Virginia Olano, una vida bajo el agua

Con más de 60 años, esta nadadora vallecaucana es la séptima del mundo en los 50 metros mariposa. Desde este lunes participará en el Suramericano, en Maldonado, Uruguay.

Virginia Olano entrena una vez a la semana en el Bogotá Tenis. /Gustavo Torrijos

En la casa de los Olano, en Cali, había una regla que se debía cumplir: practicar algún deporte. Por esa razón, Virginia Olano creció amándolos y queriendo destacarse en todos. Jugó tenis, golf e hizo atletismo, pero el que más le llamó la atención fue la natación. “Yo era muy flaca; así que en la piscina podía hacer que mis músculos crecieran y volverme un poco más tonificada”, le cuenta a El Espectador esta nadadora que llegó a integrar la selección colombiana y ganar varios reconocimientos de carácter local e internacional. Tuvo una carrera de 10 años, en los que siempre soñó con representar al país en unos Juegos Olímpicos; sin embargo, no contó con esa suerte porque, en los años setenta, no había mucho orden en la Federación Colombiana de Natación. A pesar de que ella había hecho una preparación completa en Estados Unidos, junto al mítico Mark Spitz, no la quisieron llevar a Múnich 72, donde su amigo Spitz se convirtió en leyenda, al ganar siete metales dorados.

Con 20 años recién cumplidos, abandonó la competencia y se dedicó al estudio. Se le facilitaban los idiomas; así que su trabajo era ser traductora. Luego conoció a Roberto Abuchaibe, con quien se casó y ahí sus prioridades comenzaron a ser la familia y el trabajo en la empresa familiar, una compañía de servicios eléctricos en la que asumió un cargo administrativo. Luego fue mamá, tuvo a Roberto, su único hijo, y se dedicó a él, a cuidarlo y darle lo mejor.

En sus pocos tiempos libres, jugaba golf y tenis; prácticamente, olvidó la natación. Si se metía a una piscina era en plan de descanso, en paseos familiares, pero ni siquiera se arriesgaba a practicar las técnicas que la llevaron a destacarse en el agua, en sus años de actividad deportiva. “Eso era algo del pasado”, asegura.

Treinta años después de haberse retirado, recibió una llamada de Myriam Quintero, una ex nadadora colombiana, pionera de este deporte en máster en el país, quien le habló sobre esta categoría y la animó a volverse enamorar de la natación, de estar varias horas al día debajo del agua mejorando la técnica para bajarle segundos al reloj. “Imposible —fue la primera respuesta de Virginia a Myriam— volver a entrenar, no. Eso es muy duro; además, requiere mucho tiempo y yo ahora estoy ocupada en el trabajo”.

“No te preocupes —le respondió Myriam—, no hay que invertir mucho tiempo. Estoy segura de que con pocas horas de práctica lograrás resultados. Piénsalo”. Así que Virginia duró varias semanas indecisa, pero finalmente se convenció en regresar al agua. Incluso pensó que se le había olvidado todo, pero fue algo mágico; pues, poco a poco, gracias a las jornadas de entrenamiento en la piscina de 25 metros del Bogotá Tenis Club, los tiempos empezaron a mejorar y comenzó a sentirse mejor físicamente. “Por la edad, a uno le empiezan a dar dolores y molestias, pero cada vez que nadaba todo se me quitaba. Pensaba que se me había olvidado nadar, pero eso es como montar en bicicleta, una vez se aprende, nunca se olvida”, asegura Virginia.

Al principio entrenaba una vez al mes; luego, dos veces y, como cada vez se sentía mejor, pasó a practicar una vez a la semana. A raíz de los buenos resultados, se motivó para hacerlo más. “En los deportes no hay milagros, los resultados dependen del buen entrenamiento”, sostiene.

Su primera competencia internacional, en la categoría máster, tuvo lugar en Fort Lauderdale, Estados Unidos. Justo un mes antes sufrió una apendicitis, lo que no le permitió prepararse como ella hubiera querido. Viajó con la selección nacional con la idea de sólo acompañar al grupo; sin embargo, cuando estaba allá, se motivó y se inscribió para la prueba de los 50 metros libres. Para sorpresa de todos, incluso de ella misma, ganó el oro.

Y desde ahí volvió a sentir lo mismo que cuando tenía 10 años y comenzó a nadar. Ese deseo de superarse a sí misma y de sentirse fuerte la han llevado más lejos de lo que ella creyó. “Pensaba que, con tal de que no me ahogara, todo estaría bien, pero nunca que iba a obtener estos resultado”, dice entre risas esta caleña que es la séptima del mundo en los 50 metros mariposa, una posición a la que no llegó en su primera etapa como nadadora. Ha tenido excelentes actuaciones en los últimos mundiales, panamericanos y suramericanos. Además, ostenta tres récords suramericanos y 22 nacionales.

Con el patrocinio de Agua Cristal Postobón, Virginia participará, desde hoy y hasta el próximo domingo, en el Campeonato Suramericano Máster, en Maldonado, Uruguay. “He estado un poco nerviosa porque las rivales que se inscribieron tienen un gran nivel. Pero siento que me he preparado bien. Así que eso es lo que importa”, destaca.

Las edades de los nadadores máster de Colombia fluctúan entre los 33 y los 82 años, pero las categorías de este torneo en Uruguay van desde 25 años hasta el infinito. El nadador mayor del torneo tendrá 89 años. Es brasileño.

“Mi motivación es mejorar cada día. En la medida que pasan los años, los tiempos no son los mismos, pero uno trata de mantenerse en buen nivel. También me motiva reencontrarme con todos esos amigos de hace muchos años. Esto es como una gran familia”, asegura Virginia, quien no sabe hasta cuándo siga con esta pasión de la natación. “Mientras me siga sintiendo bien, sin importar los resultados, voy a seguir en una piscina”.

 

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