“¿Rendirme? Jamás”: Luis Javier Mosquera

El pesista colombiano superó una operación de hernia discal siete meses antes de los Juegos Olímpicos y, a pesar de las dificultades que tuvo que superar, ganó la medalla de bronce.

El pesista Luis Javier Mosquera, uno de los premiados en la ceremonia del Deportista del Año. / El Espectador
El pesista Luis Javier Mosquera, uno de los premiados en la ceremonia del Deportista del Año. / El Espectador

Una inhalación profunda, seguida de una exhalación fuerte. Luis Javier Mosquera dejó de lado los miedos, los dolores, las presiones y se concentró en los 190 kilos en la modalidad de envión que tenía que levantar para no perder la medalla de bronce con Izzat Artykov de Kirguistán en la categoría de 69 kilogramos. “Estaba haciendo esas marcas en los entrenamientos”, señala. Era un momento de oro para el nacido en Yumbo (Valle) el 27 de marzo de 1995. Un instante con el que soñaba desde los 13 años. En ese momento todo quedó de lado. Como siempre lo repite: “Me concentro en el instante”.

Así fue. Se enfocó en el momento. En su cabeza sólo se proyecta el siguiente paso, la técnica aprendida durante trece años de entrenamiento. Después del levantamiento, son tres segundos en los que sus brazos extendidos tienen que soportar arrobas. Así que llevó las pesas a su pecho, respiró de nuevo, y cuando intentó mantener ese peso por encima de su cabeza no lo logró. El último intento en Río de Janeiro para buscar la medalla de bronce; estaba zarandeándose en el piso por la violencia del impacto. Artykov, quien había levantado 188 kilogramos en envión y 151 en arranque, quiso finalizar con un récord personal, con un intento de 196 kilogramos, pero no pudo. Fue un total de 339 kilogramos los que levantó, uno más que el colombiano. Días después se conoció que el deportista de Kirguistán había dado positivo en una prueba de dopaje por estricnina. La medalla le fue retirada y el tercer puesto quedó en manos del vallecaucano.

Como parece ser innato en Luis Javier Mosquera, recibió con alegría esa noticia. Él siempre vive con una sonrisa en la cara y dispuesto a todo. “Me preparé mucho para lograr una medalla”, dice. Pero lejos de todo lo ocurrido, este pesista vivió momentos difíciles, previamente a su participación en los Olímpicos. Desde 2013, en un entrenamiento con la selección de Colombia juvenil, sufrió una hernia discal, que se le agudizó después de los Juegos Panamericanos de Toronto 2015. En ese momento se supo que había que buscar la manera de arreglar la lesión. “Estábamos muy asustados porque no sabían si operarme o no, no sabíamos qué iba a pasar. Pasaron cuatro meses (octubre, noviembre, diciembre y enero) en los que no ocurría nada. Hasta que en febrero me pusieron cita, aunque faltaban sólo seis meses para los Juegos Olímpicos”.

Esa situación lo atemorizó. Estuvo tres meses quieto después de la cirugía, no pudo entrenar. A finales de abril comenzó la preparación para las justas. “Prácticamente tuve tres meses de preparación para los juegos y sólo pude entrenar bien por un mes, debido a que tuve muchos problemas. Empecé como si fuera alguien nuevo en esto: con palitos y varitas. Fue difícil porque entrenaba un día y paraba una semana, fue un proceso muy accidentado, pero logré sacarlo adelante. Esto me dejó muchas enseñanzas, sobre todo el no rendirme nunca”, cuenta el vallecaucano, y también afirma que quiere ser uno de los mejores pesistas en la historia de Colombia: “Quiero ser recordado por mis logros”.

¿Por qué el gusto por las pesas?

El barrio Guacanda, en Yumbo (Valle del Cauca), fue donde Luis Javier Mosquera dio sus primeros pasos, donde hizo sus primeras travesuras, donde tuvo sus primeras peleas. Fue allí donde creció y, a pesar de las dificultades económicas, siempre disfrutó de cada momento. Aprender a querer lo que tiene lo ha convertido en un hombre feliz, bromista y de buen humor. No se complica por nada. Siempre ha sido así. Se caracteriza por ser extrovertido y casi siempre se llevaba los regaños de su mamá Darly Lozano. A pesar de esto, siempre fue muy disciplinado y el deporte movía cada parte de su ser.

A los ocho años siguió los pasos de sus hermanos José y John Jairo, quienes practicaban levantamiento de pesas. Pero sus entrenamientos eran los lunes, miércoles y viernes, así que los martes y los jueves los utilizó para jugar fútbol, su otra afición. “Era un gran volante”, dice. Pero también intentó el patinaje y la lucha. No obstante, estos dos últimos se los prohibieron. Rápidamente dejó ver su disciplina en el levantamiento de pesas. A los nueve años ganó un campeonato departamental en el Valle. “Quedé campeón con tres medallas y me gané $600.000, que en ese entonces eran para mí como mil millones. Ahí me di cuenta de que esto era lo mío”, explica con una sonrisa.

Su carrera fue en auge. Con 12 años ya era campeón nacional y a los 13 años campeón suramericano y panamericano. Fue entonces cuando la idea de una medalla olímpica empezó a rondarle por la cabeza: “De mi municipio tenía que salir un medallista olímpico”. Desde entonces todo lo hace para realizar este sueño. Trabaja día y noche para esto y tiene una rutina muy exigente para lograrlo: “Me levanto a las siete de la mañana, me tomo una proteína, a las 10:30 a.m. comienzo entrenamientos, como hasta la 1:00 p.m. Almuerzo, descanso y vuelvo al gimnasio dos horas”. Esto lo ha llevado a brillar internacionalmente y fue por esa persistencia y disciplina que en 2015 fue escogido como la Revelación del Año en el Deportista del Año de El Espectador y en 2016 fue premiado como uno de los mejores deportistas.

“Con disciplina, perseverancia y motivación se convertirá en uno de los mejores en este deporte”, fue el consejo del entrenador de Luis Javier Mosquera, John Jairo Ibargüen, para que nunca desistiera.