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Punto de quiebre

La falta de figuras carismáticas y una número uno del mundo que no ha ganado ni un título de Grand Slam, ponen al desnudo el verdadero nivel de las damas. Los casos abundan.

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El País-Redacción Deportiva
05 de septiembre de 2009 - 08:59 p. m.
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Mientras el tenis masculino se deleita al máximo con las grandes batallas deportivas entre el suizo Roger Federer y el español Rafael Nadal, el femenino cada día pierde más su picante con números uno de papel que se debaten entre las inseguridades y las pataletas por su malos resultados.

La primera gran perla que confirma esta tesis es la rusa Dinara Safina, quien siendo la número uno del escalafón de la WTA, no ha ganado ni un torneo de Grand Slam. Y este año, al perder la final del Abierto de Australia ante la estadounidense Serena Williams por un contundente 6-0 y 6-3, armó un show, digno de olvidar para los amantes del tenis.

En rebeldía por esta situación, Serena, la menor de las hermanas Williams, quien ha conquistado once títulos de los grandes, luce por estos días en el Abierto de Estados Unidos una camiseta ajustada en la que dice: “¿Are you looking at my titles?” (¿Me estás mirando los títulos?), justo sobre sus pechos.

No es una casualidad. La número dos mundial acaba de ganar Wimbledon, ha conquistado tres de los últimos cuatro Grand Slam y quiere dejar claro que puede que Dinara Safina sea la uno, pero la mejor es ella. Su afirmación, sin embargo, es un síntoma más de la crisis que pudre el tenis femenino. En un año y medio ha habido cinco números uno y ocho cambios en el puesto. Faltan jugadoras con capacidad, íconos que compitan la temporada completa. Y eso empieza a afectar el negocio: en Estados Unidos, el gran mercado, hubo dos millones y medio más de espectadores viendo la final masculina de Wimbledon que la femenina.

“En el tenis femenino hay más debilidad, un nivel más flojo, menos sólido, que el que había antes”, argumenta Antonio van Grichen, el entrenador de Victoria Azarenka, la número nueve, una que tiene personalidad, que grita, muerde y araña; una que se siente fuerte, que promete batallas y encuentros épicos, lo que piden los espectadores.

Safina no pide disculpas por estar en lo más alto del escalafón, ya que llegó allí con una consistencia de grandes resultados durante una temporada larga y rigurosa. Este año, la rusa de 23 años ganó tres títulos, perdió en las finales del Abierto de Australia y Wimbledon y alcanzó a las semifinales en Roland Garros. “Yo no hago el sistema del escalafón. Yo soy la número uno como resultado de la forma en que he jugado todo el año, no solamente en los cuatro torneos del Grand Slam”, le dijo Safina a Reuters.

Pero hay más síntomas que explican la crisis de fe que viven el tenis femenino. La belga Clijsters, campeona en Nueva York en 2005, regresó a las canchas después de dos años de retiro para atender su maternidad y ya es nuevamente figura. En sus dos primeros torneos ha ganado a la número 20, a la nueve y a la seis. ¿Cómo es eso posible si sólo lleva ocho partidos? “Pues porque todo tiene que ver con la cabeza”, insiste Van Grichen; “Venus o Serena siguen arriba porque la parte mental la tienen muy fuerte, estable. El resto, cuando juega contra Clijsters, por ejemplo, se presiona. Saben que es muy buena”.

Para colmos...

Para rematar el oscuro panorama, esta semana la ex número uno del mundo, la serbia Ana Ivanovic, no resistió el dolor de quedar eliminada en la primera ronda del Abierto de Estados Unidos y anunció su retiro temporal de las canchas.

“Voy a separarme del mundo del tenis por un rato para luego volver al sendero del triunfo. Hace años que no tengo unas vacaciones verdaderas, así que apenas puedo esperar para desconectarme del tenis un poco. Creo que me ayudará a volver al sendero del éxito”, le dijo  EFE la actual número once del escalafón mundial.

Hace exactamente un año, Ivanovic ocupaba la plaza número uno mundial, pero todo le empezó a ir mal tras ser eliminada del pasado abierto estadounidense en la segunda ronda. Su mayor éxito fue su victoria en el Roland Garros en mayo del año pasado.

Un triste panorama que definitivamente tiene al tenis femenino a un punto de quiebre.

Una número uno de verdad, verdad

La alemana Steffi Graf, retirada de la actividad profesional hace 10 años, es un buen ejemplo de lo que debe ser una número uno del escalafón mundial. Ella ocupó tal posición el 17 de agosto de 1981 y permaneció allí hasta el 10 de marzo de 1991, es decir, 186 semanas consecutivas, un récord aún no batido por nadie. En total, estuvo en la cima durante 377 semanas.

Pero, además, Steffi, la actual esposa del también ex tenista Andre Agassi, tiene la marca de mayor número de título de Grand Slam ganados con un total de 22. En 1988 se convirtió en la primera mujer —y hasta ahora la única— en ganar ese mismo año el Abierto de Australia, el Roland Garros, el Abierto de Estados Unidos y la medalla de oro olímpica. En sus 17 años, en el circuito profesional, se llevó 107 títulos. Entre junio de 1989 y mayo de 1990 conquistó 68 victorias seguidas, lo que constituyó la segunda mejor racha de la historia, superada sólo por Martina Navratilova en 1984, con 73 triunfos.

La gran Martina Navratilova

Martina Navratilova, hoy con 52 años de edad y quien hace poco regresó a las canchas a jugar algunos partidos de dobles y dobles mixto, ganó a lo largo de sus 20 temporadas como profesional del circuito de la WTA 18 títulos de Grand Slam. En total, se llevó 163 campeonatos. También se destacó por lograr 31 coronas de los torneos ‘grandes’ en la modalidad de parejas.

La checa, nacionalizada estadounidense, permaneció durante 331 semanas como la número uno del mundo.

Martina se retiró con un récord de 1.440 partidos ganados y sólo 213 perdidos.

Por El País-Redacción Deportiva

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