“Volvieron a pararle bolas al boxeo”: Íngrid Valencia

La pugilista caucana Íngrit Valencia será invitada de honor a la ceremonia de premiación, el miércoles 14 de diciembre, en el Hotel Sheraton de Bogotá.

Íngrit Lorena Valencia Victoria, primera boxeadora colombiana en unos Juegos Olímpicos.  / EFE
Íngrit Lorena Valencia Victoria, primera boxeadora colombiana en unos Juegos Olímpicos. / EFE

Aunque soñaba con ganar una medalla olímpica en Río de Janeiro 2016, Íngrit Lorena Valencia Victoria tenía claro que lo mínimo que podía hacer era devolverle al boxeo colombiano el prestigio que tuvo décadas atrás.

“Nuestro deporte estaba muy quieto en el país, casi olvidado, pero gracias a Yuberjén Martínez y a mí, a nuestras medallas, volvieron a pararle bolas al boxeo, a estar pendientes”, asegura sin modestia la bella morena nacida en Morales, Cauca, quien se subió al tercer escalón del podio en la categoría de los 51 kilogramos en las justas de Brasil, logro que le valió para ser considerada una de las candidatas al premio de Deportista del Año de El Espectador y Movistar.

A Íngrit le gustó la pelea desde que era pequeña y su familia se fue a vivir a Cali, en un barrio de invasión en el jarillón del río Cauca. “En el colegio me la pasaba peleando. Les pegaba a los niños que me la querían montar. Sentía esa adrenalina y me ganaba muchos regaños y suspensiones”, asegura con picardía, pero sin pena alguna, pues al fin y al cabo sabe perfectamente que así fue como forjó su fuerte temperamento.

Eran tantas sus ganas de pelear, que un día un amigo le propuso que se presentara a la Liga de Boxeo del Valle para tratar de aprovechar el talento que tenía. Impresionó desde la primera vez que se subió al cuadrilátero y pronto fue escogida para integrar el equipo de ese departamento.

Comenzó a obtener buenos resultados a nivel nacional, pero debió retirarse temporalmente porque quedó embarazada.

En 2010, Íngrit aceptó una invitación de la Liga de Tolima y se radicó en Ibagué, ciudad que se convirtió en su hogar y en donde vive con su esposo y entrenador, Raúl Ortiz.

“Nada fue fácil para mí, pero he demostrado que con coraje y berraquera todo se puede lograr. He sido medallista en todos los eventos en los que he participado, desde Juegos Nacionales hasta Olímpicos, pasando por Bolivarianos, Centroamericanos y Panamericanos”, asegura orgullosa y sonriente, con la misma espontaneidad de hace unos años, pero ahora con mayor experiencia frente a los micrófonos.

“En Río salimos del anonimato, pero este proceso no termina acá. Vamos a seguir dando buenos puños por Colombia”, advierte, todavía con la resaca emocional que le dejaron los Olímpicos. “Aún no tengo claro qué voy a hacer en el futuro. Vamos a decidir con cabeza fría si seguimos como aficionados o nos vamos al profesionalismo. Toca ver qué ofertas económicas llegan, porque esta es una carrera muy corta. También quiero ponerme a estudiar algo relacionado con el deporte, para tener un sustento más adelante”, señala la orgullosa madre de Johan Steven, quien según ella “ha sido el más sacrificado con toda mi carrera en el boxeo”.

Íngrit ganó dos combates en Río (primero a la centroafricana Judith Mbougnade por decisión unánime y luego a la tailandesa Peamwilai Laopeam) y demostró ser una peleadora muy técnica e inteligente.

Por eso es una de las nominadas en la categoría de mayores al premio de Deportista del Año de El Espectador y Movistar, cuya ceremonia de premiación se realizará el miércoles 14 de diciembre, a las 10:00 a.m., en las instalaciones del hotel Sheraton de la ciudad de Bogotá.

Ese día también premiaremos al Mejor Técnico, Equipo, Dirigente, Vida y obra y el más importante para este diario, el Juego Limpio Guillermo Cano.

En esta ocasión, y gracias a su gran desempeño en la temporada que ya termina, tendremos, además, la categoría Paralímpica.

Dentro de pocos días usted podrá votar por su deportista favorito en la página www.elespectador.com. El ganador recibirá el premio al más votado por internet. La lista de los nominados la encuentra en la siguiente página.