Paulo Villar no conoce los obstáculos

El atleta samario, que se graduó como abogado y tiene un posgrado en gestión pública, cree que en la capital inglesa puede hacer la mejor carrera de su vida. Sueña con llegar a la final.

Paulo César Villar es un hombre perseverante. La vida le ha enseñado a no rendirse, a dar la pelea. Por eso confía en que después de dos experiencias agridulces, en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 y Pekín 2008, los de Londres signifiquen su consagración definitiva.

“Estoy pasando por el mejor momento de mi carrera. Ganar allá va a ser muy difícil, pero creo que me puedo meter en la final. Me estoy preparando para eso”, señala el samario de 33 años, a quien la suerte no ha acompañado en las olimpiadas anteriores.

En la capital griega sorprendió al imponerse en la primera ronda, pero un mal movimiento al encarar la primera valla en las semifinales le costó la eliminación. Y en Pekín sufrió una contractura muscular en el calentamiento previo a la serie que le hubiera permitido meterse entre los ocho mejores del mundo.

“Cada vez tengo mayor ambición. En China me quedó el sinsabor, pero ahora estoy mejor que nunca: tengo que hacer la mejor carrera de mi vida”, admite Villar, a quien el deporte le ha dado todo, pues gracias a su talento ha podido conocer muchos países y convertirse en abogado.

“Iba a ver entrenar a mis hermanos mayores, William y Jimmy, pero a los 14 años decidí dedicarme de lleno al atletismo, porque vi que era una posibilidad para estudiar y salir adelante, aunque mis papás querían que jugara fútbol. Lo hice porque prefería un deporte que me permitiera desarrollarme solo, en el que no sufriera una derrota por culpa de otro, pues no me gusta depender de nadie. Prefiero luchar por mis propios objetivos y asumir las consecuencias de mis actos”, señala el menor de cinco hermanos, hijo de Arnaldo Villar y Daisy Nieto.

Después obtuvo una beca en la Universidad del Atlántico y su familia se las arregló para darle hospedaje, alimentación y transporte. “Fue duro, tocó con las uñas, pero se logró”, cuenta Pablo, quien terminó su carrera de derecho y después hizo un posgrado en gestión pública.

El deportista explica que “la actividad física en Colombia le da a uno reconocimiento, el cariño de la gente y realización personal, pero no plata, así que hay que prepararse para después del retiro”.

Sus allegados señalan que tiene todas las condiciones para ser un excelente dirigente, pues siempre le han llamado la atención el tema social y la defensa de los más necesitados. De hecho, tiene planeado incursionar en la política cuando deje las pistas, pues considera que el derecho y el atletismo le han dado una visión diferente de la sociedad y quiere ayudar a transformar el país.

“Paulo es un hombre ganador, disciplinado y optimista. Entrena muy duro y sabe para dónde va”, dice el técnico nacional Valentín Gamboa, uno de los responsables de que nuestro país tenga ya 25 atletas clasificados para Londres, la mayor representación histórica del deporte base en unos olímpicos.

En los Juegos Panamericanos de Guadalajara, el año pasado, Paulo Villar consiguió su mejor marca en los 110 metros vallas: 13 segundos y 27 centésimas, actual récord suramericano.

Mejorar ese tiempo significaría meterse en la final, aunque para aspirar a subirse al podio tendría que bajar de 13 segundos. “Hay que ser sinceros, todavía estamos lejos de los más fuertes del mundo. Aunque acá hemos progresado en todo sentido y recibimos buen apoyo, tenemos que seguir trabajando para llegar bien arriba. Nos falta mayor fogueo, más competencia, porque a este nivel cada pequeño detalle marca la diferencia”, suelta con franqueza, pero aclara que el apoyo de Coldeportes, el Comité Olímpico Colombiano y el Instituto Distrital para la Recreación y el Deporte ha sido fundamental en su exitosa carrera, que en Londres puede tener un broche dorado.