La recompensa pastusa

Los nariñenses pasaron de sufrir un polémico descenso en 2009 a disputar una final, seis meses luego del ascenso. El fútbol les debía una.

El tiquete de finalista es una recompensa, antes que nada, para los nariñenses hinchas del Deportivo Pasto, porque su historia en el fútbol, desde que se empezó a escribirse en 1949, ha tenido un tono dramático. El fútbol le debía una al Pasto desde el segundo semestre de 2009, ése que fue subcampeón de Copa Colombia y que se quedó por fuera de los cuadrangulares y sentenció el descenso por una decisión de escritorio. Pero sobre todo le debía una recompensa a la ciudad, que además ha padecido los estigmas de los rivales por la incomodidad de visitar esa plaza.

“Pasto es una ciudad alejada del resto de Colombia y así lo sienten sus habitantes, que socialmente parecieran estar relegados y burlados por los chistes”, dice Óscar Héctor Quintabani, DT campeón con el equipo en 2006. “Las horas de viaje hasta allá, el aeropuerto que se cierra y abre todo el día por el clima. Todo eso hace que a los otros equipos les moleste jugar allí”, añade el estratega colombo-argentino, que ahora dirige al Cúcuta Deportivo.

A esos estigmas se suma que la hinchada pastusa ha tenido que sufrir —según sienten directivos, aficionados y periodistas pastusos— injusticias premeditadas en el fútbol. Hechos desafortunados como los que aportaron a que el equipo descendiera, luego de que la comisión disciplinaria le restara tres puntos porque en un juego entre Pasto-Cartagena, en un duelo directo por el descenso y que ganaba el equipo nariñense faltando minutos para el final, alguien de la tribuna lanzó un objeto al línea Alejandro Gallego.

Según el árbitro Óscar Julián Ruiz el objeto era una botella y la decisión de quitarle los puntos al Pasto salvó definitivamente al Cartagena de descender.

“Eso fue una injusticia. El cuerpo médico que atendió a Gallego dijo que no tenía ni un rasguño. Además Óscar Julián afirmó que había sido una botella. Y no: fue una bolsa de agua de panela que lanzó un niño desde el sector nororiental. En Pasto creemos que hubo una mafia para perjudicar al equipo, porque a pocos les gusta venir a Pasto, por todos los factores externos ya mencionados”, asevera Hernán Insuastí González, periodista del Diario del Sur que cubrió ese hecho.

Al margen de lo injusto o no, lo cierto es que Pasto regresó adonde siempre tuvo que estar, porque en la Primera A, al menos en los últimos años, siempre fue protagonista, por participaciones en Libertadores y finales como la de 2002 contra Medellín.

“Esta es una plaza futbolera —asegura el capitán del Pasto, el antioqueño Carlos Giraldo— que nunca debió irse de la A. Todos los fines de semana hay un promedio de asistencia muy bueno en el estadio y el equipo siempre dio pelea. Esta gente se merece el título y lo vamos a lograr por ellos”.

Los nariñenses esperan no volverse a ver involucrados en decisiones de escritorio ni en estigmas por la ciudad. Por lo demás, Pasto es un finalista merecedor, por su fútbol y por la plaza histórica que tienen.