Por: Jorge Tovar

A propósito del coronavirus

El coronavirus, ese bicho del que ahora leemos todos los días, está haciendo tambalear la economía mundial. Alguno, leí por ahí, hablaba de un sentido democrático del virus. La realidad es menos poética, y por ahora el coronavirus castiga más el desarrollo chino y a la Italia rica del norte. El deporte, rico y pobre, también sufre por igual.

Al momento de escribir estas líneas, valga aclarar porque la información y las decisiones de política fluyen con rapidez, el gobierno italiano ha determinado aislar el norte de Italia. Son 16 millones de personas, con Milán en el centro de la crisis. El fútbol, la Serie A, por el momento ha decidido no seguir el camino del cine, teatros y similares: habrá fútbol a puerta cerrada. Mientras la Asociación de Futbolistas Italianos reclama a gritos parar el fútbol, la Federación anuncia que si un jugador enferma no “pueden descartar la suspensión”.

En España, donde la situación por ahora no es tan caótica como en Italia, no se plantea cancelar el fútbol, aunque sí jugarlo a puerta cerrada. La prensa deportiva española, tan particular y sectaria, inmediatamente analizó a quién beneficiaría una liga sin público en los estadios. No pude pasar del titular.

En Francia, con sus aproximadamente 900 casos, sí postergaron el Estrasburgo vs. PSG por ser susceptible de propagar el virus. La UEFA ha anunciado que varios encuentros se jugarán a puerta cerrada, mientras que la medida más jocosa, por no decir ridícula, se tomó en Inglaterra. Allá, donde dan ejemplo de tanto para el mundo del fútbol, decidieron que los jugadores no se saluden con la mano. Si no fuera porque está en todas las pantallas del mundo, creería uno que en aquel fútbol no se tocan, no sudan, ni se hablan entre sí a lo largo de noventa minutos. Ello suponiendo, además, que no haya un miembro del club del propio equipo con el virus.

Los chinos, vale la pena recordar, suspendieron el fútbol hace varias semanas, pero se ha programado reanudar la liga el 9 de marzo con ciertas restricciones.

En general el coronavirus ha afectado actividades tan extrañas como el Campeonato Internacional Europeo de Pokémon, que se suspendió, hasta llevar a Japón a plantearse la suspensión de los Juegos Olímpicos que se deben celebrar este verano en Tokio.

Si bien la calma debe reinar sobre la paranoia, el caso italiano me llama la atención por la poca sensibilidad de un deporte que durante más de un siglo ha entendido que sus raíces están en la sociedad que representan. Entiendo, por supuesto, que el dinero es un factor determinante, pero cuando una región se cierra, abrir un estadio a puerta cerrada implica que se debe mover más gente además de los 25 jugadores por equipo, sus entrenadores y los árbitros. ¿Van a aislar también al chofer del bus? ¿El recogepelotas (¿jugarán sin ellos?) ¿Y la gente de la transmisión de TV? La solidaridad debe primar.

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2020-03-09T06:00:00-05:00

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