Por 'La Paz' Mundial

Tras tres fallidos intentos de clasificar a la Copa Mundo, la selección nacional arranca su sueño y el de todos los colombianos ante la difícil Bolivia.

En la mítica e indescifrable altura de La Paz, el fútbol colombiano espera iniciar esta tarde un nuevo ciclo histórico que lo reconduzca a un Campeonato Mundial. Fue allí donde empezó a gestarse aquel equipo que, conducido por Francisco Maturana y Hernán Darío Gómez, llegaría a tres Copas Mundo.

Muchos años después, con el amargo aroma de la derrota y el fracaso en las últimas participaciones, tras haber liquidado muchas esperanzas y decapitado técnicos y generaciones enteras, la tricolor confía en que la llegada de Leonel Álvarez, uno de los pupilos dilectos del tándem técnico y exjugador de esa selección de los tres torneos mundiales, sirva para recomponer la marcha y abrir la vía a una generación que ya sabe lo que es una victoria a nivel juvenil, pero también conoce las dolorosas experiencias de dos fracasos a nivel mayores en las últimas dos participaciones hacia Alemania y Sudáfrica.

La selección versión 2011 es una interesante amalgama de generaciones y edades. Sus pilares son los ya maduros y en pleno estado de gracia representantes del equipo campeón del Eje Cafetero, dirigido por Eduardo Lara, Ospina-Zúñiga-Armero-Guarín-Aguilar-Dayro-Falcao, unido a los talentos más cercanos que han salido en los últimos tres años, James-Dorlan-Sánchez y Teófilo. Para engarzar esa mezcla de juventudes se requiere la sapiencia de quienes ya han transitado por los caminos del fútbol, como Amaranto y Aquivaldo. En el secreto de la ligazón de temperamentos, preferencias, edades y cualidades está el camino del buen conductor, de quien sabe maniobrar la nave. También en la cúpula técnica se da esa mezcla entre el ímpetu juvenil del nuevo Leonel y la madurez y años del experimentado Comesaña.

La verdad del fútbol es cíclica, suelen decir los grandes técnicos que han manejado equipos históricos con títulos a granel. El español Vicente del Bosque reconoce que la actual generación del campeón mundial es única al poder juntar talentos como Xavi, Iniesta, Silva, Villa y Piqué. Joaquín Lowe, el estratega alemán, se frota las manos cuando piensa que en un futuro inmediato, Eurocopa y Mundial podrá disfrutar de la semilla germinada que dignifica la presencia de Ozil, Muller, Kroos y Goetze.

Unos se van, otros llegan
Afortunadamente los ciclos en la vida como en el fútbol no son eternos. Lo sabe bien Brasil, el más ganador de todos, que hoy intenta encontrar una generación para ganar de local el próximo Mundial, pero en cada paso, en cada zancada, persigue a los fantasmas de Rivelino, Gerson, Garrincha, Zico y Falcao, y por supuesto de O Rei.

Todos, en este camino hacia el próximo Mundial, saben que la primera fecha dejó tantos interrogantes como certidumbres. El único que no tiene preocupaciones es Colombia, sencillamente porque no jugó. Hoy, a las cinco de la tarde, cumplido el lance ante Bolivia, ya habrá motivos para preocuparse o para alegrarse. De esa primera jornada algunos salieron muy bien librados y confiados en el futuro, otros ya tienen suficientes motivos para preocuparse, como por ejemplo el Chiqui Arce, en Paraguay, y el Bichi Borghi, en Chile.

Cuando Tata Martino tomó la determinación de alejarse de la albirroja, muchos cuestionaron el momento y el fondo de la decisión. Gerardo tenía claro que aquel equipo que llevaba tres mundiales consecutivos había entrado en franca decadencia y que las figuras del pasado no tenían reemplazos ideales hoy. Afectos y trabajados a una cultura táctica de fragor, bloques cortos de presión, los paraguayos sienten que Martino exprimió como una esponja a la selección y que ésta definitivamente ya no da más. Las nuevas generaciones, como Pittoni, Robin Ramírez y Zamudio, están lejos de quienes cabalgaron en la anterior eliminatoria. Ante Uruguay, en Defensores del Chaco, el equipo de Arce tiene que demostrar si lo que pasó en Lima fue producto de un mal día o sencillamente el final de un ciclo. Esta selección paraguaya parece tan corta de ideas, tan ausente de talento, que pensar en sostener una eliminatoria a punta de empates y ceros en su puerta es toda una odisea.

