque seguía pensando que era el jugador más fuerte de los dos, apenas me quedaban oportunidades de remontar el marcador. Una parte de mí aún quería tener fe, pero fue un momento dificilísimo. Creo que en esas situaciones lo que uno debe hacer es concentrarse en lo siguiente, no en el marcador o en el pasado. Pero eso es fácil de decir y muy difícil de hacer. Durante las dos partidas siguientes me asaltaba el pensamiento de “cómo demonios voy a ganar este duelo”, que no es precisamente una actitud muy buena.

El año pasado usted propuso cambiar el sistema del Mundial volviendo a las eliminatorias a sólo dos partidas, que convirtió en campeones del mundo a jugadores de segundo nivel.

El mismo sistema que produjo a campeones como Aleksandr Jálifman o Rustam Kasimdzhánov, hizo que Anand perdiera sólo un duelo en tres de esos torneos. Yo creo que ese sistema es justo, pero todo indica que el mundo del ajedrez no está de acuerdo, y yo lo acepto y me olvido del asunto por ahora.

¿Cómo ve el futuro del ajedrez? ¿Tiene ideas innovadoras?

Estoy abierto a todo lo que sea innovador y no perjudique nuestro rendimiento en el tablero. Por ejemplo, me parece interesante, y no tengo objeción alguna, que nos midan las pulsaciones o el gasto energético mientras estamos jugando.

Usted siempre ha sido muy sensible a la difusión del ajedrez como herramienta pedagógica.

Sí. Hace poco visité un colegio público en Brooklyn, donde casi todos los alumnos son hijos de inmigrantes. Han tenido un enorme éxito con el ajedrez, no sólo para mejorar la inteligencia y desarrollar valores, sino para aumentar la autoestima de esos niños, que han ganado varias veces el Campeonato Escolar de Estados Unidos por delante de colegios privados carísimos. Debemos expandir por todos los países el mensaje de que el ajedrez no es sólo muy divertido, sino también muy útil como herramienta educativa.

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