La parquedad de un ganador

El bogotano aprendió a montar la bicicleta cuando tenía un año. A los siete quiso abandonar el ciclismo, pero volvió para quedarse. Su proyecto es competir y ganar el Tour de Francia.

“Ese francés es un berraco”, le dijo Esteban Chaves a su mamá. “Pero no llore, que todo está bien”.

La llamada se cortó. Carolina Rubio apenas sabía que su hijo acababa de ganar el Tour de L’Avenir. El francés berraco era Warren Barguil, quien se había adjudicado la última etapa de la competencia, los 141,5 kilómetros disputados alrededor de Alba, un pueblito en el noroeste de Italia.

Y, sin embargo, todo era confuso. En Bogotá, la señora Rubio venía siguiendo la carrera por Señal Colombia, pero escuchó que en la radio decían que Chaves era subcampeón, que no se habían podido superar los 17 segundos. “Apagué el aparato y me dije: ‘Bueno, no es malo’, pero la alegría que esperábamos era otra”, recuerda. “Fui a terminar de ver por televisión y dijeron que tenían contacto con el técnico Luis Fernando Saldarriaga, y se comunicaron con él, que no había llegado a la meta y no sabía resultados”. Después, apenas un poco después, Saldarriaga lo gritó: ¡Esteban Chaves, campeón!

En la conversación posterior, casi tres horas luego de la victoria, Chaves le pidió a su mamá que no llorara. “A él de por sí nunca le ha gustado que uno llore”, admite la señora Rubio. “Esteban dice que es algo de la vida suya, que son momentos alegres, pero es que uno se encuentra con los sentimientos, y él no alcanza a captar eso”.

Había que llorar. Las palabras nunca alcanzan. Cuando habló con Jairo Chaves, el padre de Esteban, la emoción los desbordó a los dos. “No hablamos”, reconoce la señora Rubio. “Lloramos al tiempo”.

Cuando vio las fotos de su hijo entendió que la dicha era completa. “Debió haberse emocionado mucho”, confiesa. “Al mirar las imágenes, me digo: la sonrisa que tiene este muchacho es la real, la de ganador. Si se fija en fotos anteriores, al comienzo del Tour, se da cuenta de que es una sonrisa muy fingida, como que le toca. Pero ahí se le ve el triunfo”.

“Como dicen, no cabía entre los chiros”.

La primera caída

A Chaves siempre le inculcaron el deporte. Sin importar cuál disciplina, para los padres del bogotano era claro que la práctica deportiva era un camino a seguir. “Desde pequeño le dijimos que fuera lo que fuera, buscara ser el mejor, y que las cosas había que hacerlas con honestidad, sencillez y humildad”, rememora Rubio.

Fiel a esa convicción, el ciclista aprendió a montar cuando tenía un año. “Comprarle una bicicleta a esa edad fue un invento del papá”, sentencia Rubio. “Uno compra un triciclo, pero le trajo esa, le quitó las ruedas y de una vez arrancó”. Empezó en el bicicross. Al poco tiempo, se cayó. Dijo: no quiero esto, no me gusta. Tenía 7 años.

Tras la caída, pasó al atletismo. Con la práctica, comenzó a madurar su cuerpo y su destino. Un duatlón de ciclistas y atletas lo convenció de volver a su lugar original. Dijo: esto me gusta mucho, quiero volver al ciclismo, pero de ruta. Tenía 12 años.

La vuelta a los entrenamientos fue con el equipo Monserrate. Para esa época, cuando era un adolescente, conoció a Luis Fernando Saldarriaga, su entrenador actual. En aquel momento el técnico paisa vio cosas que prefirió reservarse.

“No lo alababa”, explica la señora Rubio.

El hermetismo con los padres de Chaves se reflejaba en respuestas parcas, casi siempre monosilábicas. “Lo acompañaba a las competencias, pero nunca nos decía muchas cosas de él. Nosotros sólo veíamos el rendimiento en los circuitos”.

La vida del bogotano pasaba por transiciones definitivas. Llegada la edad, el corredor decidió estudiar y continuar su carrera como deportista. No pudo. Las exigencias de la licenciatura en entrenamiento deportivo no eran compatibles con la bicicleta. Por esa razón decidió dejar la universidad, convencido como estaba de que el pedal, la silla y el manubrio bastaban.

La segunda caída

Chaves cayó en el Tour de L’Avenir 2010. Esa vez no quiso dejar el ciclismo. La caída sólo le costó el puesto de líder de la montaña.

La camiseta llegaría a su casa y quedaría al frente de su cama. Todas las mañanas la veía. Y decía: voy por ella. “No nos trajo esa, pero vino con la amarilla, que es más importante”, celebra la señora Rubio.

La mentalidad ganadora es inversa a sus ganas de hablar. “Ha hablado de la victoria porque le ha tocado”, suelta Rubio.

Pese a eso, en la cabeza de Chaves hay objetivos. El Tour de Francia, por ejemplo. “Él siempre ha querido participar en esa carrera y ganarla”, revela. “Creo que es el proyecto que tiene a partir de ahora”.

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