El técnico de Chile, Claudio Borghi se queja de las “viudas de Bielsa” y con un desenfado terrible pretende que la afición y la prensa olviden el paso del técnico rosarino y acepten que esta es otra selección chilena, con otras condiciones técnico-tácticas y un estilo diferente. Pero, la gente austral no traga cuento y los episodios de indisciplina fuera y dentro del terreno conllevan la desconfianza y la pérdida del sentimiento de grandeza que tuvo la Roja durante la época de Bielsa. Chile fue timorato en ataque y con profundos agujeros negros en defensa, errores que ante Messi y compañía se pagan muy caro. Es cierto que ante Argentina faltó Alexis Sánchez, el jugador diferente, el que condiciona el ataque chileno, y que las lesiones se cebaron en el colectivo de Borghi, pero también es cierto que el equipo lució sin la potencia física y el derroche anímico que siempre tuvo con Bielsa. Hoy, ante Perú, los chilenos tienen la obligación de ganar para evitar que las “viudas de Bielsa” proclamen a los cuatro vientos la muerte de un ciclo que nació y murió con la llegada y el alejamiento del entrenador argentino.

La continuidad uruguaya
La muñeca sabia del Maestro Tabárez tiene al campeón de América viviendo un grato momento con su cuarto puesto en el Mundial y su reciente triunfo en la Copa América. Es una generación maravillosa, donde se combina la fuerza y la potencia física en defensa y mediocampo con el talento y los goles de el tridente ofensivo que encabezan Forlán, Cavani y Luis Suárez. Además, está el trabajo táctico de las pelotas quietas, los goles a balón parado, los movimientos defensivos y la versatilidad del módulo que fácilmente se convierte del 3-4-3 al 4-4-2 con todas las variantes. Es cierto, para ganarle a Bolivia no se requiere mucho, dirán algunos, pero la forma en que lo hicieron, con orden y categoría, le dan a Uruguay el rótulo de mejor equipo del continente por encima de Brasil y Argentina. Esa camada todavía tiene mucho por exponer y por ganar.

A Sabella le entregaron un diamante en bruto porque no de otra forma puede catalogarse un equipo que tiene jugadores como Messi, Higuaín, Mascherano y Di María. Sabella no quiere equivocarse como sus antecesores Maradona y Batista confiando todo al recurso final que significa tener al mejor del mundo en sus filas. A ese diamante hay que pulirlo, limarlo, tallarlo y montarlo bien para que luzca. Darle acompañamiento y funcionamiento colectivo. Por ahora, ante Chile esta Argentina lució más solidaria en defensa, más racional en el manejo de los espacios y mucho más concluyente en la puntada final, gracias al martillo de Higuaín para remachar lo que inventaron Di María y Messi. La Argentina de Sabella será menos vistosa, pero más eficaz. Y encima de todo está Messi. Y eso es mucho.

Cómo luce Perú
Los peruanos siempre han tenido buenos jugadores de fútbol, intuitivos, hábiles, gambeteadores, amigos de la pelota. Los incas caminan por el mismo sendero de los argentinos: ponerle orden y táctica a todo ese arsenal individual. Y contra Paraguay jugaron muy bien y ganaron en forma concluyente, precisa y espectacular. Inclusive, quedó la sensación de que faltaron goles en la producción inca. El secreto lo tiene Markarián, el viejo zorro uruguayo que conoce al dedillo cómo y por dónde llegar al éxito. Todo el talento de sus cuatro fantásticos: Farfán-Vargas-Pizarro-Guerrero, tienen ahora el soporte de una estructura táctica donde Balbin y Cruzado se revientan quitando pelotas con un orden que no parece peruano. Al talento le han agregado sacrificio y generosidad. Ante Chile, de visitantes, los peruanos tienen que ratificar los méritos mostrados ante Paraguay y demostrar que el legado táctico de Markarián no es flor de un día.

Y Colombia
Jugar en La Paz es complicado y exige recaudos diferentes a los normales. Lo saben los jugadores colombianos, jóvenes y veteranos, y lo tiene claro el técnico Leonel Álvarez. Actuar con prudencia y tomando precauciones es de inteligentes. Arriesgarse en ataques desenfrenados, abriendo líneas y regalando espacios, es una invitación a una goleada.

Bolivia no es el mejor equipo del continente y en condiciones normales Colombia debería ganarle, pero el juego es allá arriba y eso tiene que cambiar la forma de verlo y presentarlo. Finalmente, Álvarez apostó al ya conocido 4-1-4-1, con un volante tapón y dos volantes mixtos, Aguilar y Guarín, y con jugadores jóvenes y livianitos como Dorlan y Rodríguez por las bandas para intentar el ida y vuelta.

Preferir a Teófilo sobre Falcao sería preocupante. Hacerlo para encarar el juego de La Paz puede tener sus razones de orden táctico. Más llegada colectiva, más toque generoso, más manejo de los espacios. Es una decisión del técnico Álvarez y debe ser respetada, sabiendo que el resultado juzgará si fue acertada o errada. Teófilo o Falcao no puede convertirse en una guerra regional o en la primera batalla dialéctica de un equipo que requiere solidaridad para llegar a la meta de volver al Mundial.