Por: Antonio Casale

Pintar la estrella

El torneo colombiano está diseñado para hacer hasta lo imposible para que el mejor no lo gane. Los equipos chicos, que suman más votos a la hora de tomar decisiones, son los que unen fuerzas para aprobar el sistema. Su intención no es quedar campeones sino entrar de octavos a los cuadrangulares y pescar alguna clasificación a torneos internacionales. En una de esas, además, pueden aprovechar algún resbalón de los grandes y meterse a jugar la final. 

Por eso en Colombia una cosa es ser campeón y otra es ser el mejor. Que Millonarios termine dando la vuelta olímpica será el resultado de una serie de factores en los que lo único que está al alcance es gestionar la posibilidad de superar situaciones que nada tienen que ver con la normalidad deportiva. Tener que jugar en Santa Marta bajo el calor de las cuatro de la tarde porque no hay luz en el estadio, no contar con su mejor hombre en los juegos definitivos, el arquero Faríñez, porque no pensaron en que los mejores del campeonato a estas alturas tienen que estar concentrados con sus selecciones para la Copa América, tener que jugar en Bogotá el partido clave para clasificar a la final un miércoles a las 3:00 p.m., haciendo casi imposible contar con el apoyo masivo de su público, fundamental para marcar diferencias porque el Pasto no puede jugar de noche, porque su estadio provisional en Ipiales tampoco tiene luz y los dos partidos se tienen que jugar simultáneamente por el fair play son solamente algunos de los escollos que en una liga profesional seria no se deberían presentar. Por eso es que antes de que se sepa el nombre del campeón, es menester reconocer al mejor.

Millonarios comenzó por elegir bien al entrenador. Jorge Luis Pinto, por mucho, es el técnico más exitoso de la historia de Colombia. Sus cuartos de final en Brasil 2014 con Costa Rica, superando a Inglaterra, Italia, Uruguay y Grecia antes de quedar por fuera desde el punto penal contra Holanda, son la síntesis de una carrera larga, disciplinada y permanente innovadora. Después seleccionó bien a los refuerzos. El trabajo de oficina a punta de la validación de hechos por medio de la data dio como resultado la contratación de Felipe Jaramillo y Fabián González Lasso. Sus nombres no le decían nada a la hinchada cuando los presentaron, pero sus números, analizados correctamente, permitían saber con certeza dentro del equipo que el margen de error era reducido. La consecuencia no podía ser otra que un equipo tácticamente muy superior a sus rivales con muchas variantes tanto con la pelota como sin ella. Es fácil ver jugadores azules ocupando varias posiciones en el campo a lo largo del juego, no hay suplentes porque el que entra sabe perfectamente su función en el campo, defensivamente es muy difícil hacerle daño, todos hacen goles. En fin, no hay lugar al menor atisbo de duda: Millonarios es el mejor del campeonato.

Ahora hay que pintar una nueva estrella en el escudo. Falta superar los escollos extrafutbolísticos más difíciles, rubricar la clasificación a la final y volver a empezar de cero en esa instancia. Sería lo justo.

864037

2019-06-03T06:00:00-05:00

column

2019-06-03T06:00:01-05:00

lordonez1_958

none

Pintar la estrella

18

3195

3213

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Antonio Casale

Toma de decisiones

Colombia panamericana

El enemigo de James

Más que fútbol

El tamaño real