Las vidas marcadas por la guerra de los deportistas de Donetsk

Todos los deportistas de esta región se han visto afectados por el conflicto entre separatistas prorrusos y el ejército ucraniano.

Oleg Golovin, basquetbolista que está entrenando de cara a la Euroliga 2015. Foto: Alexander Gayuk, AFP

Igor Moiseyev debería entrenar en estos momentos con un maestro japonés en la isla de Okinawa. Pero este cinturón negro de kárate se ha tenido que quedar a reparar su sala de entrenamiento, dañada después de un combate en Donetsk, en la zona rebelde del este de Ucrania.

Las vidas de todos los deportistas de esta región se han visto afectadas por el conflicto entre separatistas prorrusos y el ejército ucraniano, que se ha cobrado más de 6.000 muertos en un año. 

En el pueblo de Moiseyev, a dos kilómetros del aeropuerto de Donetsk, todas las casas han sufrido los daños de los enfrentamientos, incluida la suya. "Antes de la guerra mi club era muy potente. En los campeonatos del mundo y de Europa ganamos muchos trofeos. Hoy el dojo (lugar donde se practica el kárate) está casi vacío. Nueve alumnos de diez no vienen", señala el deportista.

La guerra y el hecho de que la "República Popular de Donetsk" no sea reconocida por la comunidad internacional han provocado otro daño colateral para los deportistas: La imposibilidad de participar en las competiciones internacionales. "Intentamos participar en las competiciones locales para ocupar a los niños y que no hagan tonterías. Si los padres no tienen dinero, entrenamos a los niños de forma gratuita, aunque el alquiler de las instalaciones cueste dinero", añade Moiseyev, que se ha tenido que mudar de pabellón debido a los disparos.

Por el momento, el club sobrevive gracias a la ayuda que recibe de otras entidades de Rusia y República Checa. Con el resto de Ucrania las relaciones se han roto. "Antes participábamos a menudo en las competiciones en Lviv (oeste de Ucrania), pero ningún club ucraniano nos ha querido ayudar", comenta Moiseyev.

Para Oleg Golovin, jugador de básquet de 34 años que entrenaba a los miembros del Donbass con vistas al Europeo 2015 que en principio iba a disputarse en Ucrania, el sentimiento de haber sido abandonados por Kiev está muy presente. "Cuando todo este enfrentamiento político oscuro comenzó, no tomé parte, continué ocupándome de mis cosas: el desarrollo del básquet para los niños. Pero el hecho de que haya continuado ocupándome de mis cosas ha sido considerado en Ucrania como una actividad criminal y en la actualidad no tengo ningún contacto con Ucrania", relata.

Sobrevivir sin medios

Vasili Kobenok, de 28 años, es piloto de coches y su sueño es participar en competiciones en Rusia. "Pero la federación rusa de deportes del automóvil no puede recibirme oficialmente", lamenta.

Para Kobenok, que ya ha ganado carreras en Ucrania, su objetivo ahora es lograr el suficiente dinero para comprar gasolina y participar por sus propios medios en un rally. "Preparar un coche ha pasado a ser 2 o 3 veces más caro. El año pasado competir en un rally en Odesa costaba cerca de 10.000 grivnas (392 euros) y ahora estará entre 20.000 y 22.000 grivnas (entre 784 y 862 euros). Además hay que preparar el equipamiento", explica.

A pesar de las enormes dificultades, Kobenok no quiere abandonar su región natal. Una pequeña concentración en Crimea, península ucraniana anexionada por Rusia en marzo de 2014, le convenció, "al vivir en Crimea comprendí hasta qué punto es difícil vivir en otro país, lejos de casa. Ahora me quedo en Donetsk y espero continuar mi carrera aquí. Quiero desarrollar el deporte en mi ciudad natal, enseñar a los niños el automovilismo", argumenta.

Directora de un centro ecuestre, Irma Svetlitchnaya, también ha decidido quedarse para seguir cuidando a sus 26 caballos. "En todos los campos hay minas, tenemos grandes problemas relacionados con la alimentación. El problema no es sólo comprar, también trasladarse, debido al precio de la gasolina. Sobrevivimos gracias a la solidaridad de la gente", explica Svetlitchnaya, de 25 años, que ha renunciado a la competición.

"No participamos en pruebas para no lesionar a los caballos, para no hacerlos pasar los puestos de control y las zonas de conflicto. Ninguna medalla lo merece", concluye.

últimas noticias

Más listos que nunca

Colombia, campeón de los Juegos Suramericanos

El deporte de Colombia sigue creciendo