Este viernes compite Ingrit Lorena Valencia Victoria: Peleona desde chiquita

La caucana es la primera mujer colombiana que participa en el torneo de boxeo de los Juegos Olímpicos. Con dos triunfos asegura medalla.

Siempre sonriente, la boxeadora caucana Ingrit Valencia es una mujer amable y alegre, agradecida con la vida. / Gustavo Torrijos

“Desde pequeña me ha gustado la pelea”, confiesa Ingrit Lorena Valencia Victoria, la primera boxeadora colombiana que participa en unos Juegos Olímpicos, cuando enfrente este viernes a la centroafricana Judith Mbougnade, por la primera ronda de la categoría de los 51 kilogramos, en el pabellón 6 del complejo de Riocentro.

Hace semana y media la pugilista, nacida hace 27 años en Morales (Cauca), llegó a la sede de las justas, por lo que ha sido una de las deportistas colombianas que más han disfrutado de la Villa Olímpica.

En el edificio 31 del sector de Piedra de Gabea, casa de la delegación nacional, hay un pequeño lobby que comparte con los equipos de Chile y Venezuela. Allí atendió a El Espectador y le contó cómo ha vivido la experiencia.

“Para mí, todo ha sido inolvidable. Es mi primera Olimpiada y soñaba con compartir con los compañeros de otras disciplinas y conocer a grandes personajes del deporte, tenerlos cerca, tomarme una foto con ellos. La verdad es que me he gozado todo, la he pasado muy bien”.

Ingrit se la pasa para arriba y para abajo con sus compañeros boxeadores y con sus entrenadores. Anda entre hombres desde que tenía 13 años y tal vez eso ha forjado su carácter.

“En el colegio me la pasaba peleando. Les pegaba a los niños que me la querían montar. Sentía esa adrenalina y me ganaba muchos regaños y suspensiones”, cuenta con algo de pena, pero también con una sonrisa pícara que confirma que no se arrepiente de haberlo hecho.

Hasta que un día tomó la decisión de presentarse a la Liga de Boxeo del Valle para tratar de pulir el talento que sabía que tenía. Representó a ese departamento y comenzó a obtener buenos resultados, hasta que debió retirarse temporalmente porque quedó embarazada.

Tuvo a su hijo, Johan Estiven, quien se convirtió en su gran motivación. “Él ha sido mi maestro, me ha enseñado mucho de la vida, me ayudó a enfocarme en lo verdaderamente importante y a dedicarme con disciplina y tenacidad a mi deporte”, dice.

En 2010, Ingrit aceptó una invitación de la Liga de Tolima y se radicó en Ibagué, en donde conoció a quien hoy es su esposo y entrenador, Raúl Ortiz, quien la acompaña en Río.

“Llevamos trabajando mucho para cumplir un buen papel acá. Nos preparamos a la par con los muchachos del equipo, lo que debería ser una ventaja. Lo malo es que no hemos tenido tanto fogueo con mujeres como quisiéramos, pero hemos contado con todo el apoyo y las facilidades para hacer las cosas bien”, reconoce la caucana, eternamente agradecida con las regiones y entidades que la han patrocinado en su carrera.

“Sé que tengo el talento y la capacidad para lograr todas las metas que me proponga. Aspiro a estar en el podio, a darle esa alegría a mi país. Ya a futuro quisiera seguir en el boxeo, aprovechar los años que me quedan en esto, que no son muchos, porque esta es una carrera corta. Por eso quiero estudiar educación física, ser profesional y tener una alternativa de vida. Pienso en que desde ya debo ir asegurando el bienestar de mi hijo”, señala con algo de nostalgia y un brillo especial en sus ojos verde claro, pues reconoce que “lo más duro de esto es tener al niño lejos”.

Ingrit pesa 51 kilos y mide 1,60 metros. Es delgada y, aunque es muy amable, habla fuerte y sin titubeos, como cuando se sube al cuadrilátero a pelear.

“Las actuaciones de mis compañeros me tienen motivada. El coliseo es muy bonito, cómodo. Ojalá allí todo nos salga bien”, dice antes de salir a su último entrenamiento previo al combate de este viernes.

Sale a la calle y toma el bus de deportistas acompañada por sus compañeros Céiber Ávila, Jorge Luis Vivas y Juan Carlos Carrillo, además de su marido y los entrenadores Rafael Iznaga y José Salinas. El único de la delegación de boxeo ausente en ese grupo es Yuberjen Martínez, quien se quedó en su habitación descansando para la semifinal de este viernes, desde las 10:00 a.m., hora colombiana, en la que podría asegurar medalla de plata. Si pierde se quedará con uno de los bronces.

“Su actuación me tiene muy motivada. Él nos ha mostrado el camino. Estamos todos felices y yo tengo la ilusión de seguir sus pasos. Esta es una oportunidad única que me puede cambiar la vida”, dice Ingrit al despedirse, convencida de que no la va a dejar pasar.

La misión no parece imposible, aunque es complicada. Para ser medallista necesita dos victorias, una de ellas sobre la tailandesa Peamwilai Laopeam, subcampeona mundial.